La Teoría de Tenerte

Capítulo 74

Ya era de madrugada.

Martin estaba completamente dormido sobre su asiento, y Parker y yo solo observábamos la pista, dejando que la música fuera la excusa de por qué no hablábamos.

—Ay no… —soltó de pronto.

Fruncí el ceño y miré hacia donde él lo hacía.

Abrí aún más los ojos.

Scott estaba metido en una pelea. Al parecer, la chica con la que estaba tenía novio y, para mala suerte, el tipo le sacaba al menos una cabeza de altura y el doble de cuerpo.

—No te muevas de aquí —dijo Parker levantándose de golpe.

No terminó de hablar cuando el chico lanzó un puñetazo directo a la nariz de Scott. Lo vi caer al suelo. Ahogué un grito mientras Parker corría hacia ellos.

Mark reaccionó soltando otro golpe al tipo, pero ni siquiera pareció afectarle; lo empujó como si nada. Pensé que ahí terminaría todo… hasta que otro amigo de él apareció y le dio una patada a Parker en las costillas, justo cuando intentaba ayudar a Scott.

Me levanté sin pensarlo y corrí hacia ellos.

Gustavo, Daniel y Nathan entraron en acción, lanzando golpes a los otros chicos. Pero siendo realistas, los otros iban ganando. Ya no eran tres. Eran ocho.

Logan y Frank también intentaron ayudar. El primero terminó con el labio partido, y Frank con la ceja abierta. Los guardias seguían sin moverse, como si nada de eso estuviera pasando.

Entonces Mason apareció, alejándome justo a tiempo cuando uno de ellos se acercaba a mí. Para después empujar al que comenzó la pelea. El tipo quiso golpearlo, pero Mason esquivó el golpe con rapidez, dándole tiempo a que Scott y Parker reaccionaran y lograran quitárselos de encima.

Pero después vi algo que me dejó helada.

—¡Cuidado, Mason! —grité.

Uno de los chicos había sacado una navaja, intentando clavársela. Escuché a Mason quejarse. Mis nervios estaban al límite.

Logan se lanzó contra el agresor y logró aventar la navaja lejos.

Por fin, los guardias reaccionaron y comenzaron a separarlos.

—¿Estás bien? ¿Te hicieron algo a ti? —Mason se acercó a mí, inspeccionando mi rostro con urgencia.

Negué.

—Estoy bien, gracias.

Al fin había terminado todo.

Los guardias sacaron a todos, excepto a mí. Me dispuse a levantar a Martin, que seguía dormido sobre el asiento. Pasé uno de sus brazos por mi cuello y caminé con él hacia la salida.

—¿Se ve muy mal? —preguntó Scott mirando a Logan.

Todos estaban golpeados. Todos… excepto Mason que ya se colocaba su chaqueta.

Aunque lo había escuchado quejarse, o tal vez lo imaginé.

—¿Cómo diablos llegaron a eso? —preguntó Mason mientras todos se recargaban en la pared.

—Ese chico me golpeó sin razón —empezó Scott—. Su chica estaba conmigo, yo no tengo la culpa.

—Vayamos a casa antes de que vuelvan —dijo Daniel—. Mi rostro no aguantará más.

Reí por su pésimo chiste.

—Los dejaré en casa y después pasamos a la tuya, ¿te parece? —me preguntó Parker.

—No, no, no te preocupes —dijo Martin abrazándolo—. Mason me va a llevar. La podemos dejar de pasada, ¿verdad?

Tiró de él y Mason asintió.

—No los quiero molestar —empecé a decir.

—No, Jade —intervino Martin—. Tú me cuidaste hoy. Nosotros te llevamos.

Mason casi cargaba a Martin, que se sostenía de su hombro

—Si a Jade le parece bien, no veo por qué no —dijo Parker.

Mason me miró.

—Está bien —respondí—. Será mejor. Debes descansar después de esto.

Señalé su rostro golpeado.

—Solo necesitaré un beso y estaré bien —dijo, tomándome de la cintura.

Me dio un beso corto.

—O tal vez dos.

Reí y me volvió a besar.

Martin carraspeó. Me despedí de Parker antes de caminar con ellos hacia el auto de Mason.

—¿No prefieres que manejé yo? —pregunté cuando ya estábamos dentro.

—Yo no he tomado.

Asentí y miré hacia donde los chicos subían al otro auto.

—Qué bueno que dijiste que sí, Jade —empezó Martin—. Eso pone feliz a Mason.

Las palabras se le pegaban unas con otras.

—Duérmete mientras llegamos, Martin —reí al ver cómo Mason intentaba callarlo.

—Ya dormí lo suficiente —continuó—. Cuéntale a Jade lo de hoy.

—¿Qué sobre hoy? —pregunté.

Estaba tan ebrio que dudaba que supiera de qué hablaba.

—No hagas caso —respondió Mason.

No sonó restándole importancia. Sonó nervioso.

—Sobre la luz —rió Martin—. Christian cortó la luz hoy.

Miré a Mason. Evitó verme.

—Mason me dijo que él se lo pidió, ¿verdad? —preguntó Martin.

Mason no respondió.

Me giré hacia él. No dijo nada.

Entonces volví la mirada hacia la ventana.

—Jade…

—No digas nada —lo interrumpí—. Solo quiero llegar a casa, por favor.

Asintió.

Todo había sido un plan.

Y claro… de Mason.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.