La Teoría de Tenerte

Capítulo 78

—¡¿Qué hiciste qué?! —Kate no se tomó nada bien la noticia.

Seguí cepillando el espeso pelaje de Thor, concentrada en el movimiento repetitivo, como si eso pudiera ordenar también mis ideas.

—Jade, no sé qué está pasando contigo —continuó—, pero estoy segura de que no quieres hacer eso.

—Debo hacerlo —la miré por fin—. Si quiero que esto funcione, debo…

—No —me interrumpió—. Para que una relación funcione no tienes que forzar nada. Hizo una pausa, respirando hondo— No puedes dejar lo que te gusta por un chico. Y mucho menos atarte a algo que no quieres.

Me levanté, sacudiendo los pelos de mi ropa.

—No es tan repentino —dije, buscando su mirada—. Sabes que cuando termine el contrato no tendré nada más en ese lugar.

—Sabes mejor que yo que no es así —respondió—. Tú misma me lo contaste, Christian prometió seguir trabajando juntos. Es solo un tema de contrato.

Bajé la mirada.

—Pero no es nada formal —suspiré—. Será lo mismo tener algo informal aquí que en China.

La miré otra vez.

—Y necesito que me apoyes en esto.

Mi voz salió más baja de lo que esperaba.

Kate se quedó en silencio. Sabía que tenía mil argumentos mejores que los míos

—¿Y Mason? —preguntó de pronto.

Me quedé helada.

Solté un suspiro largo.

—No hay nada más con él —dije—. Tal vez ni siquiera lo vuelva a ver, y es lo correcto. Ahora estoy con Parker… y lo que sea que tuvimos ya no existe.

El silencio se alargó.

—Si esa es tu decisión —dijo al fin, resignada—, te voy a apoyar.

Le sonreí, agradecida… aunque no del todo convencida.

Mi último trabajo sería terminar el proyecto de las carátulas.

—Voy a salir —cambié de tema—. Necesito aclarar ideas para el trabajo.

Le mostré el celular y los audífonos.

—Ve —asintió—. Yo me quedo aquí trabajando.

Salí de la casa.

Subí al auto. Esta vez no iría al mismo lugar de siempre. Tal vez otro entorno pudiera inspirarme más.

Me detuve en un estacionamiento. Necesitaba caminar; el auto no podía llevarme a donde buscaba.

Tomé la cámara y avancé unas calles. Había callejones llenos de color, murales desgastados, luces que caían de forma imperfecta. La luz del día se tornaba naranja, así que aproveché cada segundo.

Mientras fotografiaba, una pareja se acercó. Logré convencerlos de posar… pero lo que terminó llamando mi atención fue su historia.

Se conocían desde hacía años. Habían terminado más de una vez, pero aprendieron a reencontrarse. Él no vivía ahí, pero cada vez que podía la visitaba, y eso hacía la distancia un poco más fácil.

Las fotos me encantaron.

No eran poses forzadas ni sonrisas perfectas. Todo fue improvisado. Él llevaba una patineta; le pedí a ella que intentara subirse. Cayó un par de veces, riendo, y él siempre estaba ahí, listo para ayudarla a levantarse… sin empujarla, sin obligarla a intentarlo de nuevo.

Ahí lo entendí.

La canción no era solo romántica, era motivadora.

Era quedarse… sin imponer.

—Debería pagarles por cómo me acaban de ayudar hoy —dije, buscando mi cartera.

—No, por favor —negó ella—. Nos diste un momento muy divertido.

Él se acercó por detrás y la rodeó con los brazos.

—De verdad, no es necesario —añadió—. Estamos ansiosos por ver esas fotos en la canción.

Asentí, emocionada.

—Les van a encantar, se los prometo —sonreí—. Debo irme ya.

Miré el celular.

—Gracias de verdad.

Caminé de regreso al auto.

Había sido productivo. Solo faltaban algunos ajustes de luz y estaría listo.

Y aun así…

Mientras más avanzaba en el proyecto, más sentía que me alejaba de esta ciudad.

Conduje de vuelta a casa. Ya estaba anocheciendo y, después de un día tan largo, lo único que quería era dormir.

Dormir… y no pensar en nada más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.