—Listo —dije para mí apenas terminé con todos los pendientes. Ahora solo debía preocuparme por mañana.
Tomé mi celular y llamé a Ethan. Al segundo tono respondió.
—¿Qué pasa, chica fotógrafa? —dijo apenas contestó—. ¿Lista para conocer al resto?
—De hecho, por eso te llamo —continué—. ¿Los puedo ver en el restaurante que está a dos calles de su edificio en veinte minutos? Voy saliendo del trabajo —tomé mi bolso.
—Muy bien, ahí nos vemos.
Salí de la oficina y, detrás de mí, avanzaban los chicos que acababan de salir del ascensor.
—Excelente, ya voy para allá —colgué la llamada.
—¿Ya te vas, Jade? —preguntó Martin, emparejándose a mi paso.
—Así es, iré a ver a… —me detuve un segundo, ¿Strippers? — unos amigos de Arizona —sonreí, completando mi relato.
—Me gustaría conocerlos. ¿Por qué no los invitas a comer con nosotros y así sabemos un poco más de ti?
Me detuve y giré, nerviosa, hacia el resto, que apoyaba la idea, a excepción de Mason, que ni siquiera me miraba.
—Creo que tendrá que ser después, chicos, lo siento. Debo verlos por trabajo, pero ya después se los presentaré —di una media sonrisa—. Los veo mañana, ¿sí?
—Claro, Jade, no te preocupes —continuó Logan—. Hasta mañana.
Sonreí y avancé rápido hacia mi auto.
—Espera, Jade.
Me giré. Mason. Se acercó hasta donde yo había avanzado.
—Christian pidió que lo llamaras —dijo sin expresión alguna.
Solo asentí.
—Bien, gracias.
Me miró un momento, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo. En cambio, dio media vuelta y avanzó con el resto, que ya subía a su auto.
Subí al mío y conduje hasta el lugar donde cité a los strippers.
Busqué entre las mesas; aún no llegaban. Tomé asiento en una de ellas mientras los esperaba.
A los dos minutos vi a los cuatro chicos entrar. Era extraño pensar que eran strippers viéndolos ahora.
Ethan buscaba entre las mesas y, al dar con la mía, señaló el camino. Me levanté de mi asiento.
—Pero miren qué diferencia hay aquí —dije cuando todos estuvieron frente a mí.
—No hay diferencia —habló quien parecía ser el policía uno—. Seguimos siendo sexis —sonrió burlón.
Solo reí.
—Antes que nada, debemos presentarnos —dijo otro. Estaba segura de que era el que besó a Kate, el policía tres—. Yo soy Ned —sonrió.
—Bueno, quería hacerlo más emocionante, pero ahí va —se encogió de hombros el que debía ser el policía cuatro—. Yo soy Dylan.
Estiró su mano y respondí el gesto, estrechándola.
—Yo soy Oliver —hizo lo mismo que Dylan—. Supongo que este chico ya se ha presentado muy bien, ¿no? —me miró burlón, señalando a Ethan, que abrió más los ojos—. No ha parado de hablar de ti.
Se sentó en una de las sillas y Ethan le dio un golpe en la cabeza, del que se quejó.
—¿Ah, sí? —sonreí y miré de reojo a Ethan, que ya se veía incómodo, pero aun así tomó asiento junto al resto—. Estoy muy intrigada. ¿Qué te contó? —me la debía.
—Ha dicho que tu casa es muy linda y que tienes un perro muy gracioso.
Volví a mirarlo. Ethan parecía suplicarle en silencio.
—Pero no paraba de hablar sobre que eres…
—¿Ya ordenaste? —interrumpió Ethan, provocando la carcajada del resto. Excepto la mía. Yo de verdad quería saber qué había dicho sobre mí.
—No.
Llamé a la chica que se encontraba más cerca y comenzó a tomar los pedidos de todos. Esperé a que se dirigiera a la cocina y volví a cuestionar.
—Y bueno, ¿en qué estábamos? —pregunté de nuevo—. Según Ethan, ¿qué soy yo?
Miré al resto, esperando que alguien se animara a hablar.
—No es nada. Dije que eres… —pareció pensarlo— ¡una muy buena fotógrafa! Sí, eso les conté, ¿o no?
Miró al resto, que aguantaba la risa para después asentir.
Estos chicos estaban mintiendo, ya me enteraré después.
—Bueno —dije, no tan convencida—. Entonces, hablemos sobre mañana. ¿Creen poder vernos antes de lo dicho?
—¿Antes de las seis? —preguntó Dylan—. No veo problema. En realidad, no tenemos nada pensado antes.
Todos lo apoyaron. Solté el aire acumulado y agradecí internamente que no se negaran.
—Perfecto —sonreí—. La ubicación ya se la hice llegar a Ethan. Cuando ustedes lleguen, yo ya estaré ahí.
Asintieron.
—Aclarado eso —continuó Ned—, cuéntanos de ti, Jade.
Fruncí el ceño.
—Vamos, estoy seguro de que no llegas a una ciudad como esta solo porque sí.
Asentí.
—Fácil, el trabajo. Una vez que conocí la ciudad y me adapté a ella, ya no pude irme —me encogí de hombros, esa siempre era mi respuesta comodín a esa pregunta—. Pero creo que eso no es tan interesante —miré a Ethan—. ¿A qué se dedican ustedes? Claro, después de ser strippers, me refiero.
Los miré y todos se observaron entre sí, como buscando quién respondería.
—Estás por ser la primera y única persona en saber esto —dijo Ned—. Supongo que te lo ganaste ahora que aceptaste la sesión —soltó una pequeña risa.
—No somos solo chicos dedicados al baile —habló Ethan, acomodándose en su asiento, le salía increíble su papel de actor, estaba segura que si los chicos se enteraban que ya lo sabía... de alguna forma se la cobrarían.
—Por la noche bailamos y demás, pero por el día… —continuó Oliver— somos abogados.
Abrí los ojos, sorprendida. También exigía un premio por mi actuación.
—¿Abogados? —pregunté de nuevo.
—Si lo buscas, los mejores de Arizona —dijo Dylan—. Al menos yo no he perdido ningún caso.
Guiñó un ojo y reí.
—Ahora quiero saberlo todo —apoyé mis codos en la mesa.
Todos rieron, pero no se negaron.
Era mucha información: amigos desde pequeños, Ethan, heredero al frente del despacho, y a como todo sonaba, con bastante dinero, pues hasta lo que entendí, sus familias son bastante influyentes. Nadie sabe de su trabajo secreto. Ellos solo se divierten por las noches, si alguien se enterara arriesgarían las apariencias del despacho, por lo que perderían clientes, socios, inversiones... y claro, eso no debe suceder.
Editado: 31.01.2026