La Teoría de Tenerte

Capítulo 81

No había podido dormir pensando en lo que le diría a Parker.

Ni siquiera fui capaz de contestar sus llamadas; me limité a enviarle un “Te espero en mi casa”.

Miré la hora: nueve de la mañana.

Debían faltar solo minutos para que tocara la puerta.

—Jade —me sobresalté en la cama—. Tranquila, soy yo —bromeó Kate desde la puerta—. Parker ya está aquí.

La miré mal, aún medio dormida… o medio aterrada.

—¿Qué? —me incorporé de golpe—. ¿Te dijo algo?

—Me preguntó por qué no has sacado tus maletas —respondió más seria—. Estaré en mi cuarto. Si las cosas se complican, salgo, ¿bien?

Asentí sin decir nada. Me levanté y me miré al espejo.

Mientras caminaba hacia la sala pensé en todos los escenarios posibles, en todas las frases que había ensayado… y en lo poco que servían ahora.

—Hola —saludé al verlo sentado en el sillón.

—¿Jade? —se levantó—. ¿Por qué aún no estás cambiada?

—Creo que debemos hablar —dije, directa.

—Hablemos mientras subimos las maletas al auto —se acercó para besarme, pero mi cuerpo reaccionó antes que yo y giré el rostro.

No era justo fingir que nada estaba pasando, porque si, seguro después de esto. Jamás me perdonaría.

—¿Está todo bien? —preguntó con preocupación, y eso solo empeoró todo.

—No estoy lista —confesé.

Frunció el ceño, confundido.

—¿Me estás escuchando? —pregunté, temiendo la respuesta.

—Sí… pero necesito saber para qué no estás lista —habló con calma—. ¿No estás lista para viajar? —hizo una pausa—. ¿O no estás lista para seguir con lo nuestro?

Bajé la mirada.

Esto no mejoraba.

—No estoy lista —repetí—. Para viajar y... —solté en un suspiro—. Lo siento mucho, Parker, pero creo que estamos… forzándolo todo. Y no creo que así funcionen las relaciones. Creo que estamos avanzando muy rápido y... necesito más tiempo.

Guardó silencio unos segundos antes de hablar.

—Cuando llegué aquí sabía que existía la posibilidad de encontrarte —comenzó—. Pero jamás pensé que sería tanta la casualidad de que fuera en el trabajo —rió apenas, sin humor—. Pensé que estabas igual de emocionada cuando regresamos, pero cuando te besé… —se detuvo— sentí que querías que fuera otro.

Negó con la cabeza, mirando a otro lado.

—Lo intenté, Jade. Pero esto es cosa de dos... Esto en verdad no va funcionar —hizo una mueca— Se que me pides tiempo, pero... —suspiró— También sé que es mentira, y está bien. Es mejor terminar ahora que en plena gira, ¿no crees?

Hice una mueca de pena, ha dicho lo que tanto me costaba decir, y estoy de acuerdo con ello, lo que no se como me hace sentir

—Esto no se vuelve más fácil para mí —admití.

Miró alrededor de la casa, luego a mí. Suspira profundo.

—Solo dime la verdad —titubeó—. ¿Es porque te gusta demasiado esta ciudad… o porque tenía razón y hay alguien más?

El silencio se volvió espeso.

Ambos sabíamos a quién se refería.

—Es por mí —respondí al fin—. Todas mis decisiones deben partir de mí, y creo que ya es momento de hacerlo.

Asintió lentamente.

—Espero que lo logres.

Miró su celular, luego el pase de avión que sostenía. Me removí incómoda.

Mis dudas lo habían hecho perder tiempo y dinero, lo que no ayudaba en hacerme sentir mejor.

—Creo que ya debo irme —dijo—. Y… esta vez supongo que si es un adiós definitivo.

Asentí.

—Déjame pagar los boletos, por favor —busqué mi bolsa con desesperación.

—Déjalo así, Jade —tomó uno de los pases—. Aún faltan dos horas para el vuelo.

Lo dejó sobre la mesa de centro.

—Si por alguna razón cambias de opinión, espero que tomes el vuelo. Y si no… te deseo todo lo mejor.

Se giró hacia la puerta.

—Espero que encuentres lo que tanto te mereces —dije antes de que saliera.

Se quedó quieto unos segundos, sin mirarme. Asintió… y se fue.

Sabía que estaba haciendo lo correcto, pero la culpa me pesaba como si no lo fuera.

Tomé el pase de avión que dejo sobre la mesa. Algo cayó de él.

Un pequeño papel amarillo.

“Esta aventura es la primera de muchas más.”

Eso no ayudó.

Hubiera preferido que me gritara, que me odiara, que me dijera que no quería volver a verme. Esto solo lo hacía más difícil.

—La culpa no te va a hacer sentir mejor —dijo Kate sentándose a mi lado.

—Pero tampoco quiero saltar de felicidad —dejé la nota donde estaba.

—Recuérdate esto —me miró—. Si hubieras subido a ese avión, él habría sufrido más. Quédate con que le ahorraste ese dolor.

Asentí.

Solo pido... que realmente encuentre quien lo quiera tanto como se merece.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.