La Teoría de Tenerte

Capítulo 83

—No te creo —dijo Rosa cuando terminé de contarle lo ocurrido en los últimos meses.

Asentí, dándole el último sorbo a mi bebida.

—¿Por qué rayos no habíamos hablado? —añadió, aún sorprendida.

Miré la vista frente a nosotras. Ya era tarde, pero el tiempo se me había ido sin darme cuenta. Habíamos pasado horas caminando, ayudando a Rosa y a Kate con sus compras, y poniéndonos al día de todo lo que no dijimos cuando debimos hacerlo. Ahora, al fin, estábamos sentadas comiendo.

—Eso nos da tema de conversación —reí, sin mucha emoción.

—Apóyame en esto —Kate se giró hacia Rosa—. Imaginemos algo, tu sueño de toda la vida es que la gente conozca tu trabajo, pero en algo que también amas.

Rosa asintió.

—Ahora —continuó Kate— regresa un amor del pasado.

Rodé los ojos, sabiendo perfectamente a dónde iba.

—Y dejas todo por él, pero —remarcó la palabra— también a alguien que encontraste en el camino, que te ha hecho sentir mas de lo que deberías.

Bebí de mi vaso mientras Rosa escuchaba atenta.

—Cuando al fin decides que irte, no es lo correcto y dejas ir a ese “amor”, ¿qué haces? —preguntó Kate.

—Sin dudarlo, recupero lo que dejé ir —respondió Rosa, como si fuera lo más obvio del mundo.

—¡Exacto! —Kate celebró—. Ayúdame con ella.

Me señaló. Negué con una sonrisa cansada.

—Para empezar, no “dejé todo” —hice comillas con los dedos—. Mi contrato terminó. Y sobre Mason…

—Yo nunca dije nombres —interrumpió Kate, fingiendo una tos.

—El caso es que no hay nada —continué—. No tengo trabajo ni nada romántico ahora mismo.

—¿Entonces no volverás a la disquera? —preguntó Rosa.

—El problema no es volver —suspiré—. Es que ya no tengo contrato. Y dime tú, ¿qué clase de persona confía en alguien que dice que se va y al día siguiente vuelve queriendo que todo sea igual?

Rosa asintió, comprendiendo.

—¿Y eso no se arregla hablándolo? —preguntó con una sonrisa suave.

—¡Qué falta hacías! —Kate chocó su vaso con el de Rosa.

Yo solo reí, negando con la cabeza.

No había forma de ganar una discusión cuando se aliaban.

—Bien, lo haré —cedí al fin.

Las dos festejaron.

—Pero será la próxima semana —añadí.

Kate entrecerró los ojos.

—Lo prometo —levanté la mano en rendición

—Perfecto —dijo Rosa—. Entonces tenemos un caso resuelto, además a Kate, más enamorada que nunca…

—Oye —se quejó.

—…yo, con un trabajo que me tiene feliz —continuó— y tú, pendiente de enfrentar lo inevitable.

Miró su celular.

—Debo ir a casa de mi madre. Aquí está mi parte —dijo, dejándonos el dinero—. Y las llamaré luego, porque aún queda pendiente saber qué pasó después.

—Así será —dijimos Kate y yo al mismo tiempo, levantándonos para despedirla.

Nos quedamos unos segundos viendo cómo se alejaba.

Después de un rato, salimos del lugar.

—Hoy fue un día productivo —dijo Kate, orgullosa—. Te distraje, compré ropa nueva… eso vale por diez.

Reí.

—Gracias, Kate —le dije—. Por ser tan sincera.

—Para eso somos amigas —me dio un empujón ligero.

El camino de regreso fue más liviano. Al entrar a casa me sentía mejor. Thor saltó directo a mis piernas. Me faltaba esa dosis.

El resto del día pasó sin planes. Thor tenía demasiada energía, así que armamos un pequeño circuito para jugar. Al final, la agotada fui yo, pero el terminó tan cansado que me abandonó para irse a dormir con Kate.

—Así alimentes y quieras a tu perro como a nada, igual te cambiará por dormir —murmuré entre risas.

Lo que quedaba del día me dejó pensando en cómo regresar. Una parte de mí quería estar ahí desde el lunes a primera hora, la otra quería esconderse y que nadie la encontrara.

Definitivamente debía hacer lo primero.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.