La Teoría de Tenerte

Capítulo 46

Thor trató de saltar a mis piernas, pero con rapidez atrapé sus patas con ambas manos. Ahora mismo, eso seguro dolería bastante.

—¿En dónde tienes el botiquín? —preguntó Mason.

—En la cocina, está en el tercer cajón —respondí.

Mason fue hacia donde indiqué. Yo lavé mis manos y luego fui a sentarme al sillón de la sala.

—Lo tengo —dijo al regresar con el producto. Me lo entregó y por fin presté atención a la herida.

Era más de lo que había pensado: una cortada de al menos ocho centímetros. No era muy profunda, pero dolía.

Puse un poco del producto en un algodón, aunque dudé. Si la toallita ya ardía, eso dolería aún más.

—Vamos, yo lo hago —habló Mason. Lo miré con terror—. Ya me lavé las manos, tendré cuidado, lo prometo.

Le di el algodón. Observó la cortada con concentración, acercó el algodón con cuidado a mi pierna y chillé por el ardor.

—Lo siento —murmuró—. Tal vez ahora no duela tanto, pero mañana lo hará.

Me miró.

—Espero que no —dije, sin poder dejar de ver la gran cortada cerca de la pantorrilla.

No podía quejarme. Estaba siendo muy cuidadoso, daba pequeños toques para retirar la sangre y yo solo gritaba en silencio, apretando los dedos contra el sillón.

—Listo —dijo al fin. Tomó las gasas, las colocó sobre la herida y luego la cubrió con la venda.

—¿Tienes hambre? Puedo pedir algo de sonar —pregunté dudosa, ¿De verdad lo estoy invitando a quedarse a cenar?

—Claro —sonrió

Tomé mi celular y marqué al restaurante de siempre. Hice el pedido y solo quedaba esperar.

—Creo que nos debemos una plática —dije, sin estar muy segura de cómo terminaría eso.

—¿Sobre qué? —arqueo una ceja.

—Siento no haberte recibido el otro día.

Se reacomodó en el asiento. Me miró y asintió.

—Quería pedirte un consejo. Me enteré de que Lucía me estaba… —hizo una pausa— es una historia larga.

Suspiró.

—Tengo tiempo —lo animé.

Tomó aire.

—Sé que piensas que te mentí, que nunca terminé con Lucía, pero no es así —sostuvo mi mirada—. Ella es modelo y dice que tiene que mantener una “imagen” —hizo comillas con los dedos—. El día que la viste conmigo, me pidió ayuda.

Hizo una pausa, como si recordara cada detalle.

—Su agente le recomendó tener una relación estable después de que la relacionaran con distintos tipos desde que terminamos. Su plan era fingir que salía conmigo mientras aseguraba sus contratos.

No lo podía creer. Lucía sí que sabía mover muy bien sus fichas.

—Se suponía que era una relación real, o eso creía, después me enteré de que, mientras yo cumplía mi parte de no decir nada, ella seguía con otros chicos. Te busqué para pedirte un consejo, para saber si debía confrontarla, pero estaba tu amigo.

Soltó eso último y yo me removí en mi lugar.

—Sé lo que pasó después —dije sin pensar. Me miró, confundido—. Vi a Lucía en el parque con otro chico… y luego llegaste tú, pero no podía entrometerme.

Asintió con la cabeza baja.

—Esa es la razón por la que no podía darte una explicación sobre Lucía —terminó diciendo.

—Comprendo —respondí.

—¿Puedo preguntarte algo? —continuó.

—Dime —lo alenté.

—¿En realidad estás saliendo con Fred?

La pregunta me cayó de golpe.

—No —dije al fin. Era hora de terminar con las mentiras—. Es solo mi amigo.

Vi cómo se preparaba para volver a hablar.

—Al igual que Ethan, si te lo preguntabas —me adelanté.

—No iba a preguntar eso —rió.

—¿Ah, no? ¿Entonces qué? —entrecerré los ojos.

—Olvídalo —reí ligeramente. —¿Sabes? Creo que a ninguno de los dos se nos da disculparnos cuando debemos.

—Ni me lo digas —apoyé.

—Se me ocurre algo —dijo, girándose para acercarse más a mí.

—¿Qué cosa?

—Esto.

Buscó mi mano y cruzó su dedo meñique con el mío.

—Cuando uno de los dos quiera disculparse, tiene que buscar el meñique del otro. Si el otro acepta cruzarlos, significa que nos hemos perdonado.

Levantó nuestras manos.

—Me gusta la idea —sonreí al ver nuestros dedos unidos—. ¿Es ya un ritual que apliques? —pregunté, dudosa.

—No —sonrió—. Será solo de nosotros.

Le devolví la sonrisa.

Poco a poco nos fuimos acercando más. Podía ver cada detalle de sus ojos; brillaban. Sentí el calor subir a mi rostro y el estómago revolverse.

Levantó un poco mi barbilla. Sentí su respiración cerca. Cerré los ojos.

Entonces tocaron la puerta.

Thor comenzó a ladrar con fuerza. Me separé de un salto de Mason.

Debía ser la comida.

— Claro… justo ahora —lo escuché murmurar en voz baja, con una mezcla de resignación y frustración.

Fingí no haberlo oído mientras iba a abrir la puerta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.