Jade
—¿Ahora en qué piensas? —rompió el silencio que se había formado.
De cierta manera, me sentía con un peso menos. Como si todo lo que había cargado durante tanto tiempo, al fin comenzara a soltarse. No desaparecía… pero ya no me detenía.
—Llévame a donde Parker —dije, sin titubear.
Su expresión fue de pura sorpresa. Y era comprensible. Seguramente estaba enterado de la relación que llevaba ahora con él… y de lo mucho que me había esforzado por evitarlo.
—No tardemos ni un minuto más entonces —sonrió, tranquilo.
—Solo dame un segundo, iré por las llaves del auto —me levanté del lugar.
—No es necesario —se puso de pie tras de mí—. Vine en el auto que rentamos. Y tal vez, si llego contigo, no me maten por dejarlos sin nada —bromeó.
Rodé los ojos.
Salimos de la casa y subí al auto que mencionó, pero algo me cayó en cuenta de golpe.
—¿Cómo disté con mi casa? —lo miré entrecerrando los ojos.
—Puedes vivir preocupada por lo fácil que fue enterarme… o agradecer que lo haya descubierto —respondió burlón.
—Déjalo así —giré la vista al frente.
Su carcajada llenó el auto.
Durante el camino me puso al día. No estaba enterada de la carrera actual de The Kings, y ahora tenía una necesidad genuina de saberlo. Todo les estaba saliendo bien.
Olivia me lo había mencionado una vez, diciendo que todo el mundo hablaba de ellos… yo la había obligado a cambiar de tema. Ahora entendía el fenómeno en el que se estaban convirtiendo.
—Es aquí —dijo al fin.
El trayecto había sido largo. No conocía bien esa parte de la ciudad, pero se sentía tranquila.
—Es momento entonces —suspiré, bajando del auto.
—Todo estará bien, pequeña —dijo, revolviendo mi cabello.
Reí.
—Jamás imaginé que volveríamos a estar así —le sonreí.
Caminamos hasta la casa. Mis nervios empezaron a asomarse.
Scott abrió la puerta.
Un almohadazo impactó directo en su cara apenas cruzó el umbral.
—¡Nos dejaste sin auto! ¡Hicimos un trato, Scott! —gritó Gustavo.
—Mierda —susurró, mirando al suelo.
—¿Dónde estabas? —escuché la voz de Mark desde adentro.
No los veía, y agradecía eso. De lo contrario, el almohadazo habría sido para mí.
—Si me dejan pasar, se los digo —respondió Scott.
Se giró hacia mí.
—Aún no entres —susurró.
Asentí.
—¡Ponte el maldito pantalón, Daniel! —gritó.
Reí, negando con la cabeza.
—Scott… —la voz de Parker sonó distinta—. Esa risa es…
—Soy... yo —dije, acercándome al marco de la puerta.
Los cuatro me miraron.
—¿Nadie aquí me hace caso? —se quejó Scott.
—¡El jodido pantalón, Daniel! —Parker lanzó otra almohada.
Daniel solo se cubrió con más almohadas.
—Creo que... es hora de hablar—dije, más tranquila.
—Y no sabes lo que esperamos para que esto pasara —sonrió Mark, poniéndose de pie—. Vamos, pasa.
Asentí y entré.
Todos caminaron detrás de mí. Mark se detuvo en el comedor. Me acerqué a una de las sillas y el resto hizo lo mismo.
—Bueno… supongo que son obvias las razones por las que estoy aquí —comencé—. Lo sé todo.
Los miré uno por uno.
—Nunca será suficiente decirte cuánto lo sentimos —empezó Daniel.
—Lo sé —respondí—. Me enteré tarde, pero ahora todo está claro.
Hice una pausa.
—Y también quiero que ustedes me disculpen. Debí afrontar todo, pero en ese momento no tenía cabeza para nada.
Miré a Parker. No apartó la vista.
—Hace poco entendí cómo se dieron las cosas… y bueno.... también fue algo egoísta de mi parte creer que solo yo sufría cuando ustedes tenían sus propios problemas.
Porque si, mientras yo estaba sufriendo... Mark se entero que su novia, a quien en verdad amaba, la estaba perdiendo. No me quiero ni imaginar la impotencia que sintió, y el resto, la presión, cansancio, estrés... al final de todo, cada quien libraba sus propias batallas.
—¿Eso quiere decir que…? —empezó Gustavo.
—Que los perdono. Y espero que ustedes me perdonen también.
—Ni siquiera sé por qué tendría que perdonarte —dijo Scott levantándose—, pero siempre lo estuviste, si te sirve de algo.
Me abrazó. Luego los demás se acercarón.
—Me harán llorar —bromeé, levantándome—. Mejor pónganme al día. La mitad de lo que me contó Scott camino a aquí, fue sobre chicas que conoció.
—Confirmo —sonrió él.
El resto del día terminó entre risas e historias. Había olvidado lo bien que se sentía estar con ellos.
—Sigo sin superar que te vi en la boda y pensé que fue un sueño —dijo Mark.
—Me contaste muy poco y cuando iba a hablar de mí… te quedaste dormido
—Eso es verdad —agregó Scott—. Cuando llegué, lo encontré dormido en una banca.
Reí de nuevo y miré mi celular.
—Es tarde, chicos —me levanté—. Llamaré un taxi.
—No es necesario —dijo Scott—. Parker te llevará.
Me miró.
—Díselo, Parker.
Maldito seas, Scott.
—Claro —dijo él—. No es necesario llamar un taxi.
Me sonrió. Le devolví el gesto.
Me despedí de todos y subí al auto junto a Parker. El silencio incómodo llenó el espacio.
—Gracias por no negarte —dije al fin.
—¿Cómo negarme a la única oportunidad que tenía de hablar tranquilamente contigo? —respondió—. No pensé que vendrías hasta aquí.
—No estaba en mis planes —confesé—. Pero necesitaba hacerlo.
—Siempre has sido mejor tomando la iniciativa
—Bueno… el camino será largo —comencé—. Cuéntame algo.
—¿Algo como qué? —dudo— Si todos ahí se han encargado de contarte mis peores vergüenzas en estos últimos meses
Negue riendo
—Bueno entonces algo que ellos no sepan... aun
Se quedó en silencio. Lo conocía demasiado bien para saber que estaba nervioso.
—El día que Marco anunció la boda —comenzó—. Me engaño llamándome a buscarlo porque su auto no encendía y quería ayuda para moverlo. Fui en pijama y bueno...
Editado: 31.01.2026