—Ven, vamos a la cocina —tomó mi mano y me llevó con él—. Dime, ¿pizza o albóndigas?
—Me gustan las albóndigas… pero quiero ver cómo haces pizza —dije entre risas.
—¿No me crees capaz? —alzó una ceja.
Me encogí de hombros.
—Ya verás —sonrió.
En segundos sacó todo lo necesario. Lo observé buscar por dónde empezar; negué con una sonrisa mientras me recogía el cabello con la liga que llevaba en la muñeca y me lavaba las manos.
—¿En qué le ayudo, chef? —pregunté, apoyándome en la barra.
—Yo preparo la masa —dijo—. Tú puedes cortar los ingredientes.
Asentí.
Cocinamos juntos entre risas, bromas y harina volando. Mason me lanzó un poco al rostro; se la devolví sin pensarlo. Terminamos riendo como si no hubiera estado lejos por semanas.
—Entonces… cuéntame de ti —dije cuando él buscaba algo en la televisión. Las pizzas ya estaban en el horno.
—No hay mucho que contar —le restó importancia—. Tengo una hermana y una sobrina. Mis papás han vivido siempre aquí, así que tratamos de quedarnos cerca por ellos.
Hizo una pausa.
—La historia de la banda ya la conoces. Después de ellos conocí a Lucía… estuvimos un tiempo sin nada oficial y bueno, sabes el resto.
—¿Ves seguido a tus papás?
—Cada fin de semana —sonrió, como si ese detalle lo anclara—. De hecho, este sábado es el cumpleaños de mi sobrina.
Asentí.
—¿Puedo preguntarte algo? —dijo de pronto, más serio.
—Claro.
—¿Hay algo más, además del trabajo, que te haya hecho quedarte?
Su mirada se fijó en la mía, detenida, atenta. Sentí que analizaba cada gesto.
—Mi vida está aquí —respondí—. Es tonto pensar en lo que estuve por hacer por alguien que…
Me callé.
Demasiado tarde.
—¿Alguien que qué? —preguntó.
—Olvídalo, no es importante —dije rápido, girándome hacia la televisión—. ¿Ese programa es nuevo?
Cuando volví a mirarlo, estaba demasiado cerca otra vez.
—Dime que ibas a decir “alguien que no quieres” —dijo en voz baja.
Sentí el calor subir a mis mejillas.
—Dime que sí —añadió, acomodando un mechón de cabello detrás de mi oreja.
—Es difícil —mi voz salió entrecortada—. Lo quiero… pero solo como un amigo.
Sus ojos no se apartaron de los míos. Era como si me obligaran a decir la verdad sin filtros.
El sonido del horno nos sobresaltó. Fue mi salvación. De nuevo.
—Las pizzas —dije levantándome de inmediato—. Ya están listas.
—Claro —carraspeó, siguiéndome.
El ambiente no se volvió incómodo, y lo agradecí. Comimos mientras veíamos una serie. Juraría que ya la había visto antes, aunque no recordaba bien de qué trataba. Mason estaba igual.
—El chico no tiene la culpa —comentó—. No lo sabía.
—Tal vez no, pero acusó a la chica sin preguntarle —repliqué.
—Pero ella pudo evitarlo si hubiera dicho la verdad desde el inicio —contraatacó con una sonrisa.
—Tienes razón —admití.
Era ridículo cómo una serie adolescente nos tenía debatiendo.
Mi celular vibró. Era Kate. Había olvidado decirle dónde estaba.
—Hola, Kate… perdón por no avisarte antes, pero...
—Tranquila, todo bien —rió—. Me vas a matar por esto, pero olvidé decirte algo hoy.
—Dime qué es.
—Hoy es mi aniversario con Ned —dijo—. Pensaba preparar algo aquí… ¿me prestarías la casa? Yo te pago el hotel.
Parpadeé.
—Iba a preguntarte por qué, pero mejor no —dije—. Está bien, solo hay un problema.
Miré a Mason que fingía ver la serie, pero en realidad escuchaba atento.
—No tengo ropa y mañana trabajo.
—Eso no es problema, como dije, solo olvidé preguntártelo—respondió riendo—. En la cajuela de tu auto hay una maleta con ropa y todo lo necesario para sobrevivir una noche de hotel.
Negué, riendo.
—De acuerdo. No olvides alimentar a Thor… y no dejes que vea nada.
Kate soltó una carcajada.
—Todo bajo control. Gracias, Jade.
Colgué.
—¿Todo bien? —preguntó Mason.
—Sí —asentí—. ¿Conoces algún hotel cerca de la disquera?
—¿Hotel? ¿Para qué?
—Le presté la casa a Kate. Necesito dónde dormir.
Ahora que lo dije en voz alta, sonó aún más absurdo.
Frunció el ceño, divertido.
—No preguntes para qué —añadí.
—Quédate aquí —dijo, encogiéndose de hombros.
Sentí el calor subir de golpe.
—Hay un cuarto extra —sonrió.
—Creo que es mejor ir a un hotel —respondí, llevando los platos a la cocina—. No quiero incomodar.
—No incomodas —me siguió—. Al contrario. Quédate.
Su tono era distinto. Más firme.
No. No es una opción hacerlo.
Editado: 31.01.2026