Llegó el día. Había despertado más temprano de lo normal; era importante y quería estar un poco más arreglada de lo habitual. El verdadero reto era que el outfit fuera lo suficientemente cómodo como para moverme entre ambos eventos sin necesidad de ir a cambiarme.
Me di un baño y, al salir, comencé a buscar entre mi ropa. Me decidí por unos shorts de mezclilla y una blusa sin mangas con encaje color guinda. Encima, una chamarra grande de mezclilla. Completé el look con unas botas negras de tacón bajo.
Cuando mi cabello estuvo seco, lo ricé ligeramente y me maquillé.
Estaba lista. Serví el plato de Thor y preparé mi desayuno.
Me sentía nerviosa; quería que todo saliera bien. Había cosas que no dependían de mí, pero aun así sentía el peso de la responsabilidad como si lo hicieran. Tomé un bolso más pequeño con solo lo necesario para el día; el resto se quedaría en el auto, por si acaso.
Salí despidiéndome de Thor y conduje hasta la disquera. Cuando llegué, los chicos ya estaban en la entrada.
—Wow —dijo Martin, y todos miraron hacia mí—. ¡Jade, estás hermosa!
Me sonrojé ante el comentario, pero agradecí con una sonrisa.
—Alguien nos va a robar el show esta noche —bromeó Frank, pasando su brazo por mi hombro—. ¿Estás emocionada?
—Emocionada y muy apurada —respondí entre risas—. Tengo mucho que hacer.
—Estamos esperando a que llegue Christian para ir a probar el sonido. ¿Vienes? —preguntó Logan.
—Los alcanzo más tarde. Primero debo pasar por las videocámaras —asintió—. Nos vemos luego; debo entregarle esto a Fred.
Señalé una pequeña memoria USB. Ahí estaban todas las animaciones de video que Fred se encargaría de proyectar.
—Fred también viene con nosotros —continuó Nathan—. De hecho, ahí viene.
Señaló con la cabeza y me giré.
—Pero, ¡qué están viendo mis ojos! —dijo Fred—. Estás bellísima.
Rodé los ojos, sonriendo, mientras tomaba mi mano y me hacía girar.
—Bueno, Christian está afuera. ¿Podemos salir ya o alguien más quiere hacer un comentario? —habló Mason… o más bien se quejó.
Era el único que no había dicho nada desde que llegué. Y, para ser honesta, era del único de quien quería escuchar algo… pero no eso.
—Mason… —empezó Logan.
—Está bien —me apresuré a decir—. No pasa nada.
No quería verlos discutir, y menos hoy.
—Fred —me giré hacia él—, aquí están las animaciones.
Le entregué la memoria y asintió.
—Ahora sí —miré a todos—. Suerte en el ensayo.
Sonreí y, por un segundo, miré a Mason. Luego me giré y caminé de vuelta a mi oficina.
En serio debía darme prisa.
Busqué entre los archivos las fotos faltantes para subir. Apenas terminé, tomé de nuevo mi bolso y fui por el equipo.
Todo iba en tiempo. Nada podía salir mal.
Ya estaba llegando al lugar donde se presentarían cuando escuché un click al apagar el auto. Lo ignoré.
Al entrar, llamé a Fred para que me ayudara a bajar las cosas.
—Bien, ¿es todo? —preguntó cuando bajó la última videocámara.
—Eh… sí, ya es todo —revisé el interior del auto—. Gracias por la ayuda.
—No es nada —se encogió de hombros—. Vamos adentro.
Ya se escuchaba a los chicos ensayar. Mis piernas comenzaron a temblar por los nervios. Jamás había hecho algo de tal producción, ni siquiera cuando estaba en Arizona.
Comencé a instalar y dejar todo en posición. Era un show completamente cubierto. Subí a la cabina para tomar el mejor punto; había muchos botones ahí, entre ellos un micrófono para que ellos me escucharan. Lo presioné.
—Chicos.
Todos miraron hacia arriba.
—¿Dios? —preguntó Martin.
Frank soltó una carcajada y Logan señaló la cabina para que Martin entendiera.
—Necesito tenerlos en su posición del show —les indiqué.
Asintieron y tomaron su lugar.
Acomodé las cámaras: una al centro, tomándolos de cerca, y las otras a cada lado. Hice una prueba con las tarjetas de video. Todo estaba perfecto.
—Listo —hablé por el micrófono—. Todo está instalado.
Bajé de la cabina. Ahora Fred probaba las animaciones; todo encajaba a la perfección. Una cámara de video seguía grabando; esa sería para el detrás de cámaras.
Debía ir ahora a la casa de los strippers. Las luces ya estaban ahí, pero aún tenía que colocar las cámaras.
Encendí el auto. No prendió. Lo intenté de nuevo. Nada.
Estaba muerto.
—Hoy no —susurré, apoyando la cabeza en el volante.
No había tiempo para entrar en pánico. Saqué mi teléfono y pedí un taxi.
Cuando llegó, bajé las cámaras y subí con ellas, indicándole el camino.
Nada iba a retrasarme. Menos hoy.
Cuando por fin llegué, pagué y salí con todo entre mis brazos. Al menos tenía las llaves de la casa.
Era enorme. Si no era la casa más grande en la que había estado, al menos estaba entre las primeras.
Coloqué las cámaras en los escenarios que tenía en mente y luego me dediqué a esperar a los chicos.
Justo a la hora, tocaron el timbre. Fui a abrirles.
—Esta casa es enorme —dijo Oliver—. ¿Es tuya o algo?
Acomodó la gran mochila que cargaba.
—Ni de broma —respondí, mirando de nuevo la casa—. La conseguí por un amigo.
Pensé en Fred. ¿Qué estarían haciendo ahora?
—¿Te parece bien si ya empezamos? —preguntó Ethan.
Asentí, eufórica.
—¿Dónde nos cambiamos? —preguntó Dylan, quitándose la playera como si nada y esperando mi respuesta.
—Hay un cuarto justo al fondo, ahí está todo lo necesario para que se arreglen —señalé el lugar.
—Yo no veo el problema de cambiarnos aquí, ¿o sí? —me retó Ned, ladeando la cabeza con una sonrisa demasiado confiada.
Me crucé de brazos.
—Ned, mueve tu trasero.
—¿O qué? —arqueó una ceja.
Ethan suspiró con paciencia falsa.
—¿O prefieres de verdad que todos se enteren de tu… situación actual?
Ned se quedó congelado un segundo.
—No empieces —advirtió entre dientes.
Editado: 31.01.2026