El resto del camino ninguno dijo nada.
Martin volvió a quedarse dormido y la música de fondo se encargó de cubrir lo que, de otro modo, habría sido el silencio más incómodo de la noche.
Mason detuvo el auto frente a una casa de altos. Bajó y abrió la puerta trasera.
—Cárgame —se quejó Martin.
—Levanta el trasero, Crowell, no te voy a cargar —murmuró
Miré por el retrovisor cómo lo jalaba fuera del auto y lo llevaba hasta la casa. Tardó unos minutos más adentro antes de regresar.
Mi celular vibró.
“Ya estamos en casa, ¿tú también?”
Parker
Volví la vista al frente.
Desde que Parker y yo habíamos vuelto a salir, descubrí cuánto lo había extrañado nuestra rutina. A él… y a todo lo que éramos. Ahora teníamos, por fin, la oportunidad de una relación estable. No podía echarlo a perder.
“Voy en camino”
respondí.
—Lo que dijo Martin…
—Solo quiero llegar a casa ya, Mason, por favor —me limité a decir.
Quiso agregar algo más, pero se contuvo. Cinco minutos más de silencio se extendieron entre nosotros. Por el rabillo del ojo noté un movimiento extraño, su mano cubría su costado izquierdo… o eso parecía.
—Gracias —dije cuando se detuvo frente a mi casa.
Bajé del auto buscando las llaves en mi bolso.
—Espera, Jade —dijo.
Salió del auto y corrió hasta mí.
—No voy a dejar que pase otro mes y que sigamos sin hablar.
Baje la vista… hasta su cadera.
—Mason, estás sangrando.
Mis ojos se enfocaron en la mancha oscura que su mano intentaba cubrir.
—Solo es una cortada, estoy bien —le restó importancia.
—Déjame ver.
Con la poca luz de la calle intenté observar mejor. No distinguía la herida con claridad, pero la playera tenía un tajo enorme. Si lo había alcanzado con la navaja.
—Jade, yo…
—Si no limpias la cortada será peor —lo interrumpí, ahora mismo, prefería esto a lo que tenía que decir—. Vamos, yo te ayudo.
Abrí la puerta y le hice señas para que pasara.
Ya dentro, entendí por qué se había colocado la chaqueta, planeaba esconder su herida.
Pero... ¿Era correcto lo que hacía?
Permitir que Mason volviera a estar cerca era un riesgo. Ahora estaba en una relación.
—Espérame aquí, voy por el botiquín—sentencié.
—¿Cómo estuvo tu cita? Estoy segura de que ya se debieron de haber… —Kate salió de la habitación.
Interrumpiéndose de golpe, al ver quien estaba en la sala
—Mason… no sabía que estabas aquí —dijo, después de lanzarme una mirada rápida que evité—. ¿Qué mierda te pasó?
Señaló la sangre de su playera.
—Scott tuvo la gran idea de coquetear con una chica con novio —empecé—. El tipo se dio cuenta y hubo una pelea.
—¿Y el resto? —preguntó mirando hacia la entrada.
—Parker los llevó a casa. Para que no regresara por mí, Martin y Mason se ofrecieron.
Kate asintió lentamente, conocía esa mirada, ya debía haber sacado conclusiones.
—¿Sabes dónde está la caja con el alcohol?
—Creo que en mi habitación, ya voy por ella.
Asentí agradecida y fui a lavarme las manos.
—No sabía que vivían juntas —dijo Mason al fin.
—Después de su concierto se mudó aquí —respondí sin más.
Asintió.
—Aquí está —dijo Kate dejando el botiquín sobre la mesa—. Creo que me iré a dormir. Que te mejores, Mason. Buenas noches.
Antes de irse, me lanzó una mirada clara de: mañana quiero saber todo.
Solté un suspiro.
—Quítate la playera.
Abrió aún más los ojos sonriendo burlón
Me giré fingiendo buscar algo en el botiquín. No fue hasta entonces que noté el doble sentido de mis palabras.
Cuando me giré de nuevo, ya estaba sin la playera. Me obligué a fijar la vista solo en la herida.
—Mierda —se quejó cuando apliqué el líquido—. Jade…
—Ahora no, Mason.
Seguí limpiando la sangre.
Con una mano detuvo mi muñeca.
—Igual no me iré hasta que me escuches.
Su mirada buscaba la mía. Yo me negaba a levantar la cabeza.
Solté el aire y dejé el algodón a un lado.
—Tienes dos minutos.
—El día que hablamos...—comenzó—. Estabas perdida en tus pensamientos. Me contaste todo tu dolor.
Lo recordé.
—Ese día decidiste perdonar.
Levanté la mirada. Él no apartaba la suya.
—Tú me ayudaste a hacerlo —le recordé, ¿De verdad se alejo por eso?
—Porque mientras más te ayudaba, más me daba cuenta de que estabas dispuesta a volver con él.
No respondí.
—Ese día entendí que, si lo perdonabas, lo que fuera que tuviéramos iba a desaparecer.
Bajé la cabeza.
—Fue egoísta pensar así, pero es la verdad. Y si eso era lo que querías, yo me haría a un lado… y lo hice.
—Entonces, ¿por qué lo de hoy? —pregunté.
—Porque fui un imbécil —sonrió con tristeza—. Me tardé tres semanas en darme cuenta de que verte con Parker, verlos salir, reír, hablar… me molestaba más de lo que creí posible.
Suspiró.
—Intenté acercarme a ti, pero siempre aparecía Parker. Le pedí ayuda a Christian y lo único que se nos ocurrió fue hacer eso.
—Me acabas de decir que eso era egoísta.
—Pero también es cobardía si no lo enfrentaba —completó.
—Mason, es tarde —rompí el silencio.
Tomé el algodón de nuevo y terminé de limpiar la herida. Mientras guardaba todo en el botiquín.
—Eso pensaba hasta que vi que tus ojos siguen brillando cuando estamos juntos.
Negué bajando la cabeza.
—Basta, Mason. No puedo seguir con esto.
Respiré hondo.
—Ahora Parker y yo somos novios. Y voy a cuidar de esa relación.
Por un segundo noté un cambio en su mirada… pero lo recompuso enseguida mientras se colocaba de nuevo la playera.
—Te creeré cuando lo digas con seguridad.
Se levantó y tomó la chaqueta del sillón
—Descansa, Jade.
No dijo nada más, solo salió por la puerta.
Caminé hasta ella con la intención de llamarlo, de gritarle que todo lo que decía solo me confundía más, que había algo en estar con él que no estaba encontrando en Parker… pero no lo hice. Me recargué en la puerta.
Editado: 31.01.2026