La Teoría de Tenerte

Capítulo 82

Terminé de enviar las fotografías faltantes para la carátula de The Kings.

Seguramente Parker ya debía estar con ellos.

No tenía cara para ver ni hablar con ninguno. Scott me había escrito sobre cómo me sentía, aunque me limite a escribir un “lo siento, pero ahora no es buen momento”

Era mejor dejar pasar un tiempo. No quería convertirme en una distracción ahora que estarían en medio de una gira.

—Levántate ya mismo, Jade —Kate me quitó la laptop de la cama y jaló las cobijas—. Llevas ahí desde que tuvimos la plática. Necesitas activarte, hablar con Christian y volver al trabajo.

—Lo haré… pero no ahora —respondí—. Solo estoy enviando los pendientes de las carátulas.

Mi ánimo no estaba precisamente alto.

—Te propongo algo —la miré—. Vamos de compras.

Me cubrí el rostro con la almohada.

—No hagas eso —se quejó entre risas—. Te distraes tú y a mí me ayudas a elegir algo para…

Se quedó en silencio.

—¿Para qué? —aparté la almohada—. Kate…

Jugueteó con sus uñas unos segundos.

—No había podido decirte estos días, pero quería pedirte permiso para que Ned se quede aquí unos días —soltó la última parte rápido, como si así doliera menos.

—¿Permiso? —alcé una ceja—. ¿Y desde cuándo me tienes que pedir permiso?

Analizó mi expresión, luego suspiró.

—Kate, esta también es tu casa. Puedes traer a quien quieras —sonreí—. Pero eso sí —la señalé—, no frente a Thor.

Su rostro se tiñó de rojo de inmediato y solté una carcajada. Me lanzó otra almohada de vuelta.

—Mejor cámbiate ya —dijo saliendo del cuarto.

Me quejé en voz baja antes de meterme al baño. Me di una ducha rápida, como si el agua pudiera ordenar algo dentro de mí.

Después me puse un pantalón negro, un suéter color almendra y tenis del mismo tono. Nada complicado.

Cuando salí, Kate ya me esperaba en su auto.

—¿Cuándo llega? —pregunté, rompiendo el silencio.

—Hoy es viernes —hizo el gesto con una mano—. El lunes toma su vuelo y llega por la noche.

Reí al notar lo bien que llevaba la cuenta.

—Tendré que hacer planes si no quiero ser el mal tercio —miré por la ventana.

—No lo eres ni lo serás —dijo—. Además, seguramente cuando eso pase tú estarás en la disquera.

No supe por qué, pero cada vez que lo decía sentía un pequeño pinchazo, como si ellos ya no me necesitaran, o yo ya no perteneciera ahí.

—Tal vez —me limité a decir.

Llegamos al centro comercial. Para ser fin de semana, no estaba tan lleno.

—Espero que vengas preparada, porque esto puede tardar —dijo emocionada.

—Eso creo —sonreí.

Apenas entramos, Kate se fue directo a la sección de ropa interior. Yo, en cambio, me detuve frente a un vestido de gala.

Sin querer, pensé en Mason.

En cómo se ofreció a pagar por el vestido, jamás entendí por qué insistió tanto.

—¿Le interesa, señorita?

Me giré.

—Lo siento, yo no... —respondí, hasta que reconocí el rostro frente a mí—. ¡Rosa!

La abracé de inmediato.

—¡Me enteré de tu nuevo trabajo! —seguí mientras me devolvía el abrazo.

—No sabes lo feliz que estoy —nos separamos un poco

Miró hacia donde estaba Kate.

—¿Ella está…?

—Es una historia larga —reí—. Creí que estabas fuera de la ciudad.

—Lo estoy, pero aproveché el fin de semana para venir por lo que me faltaba… y comprar algo de ropa extra.

—Opinión extra —intervino Kate, abrazándola—. Ahora dime… ¿con encaje o sin encaje?

Levantó dos prendas y las tres reímos.

Por un momento, ese momento fue regresar a como si la rutina continuara normal, aunque no fuera así.

Y esto… apenas empieza.




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