La Teoría de Tenerte

Capítulo 102

—¿Se puede? —preguntó Kate al mismo tiempo que entraba al cuarto.

—Pasa —grité mientras me ponía la chaqueta negra.

Ya estaba casi lista. Una blusa verde apagado sin mangas y una falda negra que apenas llegaba sobre la rodilla, junto con mis botines de tacón del mismo color.

—Me salió una llamada de trabajo —se quejó mientras se sentaba en la cama—. Tendré que irme antes a resolverlo y después los alcanzo en la fiesta —pensó un segundo—. Me imagino que vendrá Mason por ti, ¿verdad? —me miró pícara.

—Así es —sonreí mientras rizaba mi cabello—. Pensé que iríamos los tres juntos.

—Me alegra que todo esté bien con ustedes —sonrió—, pero ser la mal tercio no se me da.

Solté una carcajada.

—No creas, a mí se me dio muy bien —me burlé.

Siguió riendo.

—Ya me voy —se levantó—. Te veo… no —se corrigió—, los veo en la fiesta.

Y salió feliz por la puerta.

Me miré en el espejo. Todo estaba yendo bien. Hoy al fin podía relajarme y festejar a mi amigo, el que ha estado para mí desde que llegué aquí. Y qué mejor que hacerlo con una compañía que lo mejora todo.

Después de unos minutos más, estuve lista. Me aseguré de que el regalo estuviera bien envuelto y le coloqué un pequeño listón como decoración. Tocaron a la puerta.

—¿Alguien aquí ordeno una cita?

Reí negando.

—Nunca está de más decirte que cada día luces más bella —añadió. Detrás de él, escondía algo: una pequeña flor blanca.

—Ni tampoco está de más darte las gracias por ser tan caballeroso —tomé la flor y me acerqué a darle un corto beso en la mejilla.

Thor llegó saltando sobre Mason, como si buscara algo más.

—También para ti hay algo, calma —dijo riendo. Sacó de su chaqueta un juguete: un pequeño peluche en forma de cámara. Sonreí al instante.

—Estoy seguro de que quieres morder una y nunca las alcanzas —lo miré entrecerrando los ojos. Él solo reía.

—Thor adora los juguetes así —dije mientras este corría a su cama para mordisquearlo.

—Lo vi en una tienda hace poco y pensé que sería buena idea —me miró—. ¿Estás lista?

Asentí.

—¿Kate también? —preguntó mirando hacia la cocina.

—La veremos allá —expliqué—. Tuvo que ir a algo del trabajo antes.

Asintió.

—Entonces vamos.

Me dio espacio para salir por la puerta.

Fuimos en su auto. Condujo hasta el lugar de la fiesta de Jacob y, al llegar, entramos juntos.

—Pero ¿qué estoy viendo? —Rosa se acercó a abrazarme, vaso en mano—. ¿Ya es oficial? —susurró, solo para mí.

—Estamos en eso —respondí.

Ella asintió dando pequeños saltos cuando nos separamos.

—Mason —lo llamé—, ella es Rosa, mi amiga y ex compañera de la revista.

Sonreí y él la saludó de inmediato.

—Rosa —me dirigí a ella—, él es Mason… seguro ya lo conoces, el cantante de Of Dream.

Ella asintió y Mason pasó su mano por mi cintura.

—Es un gusto —dijo—. Supongo que sigues trabajando para la revista, ¿no?

—Algo así —respondió—. Ya no estoy en la redacción, ahora estoy en otra ciudad como encargada, pero me he dado una escapada.

—Bienvenidos —apareció Jacob junto a su esposa—. Tenemos celebridades.

Mason soltó una risa corta.

Los presenté y al fin le entregamos su regalo.

La fiesta se fue llenando poco a poco. Kate apareció y, sin darme cuenta, todos empezamos a movernos entre distintos grupos.

Pensé que sería difícil para Mason estar ahora en mi mundo, pero fue todo lo contrario. Mis ex compañeros y él parecían llevarse de maravilla; se le veía relajado, alegre.

—Me da gusto verte feliz con él —dijo Jacob cuando me atrapó mirándolo—. ¿Crees que pueda hablarte de algo?

—Claro —sonreí—. Dime.

Caminamos hasta una de las pequeñas mesas del lugar

—Es una propuesta —se acomodó—. Antes de que me interrumpas, déjame contarte.

Asentí.

—He estado en llamadas con los inversionistas de la revista. Todo va muy bien y es necesario expandirse aún más —pausó—. Te quieren a ti.

Me quedé inmóvil.

—Uno de los nuevos edificios se está construyendo en Arizona —esperó mi reacción—. Quieren que seas la nueva directora del lugar. Tendrías libertad total para experimentar con la revista, como siempre quisiste. —al no obtener respuesta, siguió— ¿Qué opinas?

Solté un suspiro.

—¿Qué opino? —pregunté más para mí—. Jacob, estoy agradecida… —le sonreí—. Es más de lo algún día imaginé y…

Miré a Mason, que ahora tenía una guitarra que uno de los chicos le había pasado, mientras Kate le hacía espacio como si fuera su guardaespaldas improvisada.

Y ahí estaba el problema.

Porque sí, ese siempre había sido mi sueño. Crecer, avanzar, no quedarme quieta. Decir que sí a las oportunidades grandes, a las que asustan, a las que te sacan de lo conocido.

Pero también, sin darme cuenta, había construido algo aquí. Amigos que ya no eran solo compañeros de trabajo. Una ciudad que empezó a sentirse menos ajena. Una banda que, sin proponérselo, se volvió parte de mi rutina.

Y Mason... él no era parte de mi plan original… y aun así era lo que más me hacía dudar, porque querer cumplir un sueño no debería sentirse como estar a punto de perder algo que también importa.

Y luego estaba Arizona.

Mi abuela. Mi familia. El lugar al que siempre podría terminar regresando si algo se rompe.

¿Cuándo exactamente se volvió tan difícil elegir entre avanzar y quedarse?

—Y es en mi ciudad —añadí—. Pero no sé si sea una buena idea.

—Sé que implica dejar todo de nuevo —dijo—, pero es por ti. Estoy orgulloso de la chica que llegó aquí con ganas de crecer, salir adelante y que hoy tiene la oportunidad que tanto esperó.

Bajé la cabeza.

—No es una decisión que debas tomar ahora —continuó—. Solo piénsalo, ¿bien?

Asentí.

—Venga, vamos con los demás.

—¿Todo bien? —preguntó Mason cuando me acerqué.

—Sí —asentí—. ¿Vas a cantar?




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