—Esto es una grosería —me levanté de golpe sobre la cama, mirando hacia la entrada del cuarto.
Kate apareció con dos tazas en la mano, lo que supuse era café. Negaba con la cabeza mientras cerraba la puerta con el pie y encendía la luz.
—¿Qué es una grosería? —me burlé, observándola acomodarse frente a mí. Colocó una pequeña mesita entre nosotras y dejó las tazas encima.
—Acabo de presenciar la escena del siglo y tú estabas dispuesta a dormir sin decir una sola palabra —una sonrisa tonta se me escapó—. Es un insulto a la ley de mejor amiga —defendió antes de darle un sorbo a su café.
—¿Me has estado espiando? —pregunté mientras me acomodaba mejor en la cama.
—Eso suena mal cuando lo dices —alzando una ceja, miró hacia otro lado—. Pero en mi defensa, Thor los delató. Estaba plantado en la puerta apenas escuchó el auto —se encogió de hombros—. Pasaron los minutos, no entrabas… y decidí echar un vistazo —sonrió como si reviviera la escena—. Y mira con qué me encontré.
Escondí el rostro detrás de la taza.
Era difícil de describir, pero me sentía como cuando tienes el primer amor en secundaria. Ese en el que te imaginas cosas absurdas, como cómo se verían dos cepillos de dientes compartiendo el mismo vaso.
—¿Qué opinas? —pregunté tras unos segundos de silencio.
Kate conocía mi historia. Y, de alguna forma, siempre lograba ver las cosas desde un punto más claro que yo.
—¿Que qué opino? Jade… —rió suavemente—. Lo importante es, ¿qué sientes tú? —me observó con atención—. Me encanta verte así. Sonríes distinto, y tus ojos brillan solo de recordarlo.
Thor apareció y se acomodó junto a ella.
—Ahora él tiene papá —dijo señalándolo mientras le rascaba la panza.
Negué entre risas.
—Iremos lento —aclaré—. De verdad —agregué, como si necesitara convencerme—. No hemos puesto etiquetas… solo estamos viendo qué pasa.
Kate ladeó la cabeza.
—¿Amigos con derechos? —preguntó, pícara. —No sabía que eso fuera con tu estilo, pero igual y...
—No —la interrumpí riendo—. Nada de eso. Amigos… —repetí, más despacio—. Y ya veremos qué sucede.
—Una lamida en el rostro de Mason y tendrás papá —murmuró hacia Thor fingiendo seriedad
Solté una carcajada.
Seguimos hablando de la fiesta, de la coincidencia absurda de los regalos, de cosas sin importancia… hasta que el cansancio nos venció. Kate estaba a un empujón de tirarme de la cama; estoy casi segura de que lo único que me salvó fue Thor durmiendo sobre mis pies.
Apenas amaneció, me levanté con cuidado para no despertarlos. Fui directo al baño y me di una ducha larga. Era domingo, y por primera vez en mucho tiempo, me sentía tranquila. Feliz.
Al salir, me puse unos jeans negros y una camisa a cuadros azul con verde, sumándole unos tenis azules.
Miré de nuevo la cama. Kate ahora ocupaba todo el espacio. Thor ya estaba detrás de mí, listo para su comida, pero antes de salir del cuarto tomé una almohada.
—Ya es hora —avisé antes de lanzársela.
Salí corriendo hacia la cocina apenas escuché su queja y su amenaza de venganza.
Mientras preparaba el desayuno, revisé mi celular. Aunque me repetía que debía ir despacio, algo en mí necesitaba comprobar si Mason había escrito.
—Bendito Of Dream —se burló Kate entrando a la cocina—. Bueno… más bien el vocalista.
Negué riendo mientras respondía su “Buenos días”.
—¿Qué planes tienes hoy? —preguntó sentándose frente a la barra.
—Creo que iré de compras —pensé un momento—. Con todo lo de la fiesta olvidé que el cumpleaños de Jacob es la próxima semana. Tal vez salga a buscarle algo.
—Te acompañaría, pero hoy me toca cumplir con mi parte social y empezar por fin la obra de la universidad —asentí al escuchar mi celular vibrar—. Aunque estoy segura de que alguien no se negará a ir contigo —sonrió.
Negué mientras respondía el mensaje.
—¿Y qué tal todo con Ned? —cambié de tema.
—Ya lo extraño —admitió con una risa corta—. Le prometí que viajaría a Arizona apenas pueda —dio otro sorbo a su café—. Podríamos ir juntas —propuso—. Estoy segura de que toda tu familia amará a Mason.
—Eso es muy pronto —reí—. No quiero espantarlo yendo tan rápido.
—¿Me estás diciendo que conocer a tu familia lo va a espantar? —alzando una ceja—. Ayer tú acabas de conocer a la suya.
Tenía razón.
—Es que…
—Tienes miedo —dijo sin rodeos.
Asentí.
—Para disfrutar hay que arriesgar —hizo una pausa—. Y si te detienes por miedo a lo que pueda pasar… —me miró— lo perderás.
—¿Cómo es que siempre tienes un consejo para todo? —pregunté.
—Años de películas y series románticas —respondió orgullosa—. Deberías probarlo.
Reímos juntas.
Si alguien era mi proveedor oficial de consejos, definitivamente era Kate.
Editado: 31.01.2026