La Teoría de Tenerte

Capítulo 52

Al fin era jueves.

Mi pierna había sanado, el dolor ya era solo un recuerdo incómodo y todo —al menos en teoría— estaba bajo control.

La sesión de los strippers-abogados ya había sido enviada a su correo. Las fotos del concierto estaban terminadas y algunas incluso ya circulaban en redes.

Ahora revisaba por milésima vez el video del concierto.

Quería que fuera perfecto.

—Está hecho —murmuré al fin.

Me quité los audífonos y comencé a respaldar el archivo en una memoria. Señalé otro video aún sin editar y reí sola.

—Solo quedas tú, detrás de cámaras.

Oficialmente, ya hablaba sola.

Hoy comería con Kate. Aún debía quedarme un rato más, pero el trabajo pesado ya estaba hecho. Antes de levantarme, marqué el número de mi abuela.

—Hola, mamá Lisa.

—Nada de hola, mamá Lisa —repitió—. ¿Cuándo pensabas contarme que estás saliendo con un chico?

Abrí los ojos de golpe.

—¿Qué chico?

—El que trajo el regalo de Olivia. ¿Qué pasa con él?

Solté una risa.

—¡Jade! —me regañó.

—Lo siento, lo siento —reí de nuevo—. No es mi novio. Es un amigo. Vino hace poco con otros amigos a una sesión y, como el paquete iba a tardar demasiado, le pedí el favor de dejarlo en casa. Eso es todo.

—Oh…

Hizo una pausa peligrosa.

—Pues el chico no es nada feo.

Negué riendo.

—Y si se ofrece a hacer ese tipo de cosas, es por algo.

—Mejor dime algo —ignoré lo último—. ¿Por qué pensarías que estoy saliendo con él solo por dejar un paquete?

—Porque se tomó la molestia de aguantarme.

Me quedé en silencio.

—Sabes que nunca recibo a desconocidos con flores —continuó—. Y cualquier otro lo habría dejado ahí y jamás volvería a aparecer. Pero este chico, después de mi grosería, se quedó y fue amable. Yo que tú, me pensaría mejor si es solo un amigo… o algo más.

Miré el monitor frente a mí.

—Tengo que seguir trabajando, mamá Lisa.

Sabía que ese tema no iba a morir ahí.

—Está bien, Jade. Cuídate.

Colgó.

Suspire.

Bueno… al menos Ethan había pasado la prueba de mi abuela.

—Jade.

Sonreí al ver a Christian entrar a la oficina.

—¿Lista?

—¿Lista para qué? —pregunté, genuinamente confundida.

—Hoy es día de sorpresas —dijo haciendo manos de jazz. Reí—. Ven al estudio. Y no olvides la cámara.

Se giró hacia la puerta.

—Espera —me levanté rápido—. ¿Alguna pista?

Se lo pensó.

—Solo puedo decirte que ya viene llegando.

Seguía igual.

Negué riendo y caminé tras él, colgándome la cámara al cuello.

Cuando llegamos, los chicos ya estaban ahí. Había algo distinto en el ambiente. Expectativa. Murmullos bajos. Miradas inquietas.

—¿Te ha contado algo? —preguntó Mason cuando me coloqué a su lado.

—Solo que ya viene —me encogí de hombros.

Me miró, claramente igual de perdido.

—Tengo hambre —se quejó Martin desde detrás de la batería.

Me acerqué a él.

—Tú y yo tenemos algo pendiente aún. ¿Cuándo vienes a jugar con Thor?

Sus ojos se iluminaron.

—El día que tú digas.

Asentí.

Si iba a haber una sorpresa, tenía que estar bien posicionada. Me subí a un banco, lo suficientemente alto y al centro del lugar. Desde ahí captaría todo.

—Bien, chicos —habló Christian—. Esto es algo que tenía planeado desde hace tiempo. Hoy, por fin, todo se alineó.

Preparé la cámara y la acerqué a mi rostro.

—Les presento a la otra parte del próximo éxito.

Click.

Cinco chicos entraron al lugar.

Click.

Alcé la cámara, capturando gestos, posturas, expresiones… hasta que algo me obligó a bajar el lente.

Me quedé inmóvil.

Cinco pares de ojos me observaban con la misma sorpresa que yo sentía clavada en el pecho.

El aire pareció espesarse. La habitación se hizo más pequeña. Más estrecha.

—Jade.

La voz rompió el silencio.

—Parker…

No fue una palabra. Fue un susurro.

La gran sorpresa tenía nombre.

The Kings.




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