Trataba de ordenar mis pensamientos; era raro hablar de todo esto, y más aún con ellos mirándome como si esperaran una confesión de pies a cabeza.
—Sí, es ese mismo Parker —respondí a la última pregunta—. Y sobre lo que decías… —me dirigí a Martin— ahora...
—Jade, ven un momento —interrumpió Christian al regresar al lugar.
Martin se quejó de inmediato.
Más salvada, imposible.
Me levanté como si me quemara el asiento, y caminé hacia la puerta detrás de él.
—¡Me lo terminarás contando! —gritó Martin antes de que saliera.
Negué con una sonrisa automática.
Cuando estuvimos dentro de la oficina de Christian, me senté frente a su escritorio, cruzando las manos sobre mis piernas. Él hizo lo mismo después de cerrar la puerta.
—Necesito plantearte todo de nuevo —comenzó, mirando un papel—. Sabes que no tengo control total sobre quién se queda y quién no.
Asentí, ya con el nudo conocido en el estómago.
—Pero el trabajo que has venido haciendo los tiene felices —continuó.
—Me alegra que sea así —respondí, aunque los nervios ya habían vuelto a apoderarse de mí.
—Lastimosamente, no se pueden dar el lujo de crear un nuevo contrato —dijo con un tono neutral—. Mira.
Me mostró la hoja. Una lista clara de beneficios y contras.
—A pesar de que no podemos contratarte, sí podemos pagarte por trabajo —explicó—. Como verás, las cantidades son mayores por tus servicios, y esta vez tienes total libertad de aceptar otros trabajos o no. Los horarios son completamente flexibles.
Señaló una línea específica del documento.
—Yo lo veo muy innecesario por el tiempo que llevas aquí—bromeó—, pero implica que, al no estar bajo contrato, tendrás que firmar un acuerdo de confidencialidad por las canciones. Ya sabes… si cuentas algo, podrías quedar completamente fuera y blah, blah.
No pude evitar reír por su forma tan poco solemne de explicarlo.
—¿Entonces? —preguntó.
—Solo una duda —dejé la hoja sobre el escritorio—. Sé que esto es variado, pero necesito saber el mínimo de eventos que habrá.
Christian formó una sonrisa.
—Eso me lleva a otra cosa que necesito tu opinión.
Se levantó, miró por el pasillo y luego cerró la puerta con cuidado.
—Primero… ¿qué rayos pasó?
Olvidé que Christian era igual a ellos.
—Y segundo —continuó—, ¿qué opinas de Alessa?
Su expresión me desconcertó. ¿Por qué me veía tan burlón?
—Primero —respiré hondo— decidí quedarme aquí. No hice el viaje con Parker.
Hizo un gesto para que continuara.
—Terminamos — O bueno, tal vez él me termino a mi... por que yo fui tan cobarde que ni eso hice.
Christian se sorprendió.
—Créeme que no se los deseaba —dijo, asintiendo—. Pero de alguna forma sabía que pasaría.
Entrecerré los ojos.
—Vamos, Jade —sonrió—. Los dos conocemos a otra persona que, de estar en el lugar de Parker, habría decidido quedarse.
Me hice la loca.
—Sobre lo segundo —cambié de tema.
Christian soltó una carcajada.
—Alessa hará un trabajo increíble —dije—. Además, es muy famosa, atraerá público nuevo.
Eso era innegable.
—¿Entonces te gusta como novia de Mason? —preguntó.
Lo miré aterrada. En cuanto vi su sonrisa burlona, supe que mentía.
—Muy gracioso, ¿no? —me quejé.
—Para mí sí, para ti no tanto —siguió riendo—. Eso les pasa por tercos. Él estuvo de un humor horrible estas semanas… y vi tu cara cuando los viste juntos. Y ahora, con esta pequeña broma, confirmo las razones del por qué regresaste.
Se recargó en su asiento.
—Regresé porque me encanta este trabajo —lo corregí.
—Entre otras cosas —añadió.
Lo miré mal.
—Lo dejaremos así por el momento —dijo, buscando algo en el cajón—. Esto te pertenece.
Dejó sobre el escritorio las llaves de la oficina.
Las tomé despacio.
—Suena tonto —admití—, pero pensé que realmente ya no regresaría.
—¿Qué o quién fue para convencerte de quedarte? —preguntó.
—Mi abuela —respondí sin dudar—. Kate intentó lo mismo, pero no entendí lo cegada que estaba hasta que hablé con ella.
Me alegraba tanto seguir teniéndola.
—Hiciste bien —asintió—. Pero hiciste más que bien en contármelo a mí primero.
Se levantó y señaló la puerta.
Fruncí el ceño.
—Lo siento, Jade, pero no hay trabajo que pueda ofrecerte aquí —dijo en voz alta.
Entonces entendí.
Negué, sonriendo.
—Gracias por todo, Christian —seguí la broma—. Y no volveré por aquí, no te preocupes.
Apenas aguantó la carcajada.
Abrió la puerta de golpe. Martin y Logan casi cayeron dentro de la oficina. Christian y yo ya no pudimos contener la risa.
—Quiero pensar que todo eso fue mentira —dijo Nathan al entrar. El resto de los chicos, ya sin Alessa, los siguieron.
—Bueno, Jade aún no me confirma nada —dijo Christian, dirigiendo todas las miradas hacia mí.
Miré las llaves en mi mano.
—Veremos qué sale de esta nueva etapa —sonreí.
Los chicos se lanzaron a abrazarme.
—¿Y tú no te alegras? —preguntó Christian, mirando a Mason, que seguía apoyado en el marco de la puerta.
—Bienvenida de vuelta
Sus ojos parecían más brillantes… o tal vez era algo en ellos lo que me atrapó durante unos segundos.
Asentí en respuesta.
Esto no se vuelve más fácil.
Editado: 31.01.2026