La Teoría de Tenerte

Capítulo 54

Viernes.

Debía ser positiva. De verdad que debía.

Pero el día no estaba de mi lado.

Había llovido toda la noche y Thor era extremadamente nervioso con los truenos. Me tocó pasarla calmándolo, hablándole en voz baja, sosteniéndolo cada vez que el cielo retumbaba. Ahora no sabía qué hacer: no podía dejarlo solo si la tormenta continuaba.

Llamé a la única persona que sabía podía ayudarme.

—Ni me lo digas, Jade. Sé lo que necesitas —dijo Jacob al otro lado de la línea. Solté un gran suspiro—. Tráelo a casa, te espero.

—No sabes de lo que me salvas, tú y tus hijas —respondí mientras sacaba la ropa que me pondría.

—No es nada, Jade. Te esperamos.

Colgó.

No era la primera vez que pasaba. Hubo ocasiones en que Thor se enfermó y, aunque yo hacía todo lo posible, a veces necesitaba atención completa. Jacob —y sobre todo Trina y Valerie— siempre me ayudaban con él mientras yo trabajaba. Hoy no sería diferente.

Me puse unos jeans, una blusa y botas negras. Encima, una camisa de cuadros roja. Un rizo ligero en el cabello, un poco de maquillaje.

Cuando terminé, preparé un gran bolso con todo lo necesario para Thor: juguetes, comida, su manta, un pequeño colchón. Todo lo que pudiera mantenerlo tranquilo.

Tomé una chamarra extra. Si la lluvia empeoraba, la necesitaría al volver.

—Hora de irnos —le dije mientras le ponía la correa.

Conduje hasta la casa de Jacob. Al llegar, bajé con Thor y de inmediato sus hijas me recibieron.

—¡Jade! —me abrazaron, y yo a ellas—. ¡Te extrañamos! —dijo Trina.

—Siento tenerlas tan abandonadas —me agaché a su altura—, pero hoy traje a Thor y estoy segura de que estará feliz de jugar con ustedes.

Acomodé un mechón del cabello de Valerie.

—Ve tranquila —dijo Jacob mientras me levantaba—. Hoy también me quedaré aquí y cuidaremos de Thor.

Thor saltó directo a los brazos de las niñas.

—¿Qué le das de comer? —preguntaron casi al mismo tiempo. Reí.

—Ha estado muy nervioso, pero espero que con todo esto —señalé la enorme mochila— se mantenga calmado.

Asintieron felices. Me despedí de ellas.

—Debo irme a trabajar —le dije a Jacob—. Llámame si pasa algo, por favor.

—Todo estará bien, chica. Vete —me acompañó a la puerta.

—Sí, jefe —bromeé.

Me despedí de Thor y subí al auto.

La lluvia seguía sin detenerse.

Llegué justo a tiempo a la disquera. Caminé directo a mi oficina.

—Buen y muy lluvioso día, Jade —saludó Christian acercándose.

—Ni me lo digas —reí.

—¿Crees que hoy puedas estar allá arriba con los chicos? —preguntó.

—¿Y eso por qué? —no me entusiasmaba la idea de estar encerrada con diez chicos en el estudio.

—No han tenido la comunicación que esperaba —cruzó los brazos—. Tal vez contigo ahí hablen más. Todos te conocen… —hizo una pausa—. En especial Mason y Parker. Son los líderes de cada banda; si ellos hablan, el resto lo hará.

Ahora entendía.

—Está bien. Iré para allá.

Me agradeció y volvió a su oficina.

Caminé hacia el elevador preguntándome cómo demonios iba a lograr que hablaran si ni yo misma sabía qué decir.

—Hola, chicos —entré al estudio. Todos estaban en lo suyo.

—Hola, Jade. Pasa —sonrió Frank.

—Buenos días, pequeña —dijo Scott.

Me sorprendió. Solo ellos me llamaban así, y escucharlo de nuevo fue… extraño.

—Pequeña —sonrió Gustavo—. Hace mucho no escuchaba eso.

Mark y Daniel asintieron.

Mason rozó su mano con la mía. Le sonreí. Fue un gesto mínimo… pero Parker lo notó.

—¿Cómo van? —pregunté, recordando las palabras de Kate: enfrenta la situación.

—Con la mente en blanco —bromeó Logan—. No sé cómo se les ocurrió eso de dos canciones desde cero.

—Lo lograrán —los animé—. Hoy estaré aquí mientras trabajan.

Me senté en un escalón y dejé mis cosas a un lado. El lugar me dio un deja vu de mis primeros días ahí.

—No me digas… ¿idea de Christian? —preguntó Nathan.

Asentí riendo.

Me puse los audífonos y saqué de mi bolso la memoria con los videos pendientes: el detrás de cámaras. Comencé a unirlos, pero sentía una mirada clavada en mí.

Parker.

Intenté ignorarla… hasta que habló.

—Bueno, ya que nadie tiene inspiración para componer —dijo—, ¿por qué no hablamos de nosotros? Digo, su representante lo sugirió.

No sabía qué saldría de esto.

—Es buena idea —apoyó Frank.

Claro que sí. Tenía que ser Frank.

—¿Ustedes cómo se formaron? —preguntó.

Los cinco chicos de The Kings se miraron entre sí… y luego me miraron a mí.

—No sé quién de los dos lo cuente mejor —respondió Parker, sin apartar la vista de mí.

Sentí el calor subir a mi rostro.

¿Es tarde para salir corriendo?




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