La Teoría de Tenerte

Capítulo 89

—La chica está súper enamorada y él solo la odia —comenté al terminar el último capítulo por hoy. Ya era demasiado tarde y mañana trabajábamos.

—Pero en realidad sí está enamorado de ella —defendió Mason—. Al final, la identidad que ella creó… es ella misma.

Suspiré.

—Este punto lo ganas.

—¿Ves? —sonrió satisfecho.

—Es imposible ganar un debate contigo —reí—. No sabía que te gustaran este tipo de series.

—En realidad es la primera que veo —lo pensó un segundo—. No suelo ver esto, pero… me ha dado ideas para canciones.

—Eso suena bien —respondí.

Miré hacia la ventana. El cielo ya estaba completamente oscuro.

Me levanté del sillón, tomando las envolturas de comida que habíamos acumulado entre los dos.

—No, déjalo —Mason se levantó también y tomó parte de la basura—. Ve a descansar.

—Gracias por dejarme quedarme aquí —mi voz salió más baja de lo normal… y más entrecortada.

No apartó la mirada. Podía ver el brillo exacto en sus ojos.

—Al contrario —respondió—. Gracias a ti.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué?

—Por alegrarme el día.

Mis mejillas se encendieron. Su sonrisa creció.

—Buenas noches —dije, y en un movimiento rápido le di un beso en la mejilla antes de huir hacia la habitación.

—Descansa —alcancé a escucharlo antes de cerrar la puerta.

Me dejé caer en la cama con una sonrisa que no quería desaparecer.

Y, por primera vez en mucho tiempo, no me molestaba nada de lo que estaba sintiendo.

El sueño me atrapó apenas me cubrí con las sábanas.

O al menos eso es lo último que recuerdo.

Desperté más temprano de lo habitual. Me di un baño, me vestí con un suéter a rayas blancas y negras, jeans y botines negros. Sequé mi cabello, lo dejé con ondas ligeras y me maquillé apenas lo necesario.

Antes de salir, dejé el cuarto tal como lo encontré. Guardé la ropa en la maleta y la llevé a la sala.

Caminé a la cocina, donde Masón ya trabajaba con sumo cuidado

—Buenos días —saludé.

Mason no me había visto. Pegó un pequeño —pero notorio— salto y dejó caer un sartén.

—¡Dios, lo siento! —corrí a recogerlo. Por fortuna estaba vacío.

—Qué susto —rió.

—Perdón —sonreí apenada.

—Madrugué para preparar el desayuno sin despertarte… pero creo que fallé —miró detrás de él—. Bueno, al menos ya está hecho.

Me entregó una taza de café.

—Lo siento —dije—. Aunque, para tu defensa, yo quería hacer lo mismo.

Ambos caminamos a la mesa, mientras comenzábamos a desayunar tranquilos.

Era una sensación nueva: sentirme cómoda con alguien y, aun así, cuidar cada pequeño gesto como si pudiera romper algo invisible.

—Déjame ayudarte — tomó la maleta para llevarla al auto.

Salimos juntos.

—Gracias, Mason —murmuré al cerrar la cajuela.

—Deja de decirlo —sonrió—. Siempre puedes venir aquí.

Se encogió de hombros… y luego se puso nervioso.

—Digo, si quieres hacerlo.

Asentí, sin borrar la sonrisa.

—¿Te veo en la disquera?

—Sí —asintió varias veces—. Solo debo cerrar. Te veo allá.

Conduje hacia el trabajo con una ligereza que no recordaba haber sentido en mucho tiempo.

Realmente no podía haber empezado mejor mi día.

Entré directo a la disquera y busqué a Christian por los pasillos, pero no lo encontré.

—Ey, chica.

Me giré.

Era una mujer. Postura perfecta, mirada firme. Imponía tanto que, sin pensarlo, me enderecé y caminé hacia ella dudosa.

—¿Sí?

—¿Trabajas aquí? —levantó una ceja, evaluándome.

—Así es —respondí con una sonrisa—. Jade Steele. Me encargo de la fotografía, edición y parte de la publicidad de la banda. Un gusto.

Extendí la mano.

—Ya veo —asintió—. La fotógrafa.

Tomó mi mano.

Nunca me ha molestado que lo concluyan así, pero algo en su tono... como si quisiera ¿despreciar? Bueno, aun no la conocía como para suponer eso.

—Disculpé —dije—, creo que no la había visto antes.

—Melina Barton —respondió—. Representante de Alessa Finch.

Asentí.

De pronto me sentí pequeña. Y no tenía nada que ver con la estatura.

—¡Jade! —la voz de Christian apareció justo a tiempo—. Veo que ya conociste a Melina.

Asentí con una sonrisa.

Christian me lanzó una mirada que no terminaba de comprender, algo como: corre… pero no me dejes solo con ella.

Y entendí algo al instante.

Mi día, definitivamente, ya no iba a ser tan bueno.




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