La Teoría de Tenerte

Capítulo 100

—Esta y esta —señaló la pantalla de la computadora— son mis favoritas.

Me miró con una sonrisa mientras yo hacía de nuevo el envío de las fotos a Melina, para que se encargara del resto.

Ya habían pasados cuatro días después de... la escena que vi de ella con Mason.

—Está listo —dije al fin—. El resto me ha pedido Melina encargarse.

Alessa asintió, distraída, mirando hacia afuera de la oficina.

—¿Te puedo preguntar algo? —se acercó un poco más al escritorio.

—Claro, dime —dejé la libreta que tenía frente a mí.

—El otro día pasó algo bastante… —hizo una pausa— incómodo.

Me acomodé en el asiento, sabiendo perfectamente lo que se venía.

—¿Estás saliendo con Mason? —preguntó sin rodeos.

Me sorprendió la tranquilidad con la que lo dijo. No tenía por qué ser distinto, pero no era la reacción que esperaba.

—No —negué casi al mismo tiempo—. Él y yo somos… —me detuve un segundo— amigos… amigos de trabajo —reacomodé mis palabras.

Asintió, comprensiva, aunque su expresión cambió apenas.

—Perdón que insista —soltó una risa corta—. Seré más directa. Desde el día que lo besé…

Bajé la mirada.

—Él se molestó conmigo. Ha cambiado y… —suspiró con fuerza— creo que malinterpreté las cosas con él.

La dejé continuar.

—Pero también algo me dice que es por ti —me miró con atención.

—Alessa, si esto te lo pidió él, lo mejor es que…

—No, espera, ¿qué? —negó de inmediato—. Él no me ha pedido nada. Te he dicho que ahora ha cambiado conmigo —hizo una mueca—. Y por cómo has reaccionado, entiendo que no son solo amigos de trabajo.

Enfatizó lo último con una sonrisa leve.

—Perdóname —pasé la mano por mi cabello—, no ha sido mi mejor semana. No sé qué esté pasando con Mason y… siento que no se estén dando las cosas entre ustedes. Seguro harían una gran pareja —dije más para mí que para ella.

—Pues yo ahora creo lo contrario, ¿sabes? —se levantó del asiento—. Es un gran hombre, pero si está enamorado de alguien más, yo no entro ahí.

Tomó su bolso.

—Te veo más tarde.

Y se fue sin más.

En algún lugar escuché que una persona se vuelve necia cuando desea que algo pase a toda costa. Es una especie de fe torcida: querer que el universo acomode todo a tu favor, aunque tengas que empujar demasiado.

Pero esperar no es lo mismo que forzar.

¿Estoy forzando todo?, ¿O el universo, por una vez, está jugando a mi favor?

Negué para mí misma. Me estaba desviando de mi trabajo y, sea como sea, por algo estaba aquí. Ya después sería lo que tuviera que ser.

Vi un mensaje de Jacob confirmando lo de su fiesta de mañana. Tal vez ver a mis amigos ayudaría a mejorar mis ánimos, aunque no podía sacarme de la cabeza la invitación que le había hecho a Mason.

—Chica preocupada es señal de que hay mucho por desahogar.

Christian apareció en la entrada y solo reí negando.

—Lástima que no haya nadie con quien contarlo —respondí con una mueca.

Me miró ofendido.

—Además, venir aquí es con trampa —lo miré fijamente—. ¿O me equivoco?

—En mi defensa…

Negue al instante

—No, espera —se adelantó—. Puede que pienses que es así, pero quiero saber cómo estás —habló rápido—. Somos amigos, ¿no? Los amigos suelen contarse cómo se sienten.

Seguí negando, ahora con una sonrisa.

—Si te sirve, amigo —enfatizé—, debo hablar con alguien seriamente —miré la pared, buscando una respuesta que no llegaba—. Así que ahora me siento… ocupada.

—¿O sea que por fin dejaré de escuchar el sufrimiento ajeno? —preguntó, escogiendo bien sus palabras.

—Si me quedo aquí escucharás el mío, porque estoy hambrienta y quiero comer —dije mientras tomaba mis cosas.

Me miró ofendido.

—Un día te piden consejos y al siguiente te corren de la oficina que tú mismo diste —dijo fingiendo dolor mientras salía—. ¡Luego no te quejes!

No pude evitar reír.

Camine hacia la salida. Sentía que alguien me observaba.

No… mejor dicho, Mason estaba en la puerta de la oficina de Christian, fingiendo estar muy ocupado.

Me detuve justo a su lado, “buscando algo en mi bolso”.

Juego para dos, ¿no?

—¿Ya te vas? —preguntó con un tono apenas audible, como si dudara, pero sabiendo que era el momento.

Escondí una sonrisa.

En mi mente, mi juego imaginario lo estaba ganando yo.

—Sí, ya me voy —acomodé de vuelta mis cosas y le di la espalda, dando apenas un paso—. ¿Y tú no vienes?

Y también en mi juego, la partida aún no se había acabado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.