Terminé de bañarme y pasé la toalla por mi cabello mientras me vestía.
Saqué un pantalón negro de tiro alto, una blusa rosa pálido y una chaqueta negra. Me puse unos tenis blancos y, después de secar mi cabello, me maquillé apenas lo necesario.
Salí de la habitación.
—Me encanta verte así —dijo Kate, apareciendo a mi lado.
—Me siento mucho mejor —sonreí—. Y estoy lista para tu ataque de preguntas.
Rió y caminó hacia la cocina.
Anoche no le di oportunidad de hacerlas. Estaba agotada… emocionalmente drenada.
—¿Cómo fue tu día? —preguntó, sirviéndose café.
—Bien —intenté ordenar mis ideas—. Fui al trabajo y los chicos mostraron el avance de la canción.
Me miró, esperando más.
—Me sentí incómoda con todos ahí… así que regresé a mi oficina.
—Entiendo las razones —asintió—. Pero… ¿cómo llegamos a la visita de anoche?
Suspiré.
—Después del trabajo no quería venir a casa. Subí al auto sin saber a dónde ir. Mason subió conmigo y terminamos en el parque.
—Wow, espera… ¿qué? ¿Mason? —abrió los ojos—. Esto va para largo. Voy por café.
Negué sonriendo.
Le conté el resto. Todo. Kate interrumpía con comentarios, caras exageradas y alguna que otra pregunta incómodamente certera.
—Tengo una última pregunta —dijo cuando terminé.
—Vamos, suéltala antes de que se nos haga tarde para el trabajo —reí.
—¿Y ahora qué? —me miró seria—. Creí que Mason y tú ya estaban bien… pero por lo que me dices, tal vez ya no. Y ahora Parker…
Suspiré.
—Es complicado. Mason puede ser tan lindo, tan atento… y de pronto nos volvemos distantes, como si habláramos idiomas distintos —hice una pausa—. Y con Parker… creo que tuvimos un final injusto.
No quería pensar más allá de eso.
—Bueno —dio otro sorbo a su café—, tienes una producción completa de dos canciones para tomar la mejor decisión.
Rodé los ojos.
—Ah, y recuérdale a Daniel que aún me debe veinte dólares, nunca me pago.
Solté una carcajada.
Salí de casa despidiéndome de Thor y de Kate.
El día estaba nublado, pero el clima era agradable. Terminaría pendientes y, con suerte, saldría más temprano. Esta vez no fallaría con la comida.
—Hola, Christian —saludé al pasar por su oficina.
—Cuánta felicidad —dijo levantándose y caminando conmigo—. ¿qué pasó?
—Hoy estoy de muy buen humor —respondí, dejándole pasar.
—¿El humor tiene nombre? —preguntó burlón.
Estaba por responder cuando tocaron la puerta.
—¿Sabes si vendrá el resto? —preguntó Mason sin mirarme—. Quedamos en estar una hora antes para sacar el instrumental.
Christian negó.
—Deben estar por llegar, tranquilo. Aún es temprano.
¿The Kings tarde?
Eso sí era extraño.
—Llamaré a Parker —dije.
—Gracias, Jade —sonrió Christian—. Es una suerte que sigas siendo tan amiga de ellos, ¿no crees?
Miró a Mason. Él solo asintió.
Marqué el número.
—¿Hola? —dije cuando contestaron.
—Hey, Jade. ¿Pasó algo? —respondió agitado.
De fondo escuché quejas.
—¿Todo bien? Los esperan en el estudio —miré a Mason, que tenía la vista fija en mí.
—El auto nos dejó varados —suspiró—. Ahora lo estamos llevando a…
—Parker olvidó ponerle gasolina —intervino Gustavo—. Y ahora estamos empujando el carro.
Cerré los ojos.
—¿No sería mejor tomar un taxi y dejar el auto ahí? —propuse.
Escuché reproches. Supuse que dirigidos a Mark.
—¿Están bien? ¿Necesitan algo? —preguntó Christian, acercándose.
—¿Chicos? —insistí.
—Espera —dijo Gustavo—. Maldita sea, Scott, bájate del auto y empuja.
—Vamos, Mason —Christian se levantó—. Mándame su ubicación, Jade. Iremos por ellos en la camioneta.
Asentí.
—Creo que ya está —dijo ahora Parker—. No fue nuestra mejor idea.
—Definitivamente no son expertos —me burlé—. Dame la ubicación.
—Mark ya lo hizo —respondió.
—Perfecto. Los veo aquí —dije antes de colgar.
Reenvié la ubicación a Christian y encendí la computadora. Me puse los audífonos y comencé a trabajar. Había una pequeña paz dentro de mí que me permitió terminar todo lo pendiente del día.
Momentos después, los chicos bajaron a saludar mientras esperaban al resto.
—¿Cómo van? —le pregunté a Logan, que estaba frente a mí.
—Un poco atrasados —rió—. No es para tanto, pero algunos se lo toman muy en serio.
Miré alrededor. Frank y Nathan estaban en sus celulares, Martin se tomaba fotos con la cámara que le presté.
—Ellos no se ven molestos —reí al ver las poses de Martin.
—No lo decía por ellos —se recargó en la silla—. Mason se ha quejado toda la mañana. No lo entiendo… creí que le gustaban las colaboraciones.
Suspiró.
No dije nada. Supongo que ya luego lo solucionaran.
—Llegamos —anunció Christian entrando.
—Disculpen el retraso —dijo Mark—. No hemos tenido las mejores ideas.
El resto se burló.
—Como diría alguien… no somos expertos —dijo Parker mirándome.
Le devolví la sonrisa.
—Bueno, vamos arriba. Aún hay mucho trabajo —dijo Mason pasando delante de todos.
Todos lo siguieron.
Christian se quedó recargado en el marco de la puerta.
—El humor sí tiene nombre, ¿eh?
Negué riendo.
Creo que sí.
Y se llama Parker.
Editado: 31.01.2026