Estaba terminando de vestirme.
Una falda de botones verde y una blusa negra de tirantes cubrían mi cuerpo; completé el conjunto con botines negros y un suéter largo gris.
Ricé mi cabello y me maquillé en tiempo récord mientras corría a servirle la comida a Thor. Dormir diez minutos más se había convertido en treinta. Me sentía agotada… y ahora, inevitablemente, llegaría tarde.
Con algo de suerte, entré a la disquera apenas unos minutos después de la hora. Fui directo a la computadora y, lo primero que apareció en la pantalla, fueron las fotos de Mason y Alessa.
Alessa es hermosa, famosa, querida por todos. Un amor de persona, aunque quisiera, no podría odiarla. Mason y ella juntos serían perfectos. No solo eso: serían la combinación ideal para los medios, para las redes, para sus carreras. La sensación del momento, de verdad, ¿Tengo posibilidades contra eso?
—Estoy muy… —hizo una pausa— no —pensó—. Bastante ofendido por ser el último en saber de tu regreso.
Volví a la realidad al ver a Fred frente a mí.
—¡Fred! —me levanté de golpe para abrazarlo—. Te he buscado estos días y ni tus luces.
—Te creo —rió mientras asentía—. Estuve enfermo y preferí quedarme en casa hasta sentirme mejor… y mira la sorpresa con la que me encuentro al volver.
Tomó mi mano y me dio una vuelta.
—La soltería te sienta mejor.
—¿Cómo sabes eso? —pregunté, confundida.
—Veamos… —se sentó y lo imité—. Te quedaste. Seguramente discutiste con Parker por eso y, al final, rompieron.
Me miró, esperando confirmación.
—En realidad, no hubo tal cual una discusión —admití—, supongo que solo ambos aceptamos que... no iba a funcionar
—Una mujer como tú no debería lamentarse —sonrió con picardía—. Y menos teniendo mejores opciones.
—Me quiero ahorrar preguntar a quién te refieres —negué riendo.
Fred podrá saber mucho o poco, pero de momento... prefiero quedarme con la duda.
—Me iré a trabajar —se levantó—. Cualquier cosa, arriba. —Guiñó un ojo antes de irse.
Volví a mirar la pantalla.
Las fotos polémicas estaban ahí. Y sí… tenían que ser las de Mason y Alessa.
Le prometí a Alessa un excelente trabajo y sabía que esas imágenes generarían expectativa. Me puse los audífonos y dejé que las ideas fluyeran.
Corregí luz, encuadres, detalles. El resultado era impecable. Me encantaba… aunque verlos juntos doliera más de lo que quería aceptar.
Decidí buscar a Alessa. Entre más rápido terminara, mejor.
—Fotógrafa —la voz de Melina me detuvo justo en la puerta—. ¿Ibas a algún lado?
—Necesito hablar con Alessa —respondí con amabilidad—. Las fotos están listas y quiero su aprobación.
—No es necesario —señaló mi oficina—. Yo me encargo. Alessa tiene que trabajar con Mason allá arriba.
Tomó asiento.
—Muéstrame.
Desde que conocía a Melina, nuestra relación no había sido precisamente cordial. Que ahora ella decidiera sobre mi trabajo me ponía nerviosa.
—¿Cuál cree que debería subir a redes? —pregunté.
—Necesito que me envíes todas las que estén con Mason —me miró fijamente—. Yo me encargo de las redes y así seguirá siendo.
Esbozó una sonrisa forzada.
—Con esto voy a poder volverla tendencia un buen rato.
Se levantó.
—Envíalas cuanto antes.
Asentí, resignada.
Aunque no me agradaba la idea de trabajar con Melina, me tranquilizaba no ser yo quien usara esas fotos.
Las envié tal como lo pidió, pero las palabras seguían repitiéndose en mi cabeza.
Mason y Alessa. Arriba. Juntos.
Confiaba en Mason. Sabía que no jugaría conmigo… pero que pudiera fijarse en alguien como Alessa era demasiado probable. Y no podía competir con eso.
Mi teléfono sonó.
—Hola, Jade —saludó Olivia al instante.
—¿Cómo va todo? —intenté sonar animada—. Qué sorpresa tu llamada.
—Necesitaba hablar contigo —suspiró—. Sé que ya lo hablaste con mi mamá…
El corazón se me detuvo.
—¿Qué pasó? ¿Cómo está mamá Lisa?
—Tranquila, ahora está calmada. Está en el hospital, pero se encuentra bien.
—Olivia, por favor dime qué pasó.
—Tuvo un ataque de pánico en la madrugada… —hizo una pausa—. Anoche me quedé con ella. Se durmió y, cuando estaba por irme, escuche su llanto y...
Apreté los dientes.
—Entre sus miedos y la realidad gritaba el nombre de mis tíos… y el tuyo.
Su voz se quebró.
—Fue tan fuerte que, cuando reaccioné, media familia ya estaba ahí.
Una lágrima cayó sin que me diera cuenta.
Al levantar la vista, Logan estaba en la puerta, mirándome con preocupación. Asentí para que entrara.
—¿Cómo está ahora? —pregunté.
—Más tranquila. Su presión bajó y el doctor dice que en unas horas volverá a casa.
—¿Puedo hablar con ella?
—Cuando llegue a casa te llamo —hubo un silencio—. Jade… ella te necesita.
—Estoy haciendo todo lo posible por ir más seguido —dije—. Pensé que hablar con ella estaba ayudando.
—Lo hace —confirmó—, pero algo pasó esta vez. Pero piénsalo, por favor.
Colgué.
Me levanté e intenté caminar, pero la vista se me nubló. Sentí los brazos de Logan rodearme mientras lloraba en silencio.
Yo sí sabía qué había pasado esta vez.
Hoy se cumplen tres años de la muerte de mis papás.
Editado: 31.01.2026