—Entonces vamos —asintió, más para sí mismo que para mí.
Bajamos del auto. Tomé una de las piñatas, bajé el regalo que había llevado para la niña y nos adentramos en la casa.
—Esto es imposible.
Una chica se acercó a la caja que Mason cargaba con las bolsas de dulces.
—No te creo que no hayas robado siquiera uno —dijo, sonriéndole con orgullo.
—Lo hubiera hecho si alguien —me miró— no me hubiera estado vigilando todo el tiempo.
Reí por su queja y la chica me secundó.
—Perdona, me presento —se dirigió a mí—. Soy Alondra, la hermana de Mason.
Bajé la piñata para estrechar su mano.
—Mucho gusto, soy Jade —sonreí—. La malvada que no lo dejó comer.
Ella rió conmigo.
—Te lo agradezco muchísimo —siguió la broma—. Dudaba que esa caja llegara completa.
Mason rodó los ojos y volvimos a reír.
—Mucho ataque por hoy, ¿no? —dijo mientras dejaba la caja donde supuse era la cocina—. ¿Dónde está Alicia?
—Déjame llamarla, ha estado preguntando todo el día por…
—¡Alicia! —la interrumpió Mason.
Alondra soltó una carcajada que no entendí de inmediato. Miré a Mason y lo vi un poco nervioso.
—¡Tío!
Una niña corrió hasta él. Mason se agachó apenas y la cargó cuando llegó a sus brazos.
—Ya llegaste —dijo ella, rodeando su cuello con sus pequeños brazos.
Sonreí sin darme cuenta.
—Mira, Alicia, ella es…
—¿Tú eres Jade? —preguntó la niña mirándome con unos enormes ojos negros. Era preciosa.
Miré a Mason. Él escondía el rostro entre el cabello de Alicia, mientras su hermana observaba la escena divertida.
¿Cómo sabía mi nombre?
—Hola, Alicia —tomé su pequeña mano—. Sí, soy Jade.
La niña miró emocionada a Mason.
—Es muy bonita.
Alondra soltó una risa suave al ver la cara que solo ella podía ver ahora de su hermano.
—Muchas gracias —le sonreí—. Un pajarito me dijo que hoy es tu cumpleaños.
Asintió emocionada.
—Entonces espero que te guste esto. ¡Feliz cumpleaños!
Mason la bajó con cuidado y yo me puse en cuclillas para entregarle el regalo.
Alicia me abrazó con fuerza y yo le devolví el gesto sin pensarlo.
—Gracias —saltó feliz—. ¡Mira, mamá! La novia de Mason me dio un regalo.
Y si, al parecer es de familia lograr que me sonroje. Aunque cuando mire a Mason, él estaba exactamente igual.
—Sí, cariño —Alondra se mordió los labios para no reír—. Vamos, sigue jugando con tus amigos. Al final abriremos todos tus regalos.
Tomó su mano y se alejaron juntas hacia donde estaba el resto de la gente.
El silencio se instaló entre nosotros.
—Bueno… no es nada que no haya advertido —dijo Mason al fin—. Lo siento, Jade. La imaginación de Alicia es enorme y…
—No pasa nada —negué mirándolo—. Debió confundirse, ¿no?
—Sí, exacto —asintió—. Es una niña, aún no comprende todo bien.
Asentimos al mismo tiempo.
—¿Vamos adentro?
Me señaló el camino.
Caminamos hacia el enorme patio. Un gran inflable ocupaba el fondo del lugar. A un costado, una larga mesa de dulces decorada con globos que formaban Feliz cumpleaños. Junto a ella, la mesa de regalos… donde ahora estaban el suyo y el mío juntos.
—Mira, ellos son mis primos —señaló a dos chicos y una chica sentados cerca—. Chicos, ella es Jade.
Me saludaron y nos sentamos junto a ellos. Comenzaron a bromear sobre sus tíos; esa dinámica familiar la había visto antes.
—Y ahí vienen —susurró Mason.
Lo miré confundida.
—¿Por qué no nos has presentado con ella, Mason?
Una pareja se detuvo frente a nosotros. Eran sus padres. Los reconocí de inmediato por las fotos en su casa, además de que se parecían demasiado a él.
Mason los miraba con cierta tensión. Me levanté de mi asiento.
—Mucho gusto, soy Jade, amiga de Mason.
La mujer me devolvió el saludo con una sonrisa cálida.
—Un gusto, Jade. Soy Lorena, la mamá de Mason —su mirada me tranquilizó al instante—. Él es mi esposo, Edward.
El hombre me sonrió y estrechó mi mano.
—Esperamos que te la estés pasando bien.
—Sí mucho, gracias por la invitación.
Mason carraspeó.
—Jade, ¿quieres acompañarme a los dulces?
Reí al notar cómo sus padres también lo hacían.
—Nos han contado de tu hazaña evitando el robo de los dulces —bromeó su papá.
Mason fingió indignación, aunque la sonrisa lo delataba.
—Fue difícil —asentí riendo.
Mason tomó mi mano.
—Pero ahora ella me ayudará en la mesa de allá —me guiñó un ojo.
Caminamos juntos.
—Toda tu familia es un amor —dije, observándolos de reojo.
—¿En serio? —me miró sorprendido—. En mi mente te estaba salvando de ellos.
—¡Mason! —le di un ligero empujón—. Creo que les caigo mejor que tú.
—Oh, eso es seguro —respondió.
Reímos.
La comodidad que sentía en ese lugar era tan profunda que, por un momento, quise que el tiempo se detuviera, quedarme ahí.
Con él.
Editado: 31.01.2026