Al fin había terminado.
No más pendientes en esta oficina.
—Tárdate mil años —le susurré a la computadora mientras enviaba las fotografías finales para las carátulas.
Como si quisiera llevarme la contraria, tardó solo unos segundos.
Parker y los chicos ya estaban de vuelta en Arizona. Arreglarían los últimos detalles y todo se acabaría al fin. Iría con ellos por Europa.
O al menos eso era lo que me repetía.
Siendo sincera, estaba distante de todo. Ni siquiera podía estar cerca de Kate; bastaba verla para sentir un nudo en la garganta, para querer decirle que no sabía lo que quería… o peor, que sí lo sabía y aun así no podía aceptarlo.
Encerrarme en la oficina se volvió mi refugio. Lejos de todos. Lejos de cualquier cosa que pudiera hacerme dudar.
Respiré hondo y me levanté. Ya no podía postergarlo más.
Caminé con paso firme hasta la oficina de Christian. Lo mejor era decírselo de una vez.
—¿Se puede? —toqué la puerta.
—Jade —se sorprendió—. Siento que no te veo desde hace semanas.
Bromeó. Yo apenas logré sonreír.
—Pasa —señaló el asiento frente a su escritorio.
—Necesito hablarte de algo —comencé.
—Te escucho —dejó el celular a un lado.
Extrañamente, tuve un déjà vu.
—Mi contrato está por terminar… y he decidido irme de la ciudad —dije, intentando que sonara firme.
Christian se quedó en silencio. Su expresión neutra me puso aún más nerviosa.
—¿Christian? —pregunté, temiendo no haber sido clara.
—Estoy esperando que me digas que es una broma.
Negué con la cabeza.
Soltó un suspiro lento.
—Bien… esperaba todo, excepto esto —cruzó las manos sobre el escritorio.
—Tengo otros planes ahora —continué—, pero me aseguré de dejar todo mi trabajo terminado.
—¿Esto es por el contrato? —preguntó—. No puedo prometerte otro, pero el trabajo seguirá…
—No es por eso —lo interrumpí—. Voy a viajar y no puedo comprometerme con la banda ahora.
El ambiente se tensó tanto que sentí un leve dolor en la cabeza.
—Lo comprendo —asintió, resignado—. Espero que, si en algún momento regresas a la ciudad, recuerdes que aquí tienes un lugar.
Asentí.
—Pero eso sí —añadió—: debes ser tú quien se lo diga a los chicos.
Tragué saliva.
—Lo haré ahora.
Me levanté y extendí la mano.
—Gracias por la oportunidad, señor Brown.
Sonrió y tomó mi mano.
—Gracias a usted, señorita Steele.
Recordé mi primer día.
Y luego salí de su oficina.
Con cada paso, las voces se escuchaban más fuertes. Risas, acordes sueltos, comentarios al aire. No podía dejar de pensar en todo lo que había pasado en tan poco tiempo.
Cuando al fin estuve frente a ellos… me congelé.
—Ven, Jade, escucha esto —Logan tomó mi mano y los chicos comenzaron a tocar. Una melodía demasiado feliz—. Es buena, ¿no?
Asentí, sonriendo como pude.
—Necesito hablar con ustedes.
Busqué a Mason con la mirada. Estaba de espaldas, guitarra en mano, tocando acordes distraídos.
—Hazlo —me animó Martin.
—Mi contrato termina en dos días —dije, haciendo una pausa.
—Pero continuarás con libre decisión, ¿no? —preguntó Frank.
—No podré hacerlo —respondí—. Me iré de la ciudad por un tiempo… así que no puedo seguir trabajando con la banda.
El silencio cayó de golpe.
Miré a todos a mi alrededor. Nadie dijo nada. Mason había dejado de tocar, aunque seguía de espaldas.
—¿Entonces te vas? —preguntó Nathan.
Asentí.
—Espera —intervino Martin—. Dijiste que te vas de la ciudad… ¿Viajas?... ¿A Europa? ¿Con Parker?
No respondí directamente.
—Espero que me entiendan, chicos —dije—. No podía irme sin decírselos. Trabajar con ustedes me hizo muy feliz.
Sonreí.
—Gracias por todo.
Me levanté, sabiendo que no sería fácil para ninguno.
Estaba por salir cuando Martin me giró y me abrazó. Detrás de él vinieron Logan, Nathan y Frank.
—Te vamos a extrañar —dijo Martin—, pero si esto te hace feliz, está bien.
—Y el gracias es para ti —añadió Frank—. Fuiste parte de lo que nos ayudó a volver.
Sonreí una vez más.
Cuando nos separamos, miré alrededor.
Mason ya no estaba.
Y ahora… ahora sí tenía que irme.
Editado: 31.01.2026