Ya era otro día.
Christian nos dio el día libre porque, al parecer, su corto había sido más grave de lo que esperaba y tardarían todo el día en arreglarlo.
Ayer, poco después de las once, pude ir a recoger a Thor, prometiendo visitar más seguido a Jacob y a sus hijas. Ahora terminaba todos mis pendientes de trabajo.
El día estaba fresco; al menos ya no llovía y ahora sí se podía circular. Debía ir a hacer las compras, aprovechando que tenía tiempo.
Mi celular empezó a vibrar.
—¿Hola? —dije al ver que no tenía registrado el número.
—Jade —empezó—, no cuelgues, por favor.
Era Parker.
—¿Cómo conseguiste mi número? —interrogué.
—Fue Martin —explicó rápido—. Se lo pedí después de que te fuiste porque no te alcancé. Necesito hablar contigo.
—Lo siento, no…
—Por favor, Jade —me interrumpió—. Sabes que debemos hablar.
Lo escuché soltar aire.
—Hay un café muy cerca de la disquera —sabía a cuál se refería—. Estaré ahí a las dos —miré la hora: once y treinta—. Te esperaré treinta minutos. Si llegas, sabré que quieres escucharme —hizo una pausa—. Si no… entenderé que no es así, que no tengo oportunidad, y prometo no seguir insistiendo.
No respondí.
—Espero que vayas, Jade —terminó.
Ninguno dijo nada más. Colgué la llamada y me fui a dar un baño. Necesitaba refrescar mi mente.
¿Qué debía hacer?
Una parte de mí estaba decidida a hacer mi día normal y actuar como si nada hubiera pasado. Tal como él dijo, no insistiría más.
Pero otra parte… daba en la curiosidad. Y aunque no me atreviera a decirlo, el cariño que le tenía aún seguía ahí. Tal vez no intacto, pero tampoco deshecho.
Quería saber qué tenía por contar.
Salí del baño y saqué un pantalón roto negro y un suéter tejido lila. Sequé mi cabello, lo até en un moño, me puse mis tenis blancos y volví a la cocina.
Doce con diez.
Aún había tiempo para decidir.
De nuevo, mi celular empezó a sonar.
—Hola, Kate —al menos tenía a mi mejor amiga.
—Hola —la escuché desanimada.
—¿Pasó algo? ¿Es por Ned? Si es por él, ni siquiera te sientas mal porque…
—No, Jade, no es Ned —soltó una corta risa—. Es mi edificio.
Fruncí el ceño.
—No te lo había contado porque no era seguro, pero… —tomó aire— lo van a demoler.
Abrí aún más los ojos.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Es algo entre dueños. Resulta que lo compraron para tener más área para un nuevo supermercado —sonaba derrotada—. Ayer y hoy me la pasé haciendo maletas. Estoy por terminar y pensaba ir a un hotel, pero no puedo irme con todas mis cosas. ¿Crees que puedas tenerlas? Es por poco tiempo…
Negué repetidas veces, aunque no me viera.
—Por supuesto que no —respondí segura.
—No será mucho, Jade, solo…
—No te irás a un hotel —completé mi oración—. Te vienes a mi casa. Voy para allá.
Colgué sin dejar que respondiera más.
Tomé mis llaves y salí de casa. Fui en mi auto; conociendo a Kate, no todo cabría en el suyo.
Tal como dijo, el lugar estaba lleno de gente sacando cosas del edificio mientras otros se quejaban. Y cómo no hacerlo: era el hogar de muchos.
Subí hasta su apartamento, que ya tenía la puerta abierta.
Apenas me vio, me abrazó.
—No sabes cómo te agradezco por esto.
Sonreí, y se separó de mí levantando una mano.
—Prometo ser la mejor roomie que puedas tener.
Negué, riendo.
—Kate, desde que vivo aquí hemos sido roomies siempre. Esto solo lo hace oficial —sonreí—. Y somos amigas. No te irás a un hotel teniendo un cuarto en mi casa —guiñé un ojo.
Me dio un apretón en la mano.
—Gracias, Jade.
Miramos a nuestro alrededor.
—He subido casi todo a mi auto. Solo queda esto —señaló las cajas restantes.
—Subámoslo al mío entonces —tomé una—. Entre más rápido, antes empezaremos a adaptarte el cuarto.
Entre las dos subimos y bajamos lo faltante. Tardó un par de minutos más despidiéndose de algunos vecinos, y luego cada una subió a su auto rumbo a mi casa.
Llegué primero y comencé a bajar las cajas.
—Esto será emocionante —Kate se puso a mi lado con más cajas—. ¿Cuál será nuestra primera convivencia, roomie?
—Tal vez, por primera vez, vayamos juntas al supermercado en lugar de al centro comercial —bromeé.
Miré el reloj.
Ya eran las dos.
Tal vez no debía ir.
—¿Pasa algo? Has estado mirando el reloj todo este tiempo —me observó—. ¿Tienes una cita? —me miró pícara.
—Si consideras cita reencontrarme con mi ex para hablar, entonces sí.
Dejé la caja en la sala.
—¿Con Parker? —asentí—. ¿Y qué harás?
—Supongo que no iré —la miré—. Me llamó esta mañana. Dijo que estaría en el café cerca de la disquera y que solo me esperaría treinta minutos. Si no aparezco, no insistirá más.
Me miraba atenta.
—¿Cuál fue la hora que dijo?
No respondí. Abrió más los ojos.
—¡Jade, levántate ahora mismo!
Me jaló del brazo.
—¿Por qué? Pensé que estarías de acuerdo conmigo.
—Bueno, es obvio que no me pone a saltar de emoción —cambió su peso de una pierna a otra—, pero yo también quiero una explicación a todo —suspiró—. Nunca te lo dije porque el tema estaba bajo candado, pero… —hizo una pausa— muy en el fondo creo que debe haber una explicación.
Evité mirarla.
—Está en ti decidir si ir o no —continuó—, pero sé que esa duda te carcome.
Miré el reloj de nuevo.
Aunque lo intentara, ya era tarde.
—No prometo mucho —me levanté—. Necesitaremos copias de llaves —dejé las mías sobre el sofá antes de salir.
No iba a llegar. Ya era tarde.
Pero podía intentarlo.
Llegué al lugar y recorrí con la mirada las mesas del café.
Tal como pensé, ya no estaba.
Solté un suspiro. Kate tenía razón. Ahora lo notaba: mi interés por conocer su versión era más grande de lo que quería admitir.
Caminé de regreso a mi auto… deteniéndome de golpe
Editado: 31.01.2026