La Teoría de Tenerte

Capítulo 45

—Chicos, ella es mi amiga, Kate —la presenté.

Ned levantó la vista apenas un segundo antes de sonreír. Claro que la recordaba.

—Un gusto —se adelantó, tomándole la mano con demasiada confianza—. Soy Ned.

—Eh… ¿hola? —Kate me lanzó una mirada rápida, nerviosa.

Apreté su mano con suavidad, dándole apoyo. Ella respondió igual.

—Ya están por salir —dije mirando la hora—. Voy a acercarme un poco más.

Asintieron, y me separé apenas lo suficiente para moverme hacia el frente.

Las luces comenzaron a bajar de intensidad. Primero lento. Luego más rápido. El murmullo del público cambió de tono, se volvió expectante, casi eléctrico. Revisé las cámaras una última vez: ángulos, grabación activa, enfoque listo. Todo en orden.

La intro empezó de golpe.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente: cámara en alto, respiración contenida. En las pantallas gigantes apareció Mason, su silueta recortada por luces blancas que parpadeaban como latidos. El público gritó más fuerte.

Uno a uno, los chicos subieron al escenario. Nathan ajustó el bajo. Frank acomodó la guitarra. Martin golpeó suavemente las baquetas, probando tiempos. Logan ocupó su lugar sin dejar de moverse.

Mason fue el último.

Cuando pisó el escenario, el ruido fue distinto. Más intenso. Más dirigido.

Me moví hacia una esquina, disparando sin parar. Su expresión había cambiado: mandíbula tensa, mirada fija al frente, cuerpo ligeramente inclinado. No sonreía aún. Estaba concentrado.

Las pancartas se levantaron entre la multitud. Fotos recortadas, nombres escritos a mano, luces temblorosas. Subí por la parte trasera del escenario y me puse en cuclillas. Desde ahí, el contraste era brutal: los chicos firmes arriba, el público ondulando abajo como una sola masa viva.

Aprovechaba cada gesto: cuando Logan se acercaba al borde, cuando Frank giraba sobre sí mismo, cuando Mason cerraba los ojos al sostener una nota.

—No sabía que fueran tan conocidos —me dijo Kate al oído cuando regresé a su lado.

—Ni yo —sonreí sin despegar la vista del escenario—. Estoy feliz por ellos.

Me rodeó los hombros con un brazo.

Miré de reojo a los abogados, ¿O strippers? Aun no sabía cómo referirme a ellos. Ninguno parecía aburrido. Dylan marcaba el ritmo con el pie. Oliver observaba atento. Ned sonreía con su bebida en mano. Ethan, en cambio, solo sostenía una botella de agua.

Choqué miradas con él. Se acercó un poco más.

—No sabía que ese chico era cantante —dijo, señalando a Mason.

—Yo tampoco hasta que los vi ensayas, son buenos—respondí sin mirarlo directamente.

—Ya veo —dijo, casi perdido entre la música.

—Muéstrenme sus linternas —pidió Mason por el micrófono.

El público obedeció. Decenas, luego cientos de luces se encendieron. Volví al escenario. El aire parecía más espeso, cargado. Desde ahí arriba, el espectáculo era hipnótico.

Mason giró hacia mi cámara. No fue una sonrisa amplia, fue apenas un gesto, corto, cómplice. Disparé justo a tiempo.

La canción terminó. El concierto entraba en su recta final.

Tomé las últimas fotos cuando los chicos se inclinaron frente al público. Luego desaparecieron detrás del escenario.

Fui directo a las cámaras de video y detuve las grabaciones. En ese momento escuché gritos al fondo. Vidrios rompiéndose. Alcohol. Lo de siempre.

Saqué las memorias con rapidez y bajé para hacer lo mismo con las cámaras cercanas al escenario.

—¡Cuidado!

Sentí un jalón brusco. El sonido seco de una botella estrellándose contra el suelo llegó un segundo después.

—¿Estás bien? ¿No te dio? —preguntó Ethan, sujetándome.

Asentí, aún desorientada.

—¡¿Eres idiota?! —le gritó al tipo, empujándolo.

—No era para ella… —balbuceó el hombre, claramente ebrio.

Ethan amagó con lanzarse sobre él, pero Dylan y Oliver lo sujetaron a tiempo.

—No, Ethan, ya —dijo Dylan—. Jade está bien.

Los guardias llegaron tarde, pero al menos sacaron al hombre.

—Qué susto —murmuró Kate.

Asentí. Entonces lo vi.

Pequeñas gotas de sangre en el suelo.

Miré a Ethan. Estaba bien. El otro chico estaba lejos. Bajé la vista.

Mi pierna.

Saqué una toallita húmeda y limpié la cortada con rapidez, sin hacerme notar mucho, todos estaban distraídos o calmando a Ethan o viendo al hombre que sacaban.

Problema resuelto.

—Mañana tengo una reunión temprano, seria mejor irme ya —dijo Kate antes de darme un abrazo como despedida—. Hablamos mañana, me debes una.

—Lo sé —reí.

Aún sangraba un poco, saque algunas toallitas más, intentando detenerla.

—Jade, gracias por invitarnos ¡Esos chicos estuvieron increíble! —dijo Oliver—. Nos iremos ahora, antes de que Ethan mate a alguien —bromeo señalando detrás de él

—Dale las gracias por mí, ¿Sí? —respondí rápido.

—Hecho, ¿necesitas que te llevemos?

Caí en cuenta, mi auto, aun no se si ya funcione, aunque podría probar

—Les agradezco, pero mi auto está afuera. —Cubrí mi pierna disimuladamente— Gracias por acompañarme hoy, les enviare las fotos en cuanto estén listas

Los chicos se despidieron con un gesto saliendo igual que la multitud de gente.

Tomé y salí con las cámaras que pude fuera del recinto y las guardé en la cajuela. Si no arrancaba, al menos estarían seguras.

Ya casi todos se habían ido, había visto algunos de los autos de los chicos salir y solo quedaban las personas que recogían el equipo.

—Bien, veamos —dije en un suspiro para mi

Primer intento: nada.

Segundo: peor.

Saque mi celular para pedir un taxi. Todos ocupados.

¿Lo mejor de todo? La calle poco a poco, estaba más que vacía.

—¿Jade?

Me giré.

—¿Por qué no te has ido? —se acercó a mi

—Espero un taxi. —me recargue sobre el auto, el frio comenzaba a hacer su efecto

—¿Y tu auto? —Mason señalo detrás de mi

—No arranca, lo dejare aquí y mañana lo llevare al mecánico —a lo lejos un taxi se acercaba, me separe de mi auto con intención de detenerlo




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