La Teoría de Tenerte

Capítulo 59

—Pensé que no llegarías —se acercó hasta donde estaba—. ¿Te parece bien hablar aquí o prefieres otro lugar?

Ese gesto lo conocía perfectamente.

Estaba nervioso.

—Está bien aquí —miré dentro del lugar—. Vamos.

Caminé delante de él y escogí una mesa hasta el fondo. Esto necesitaba un poco de paz… o al menos la ilusión de ella.

Tomamos asiento.

Ninguno dijo nada, y el silencio empezó a volverse incómodo.

—Iré a pedir —rompió al fin—. ¿Batido de chocolate? —preguntó sonriendo.

—Vainilla, por favor.

Mi respuesta lo sorprendió, pero solo asintió antes de alejarse.

—¿Chocolate? —preguntó emocionado, y asentí eufórica.

—Ni siquiera lo preguntes —dije riendo—. Me casaría con el sabor chocolate si fuera posible.

—Pregunto porque no siempre querrás lo mismo —negó riendo mientras pedía los helados.

—Siempre te voy a querer a ti… y claro que siempre voy a querer el chocolate —respondí tomando el mío.

—Entonces espero que nunca cambies de opinión —agrandó su sonrisa y se acercó para darme un beso… y robar de mi helado.

—¡Ey! Eso no fue justo —reí mientras seguíamos caminando.

Las cosas nunca serían igual.

—Aquí está —Parker me devolvió a la realidad.

Reaccioné tarde, agradeciendo en automático.

—Bien… ya estamos aquí —jugué con el popote de mi bebida—. ¿De qué quieres hablar?

Aunque ambos lo sabíamos, no quería ser yo quien empezara.

Miró la mesa y luego a mí.

¿Era tan difícil decir que me engañó porque quiso y ya?

Nunca me contó realmente qué había pasado.

Sí, se disculpó… a su manera.

Pero jamás me dio una explicación.

Recuerdo cuánto deseé que me diera una razón. Un motivo para quedarme, para luchar, para seguir con él.

No lo tuvo.

Y eso fue lo que terminó de empujarme a esta ciudad.

—Jade… teníamos muchas cosas planeadas juntos —comenzó—. Tú ya habías terminado tu carrera y yo seguía estancado en lo mismo. Me prometí que llevaría a la banda a algo mejor, por ti y por mí. La disquera prometió algo: si terminábamos el disco rápido y era bueno, nos adelantarían el pago. En ese momento… era el trato de mi vida.

Volvió a mirar la mesa.

—Después tus padres murieron.

Mis ojos se cristalizaron. No por favor, que los nombre empeora todo.

—No tenía la cara para pararme frente a ti, Jade. No me sentía suficiente, ni como músico ni como persona, para ayudarte, para estar ahí contigo —me miró; sus ojos estaban igual de cristalinos que los míos—. Esa misma noche me puse a trabajar. Obligué a los chicos a quedarse en el estudio. No los dejé salir hasta avanzar con el disco. Mark no estaba… supuse que estaba contigo. Después me enteré que…

—Que Ruth tenía cáncer —terminé su oración.

Asintió.

—Creo que ya te lo contó —tomó aire—. Terminamos el disco. Los chicos estaban molestos conmigo. Sabían que tú no nos perdonarías algo así. Tenían razón. Les prometí que hablaría contigo, que te contaría todo…

Negó para sí mismo mientras jugaba con el vaso frente a él.

—No lo hice. Pasaron días. No encontraba la forma de hablar contigo. Quise llamarte, explicarte, pero no sabía cómo empezar. Y aún no teníamos respuesta de la disquera. Sin eso… sentía que no tenía pruebas para explicarte nada.

Limpié una lágrima rápidamente y bebí del batido para disimular.

—Jamás recibí ninguna llamada, de ninguno —dije en un hilo.

—Fue mi culpa, Jade. No los dejé hacerlo. Les prometí que todo se solucionaría, que la disquera llamaría, que todo estaría bien.

Tomó otra bocanada de aire.

—Entonces llamaron. Les encantó el disco. Solo faltaba lanzarlo. Pero había una condición —clavó la mirada en su vaso—. Grabaríamos un video. La modelo ya estaba escogida… era hija de uno de los dueños de la disquera. Querían que nos besáramos en el video.

Sentí un nudo en el estómago.

—Me negué. ¿Cómo iba a arreglar las cosas contigo si hacía eso? —su voz tembló—. Si no aceptaba, no lanzarían el disco. Salí molesto de esa oficina. Los chicos igual, ella también me siguió... me prometió que sería profesional, pero yo seguía negándome.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Entonces me besó. Me quedé paralizado. Fue sorpresivo… pero te juro que jamás le correspondí.

Una lágrima cayó por su mejilla.

Yo apretaba la manga de mi suéter.

Recordé ese momento.

La escena grabada para siempre en mi memoria: esa chica besando a mi novio. Nunca vi su rostro, solo su espalda.

Solo a ella… besando a Parker.

—Cuando reaccioné, la aparté. Les conté todo a los productores. Como “disculpa”, el disco salió con video… pero yo no besé a nadie. Después los chicos me contaron lo que viste. Todo estaba perdido. ¿Cómo te explicaba algo así?

Hizo una pausa.

—Intentaron buscarte. No contestabas llamadas. En tu casa nunca estabas. Marco me dio la golpiza de mi vida —eso no lo sabía—. Terminó nuestra amistad. Yo solo quería explicarlo todo, pero mi palabra no bastaba.

Me miró, esperando algo.

Silencio.

—Un día Scott llegó diciendo que te ibas. Que había visto maletas. Que seguramente ibas al aeropuerto. No lo pensé. Salí corriendo con todos detrás. Conoces el resto.

Sus ojos estaban completamente rojos.

—Te vi tan apagada… tus ojos estaban secos. Y entendí algo —su voz se quebró—. Yo tenía la culpa de que estuvieras así. Yo te destruí. Y tenía que dejarte ir, esperando que fueras feliz… donde fuera.

Las lágrimas no paraban.

—No tenía derecho a detenerte. Fue mi forma de dejarte reconstruir.

Aparté la mirada.

Quería mantenerme neutral… pero no podía.

Mis lágrimas seguían cayendo.

¿Parker… me dejó ir por mi bien?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.