La Teoría de Tenerte

Capítulo 77

Ya era martes.

Después de la escena que viví con Parker, lo último que escuché fue un portazo. Luego, Kate corrió a mi habitación y, aunque pensé que al día siguiente estaríamos bien… me evitó.

Ahora asumía que todos sabían que estábamos peleados.

—¿Me estás escuchando? —preguntó Fred en tono burlón.

—Perdón, estaba pensando en otra cosa. ¿Qué decías? —me obligué a volver a la libreta que le había entregado.

—Amiga, debes hablar sí o sí con Parker ya —esta vez habló más serio—. Te decía que esta idea para el sencillo me gusta más, pero esta de acá se siente más innovadora.

Miró ambas páginas con atención.

Había recurrido a la ayuda de Fred porque necesitaba una segunda opinión. Tenía varias ideas para las carátulas, muy distintas entre sí, y debía decidirme por una para empezar a trabajarlas en digital.

—¿Y si las mezclamos? —propuso, ladeando la cabeza mientras volvía a tomar el cuaderno.

Volví a observar los bocetos.

La primera idea era un corazón; alrededor de él había reglas, fórmulas y ecuaciones intentando hacerlo perfecto, simulando lo imposiblemente perfecto.

La segunda mostraba una pareja de espaldas, apenas delineada.

No se miran, pero sus sombras se proyectan hacia el centro y se tocan.

La sombra de ella es incompleta: a la altura del pecho hay un espacio en blanco mientras la sombra de él, tiene ese vacío lleno… pero no es suyo, se nota que está “mal encajado”, como si no perteneciera ahí, y fuera completamente perfecto para ella.

Hice un par de modificaciones rápidas.

Un corazón flotando en el centro, simbólico. Alrededor del corazón hay líneas finas, como bocetos técnicos: reglas, medidas, fórmulas incompletas, ecuaciones tachadas.

Nada está terminado. Todo parece un intento obsesivo por hacerlo perfecto… sin lograrlo del todo.

Detrás del corazón, casi como si fuera parte del fondo, la pareja de espaldas, apenas delineada, no se miran, pero sus sombras se proyectan hacia el centro y se tocan justo en el corazón. Bajo el mismo concepto, el corazón no encaja en el chico, porque ya pertenece a ella, hecho a su medida.

—Me encanta —asintió varias veces—. Describe perfecto la canción.

Sonreí, agradecida.

Solo tenía que pasar el boceto a digital. Tardaría un poco, pero con las ideas claras, sería sencillo. O al menos, debería serlo.

—Volviendo a lo anterior… —murmuró e intenté concentrarme en la pantalla.

Sabía lo que venía. Kate había intentado lo mismo.

Sabía que debía hablar con Parker. Lo haría, pero no encontraba el momento.

Tenía que solucionar esto antes de que fuera demasiado tarde.

—Hablaré con él —interrumpí el discurso que Fred estaba a punto de dar—. Tenemos que encontrar una solución juntos… pero ahora tengo que trabajar.

Sonó más como una respuesta para mí que para él.

—Sé que lo harás, Jade —sonrió—. Debo subir, Martin quiere intentar algo nuevo.

Asentí.

Me puse los audífonos y volví al trabajo, pero, aunque la idea estaba clara, mi mente no lo estaba. Era desesperante saber exactamente qué hacer y aun así no lograr avanzar.

Suspiré y levanté la vista. Habían pasado varias horas y comenzaba a escuchar a los chicos bajar del estudio.

Tomé de nuevo la libreta.

Aún me faltaba trabajar la idea para The Kings. Retomar.

Intenté imaginar la mejor escena para esa canción, pero no podía ni siquiera recordar la letra completa. No como la otra, que ya conocía de memoria.

¿Puedes venir a mi oficina?

Escribí, esperando que apareciera.

—¿Alguien pidió un chico guapo en esta oficina? —dijo Scott, apoyándose en el marco de la puerta.

Reí.

—En realidad llamé a Scott —bromeé.

Rodó los ojos mientras entraba.

—Muy graciosa —se sentó frente a mí—. Dime.

Apoyó los codos en el escritorio.

—Necesito que me muestres la canción de nuevo —admití con una sonrisa tímida.

—¿No te la has aprendido? —se llevó una mano al pecho, fingiendo ofensa—. Pensé que era tu favorita.

—Las dos me gustan —me defendí—. Pero mi memoria falla… anda, muéstramela otra vez.

Hice un puchero.

—¿Y por qué no se lo has pedido a Parker? —me miró con los ojos entrecerrados.

Desvié la mirada.

—¡Siguen peleados! —exclamó.

Le di un golpe en el brazo.

—¡No lo grites! —me quejé—. Aún no hablamos… por eso te hablé a ti.

—Pues le acaba de asegurar a los demás que ustedes están bien —fruncí el ceño—. Martin le preguntó por ti y dijo que están mejor que nunca.

Se quedó pensativo.

—Incluso se lo afirmó a Mason.

—Ah, claro —respondí con sarcasmo—. Si “mejor que nunca” es no hablarnos al segundo día de ser novios, entonces estamos excelentes.

—Todos ya se están yendo —dijo—. Deberías ir a hablar con él. Además… —me miró con una sonrisa torcida— creo que él se sabe la letra mejor que nadie.

—¿Por qué?

—Porque es para ti.

—¿Cómo que es para mí? —pregunté, abriendo los ojos.

—Vamos, Jade —rió—. Retomar… ¿no te suena a su relación?

Sentí cómo todo encajaba de golpe.

Ahora entendía muchas cosas, su inseguridad, su miedo. Por que se molesto tanto cuando dudaba de viajar juntos. Si por alguna razón el destino, la vida, el tiempo... que se yo, izo que regresáramos, ¿Era una señal? Que debía arriesgarme, jugármela por él, ¿por lo nuestro? Es eso lo correcto

—Debo ir a buscarlo —me levanté de la silla y salí de la oficina.

Tal como Scott había dicho, todos estaban saliendo. Lo busqué cerca de la entrada, pero no estaba ahí.

Subí al estudio.

—¿Parker? —pregunté en el pasillo.

Escuché una guitarra dentro.

Debía estar ahí.

—Parker, necesito hablar sobre…

Me callé al instante.

No era él.

—Creo que estás equivocada —dijo Mason, levantándose del pequeño escalón donde estaba sentado.

—Lo siento, no quería interrumpir —di media vuelta.




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