La Teoría de Tenerte

Capítulo 63

No era mi mejor mañana. De nuevo.

No había dormido casi nada.

Me di un baño rápido; después me puse un pantalón negro, un suéter azul marino y unas botas cafés.

Kate estaba en la cocina. Serví el plato de comida de Thor y me senté frente a la barra.

—Te escuché llorar —empezó Kate.

Mantuve la vista fija en el café.

—Viste los videos, ¿no es así? —asentí sin decir nada. Odiaba esa sensación de no poder hablar sin romperme—. No quiero ni puedo verte así otra vez, Jade —se acercó a mí—. Estoy segura de que viste lo que muy en el fondo querías ver, pero eso te pone de nuevo en el mismo camino y…

—Kate, no quiero hablar de esto ahora —dije como pude—. Perdón por decirlo así, pero es… —me detuve— difícil de expresar ahora.

Limpié una lágrima rápido.

—No te disculpes por nada —me sonrió con calma—. Sabes que tenemos la confianza para hablar de esto cuando quieras.

Me dio un abrazo corto que, por supuesto, acepté.

—Debo irme ya —solté el aire acumulado—. No tengo hambre —miré el plato—. Lo siento.

Asintió, comprensiva.

—Hoy estaré todo el día en la oficina —avisó—. Volveré hasta la noche.

Asentí y salí de la casa.

Subí al auto sintiéndome como cuando, de niña, inventaba mil pretextos para no ir a la escuela porque no quería presentar un examen.

Pero esta vez no tenía a mis papás para decirme que todo saldría bien.

Ahora todo dependía de mí.

Conduje hasta la disquera. Al llegar entré directo a mi oficina. Si podía quedarme ahí hasta que terminara mi horario, todo estaría bien.

Empecé a trabajar. Tenía varias fotografías del “encuentro” entre bandas; debía comenzar por ahí.

Cada foto, cada paso de ellos entrando al lugar, era como si mi vida estuviera cruzando otra vez esa puerta.

—¿Interrumpo?

Salí de mis pensamientos.

—Vaya, sí que estabas muy entretenida… lo siento, si quieres...

—No, Mason, está bien —dije antes de que saliera—. Pasa.

Sonreí. Él me devolvió la sonrisa mientras se sentaba frente a mí.

—¿Qué tal el fin? —empezó—. ¿Valió la pena el corto?

Rió. Yo, a diferencia de él, me removí incómoda en mi lugar.

—Digamos que hubiera preferido trabajar.

Y vaya que sí.

Mason dejó de sonreír.

No debí decir eso.

—¿Quieres hablarlo? —intentó tomar mis manos, pero las aparté. Lo notó.

—Lo siento… —¿qué me pasa?—. No puedo hablar ahora —bajó la cabeza—. Tengo bastante trabajo, tal vez después.

Me apresuré a decirlo, pero él solo asintió y salió del lugar.

¿Por qué hice eso?

Con él todo estaba bien… al menos hasta ahora.

Pero me sentía confundida. No podía fingir que no pasaba nada cuando por dentro todo estaba revuelto.

Otra vez débil.

Otra vez incapaz de expresarme.

Otra vez desde cero.

Volví a mirar las fotos. Los chicos miraban a la cámara… o más bien, a mí.

Sus rostros eran de sorpresa. Claro que no imaginaban verme ahí, y mucho menos trabajando en esto. Otra vez.

Quería salir, buscarlos, decirles que lo sabía todo y que lo entendía.

Pero ¿qué seguía después?

¿Solo perdonar… y ya?

—Jade, vamos arriba. Los chicos tienen algo y quieren que los escuchemos —me llamó Christian.

Asentí, me levanté y caminé con él hacia el estudio.

Al llegar, tal como dijo, todos estaban en sus posiciones: Mason y Parker frente a los micrófonos; el resto con sus instrumentos.

Crucé miradas con Mason, aunque no pude sostenerla.

Parker, en cambio, no dejaba de mirarme, como si intentara encontrar una pista de cómo me sentía.

—¿Y bien? —preguntó Christian—. ¿Qué tenemos?

Estaba tan emocionado que solo le faltaba saltar. Eso hacía todo… más cómodo para mí.

—Es solo una idea —comenzó Parker.

—Se nos ocurrió hacer una canción competitiva —complementó Mason.

—¿Cómo es eso? —preguntó Christian.

—Somos dos bandas y creemos que mezclar esencias lo hace más atractivo —respondió Scott.

—Y uno de los temas que se nos ocurrió es una competencia por una chica —añadió Logan.

—Es lo último en moda, ¿no creen? —finalizó Martin, emocionado.

Vaya ironía.

—Bueno, llevamos algo así —Mason señaló a Martin para dar la entrada.

Empezaron a tocar.

Separados eran buenos.

Juntos… eran otro nivel.

Ahora entendía la emoción de Christian.

Empezaron a tocar.

La voz de Parker entró primero, firme, segura. Mason lo siguió segundos después, respondiéndole con una melodía distinta, casi provocadora.

No necesitaba entender cada palabra para captar la idea: una competencia disfrazada de canción, dos voces disputándose el mismo espacio.

—Tengo que salir —le dije a Christian, que seguía absorto con lo que escuchaba.

Salí del lugar.

Así de simple.

No podía estar en el mismo espacio con ellos. Sentía que todo se hacía cada vez más pequeño: mi presente mezclado con lo que un día fue.

Odiaba esa frustración.

Frustración conmigo misma.

Por no saber cómo sobrellevar algo así.

Volví a la oficina y, cuando me di cuenta, ya estaba marcando el número de mi abuela.

—¿Cómo vas, mi niña? —al escuchar su voz, mis ojos se cristalizaron.

—Los extraño —dije como pude—. Los extraño mucho, Mamá Lisa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.