La Teoría de Tenerte

Capítulo 105

Vestí lo más rápido que pude, unos jeans negros, una camisa de cuadros en blanco y negro y mis tenis blancos. Recogí mi cabello en un moño, serví el café en un termo y salí casi corriendo. No podía llegar tarde.

Conduje hasta el primer punto del día: el enorme Central Park. Comencé a caminar y, poco a poco, vi cómo todo ya estaba montado. En un lado, los chicos conversaban entre ellos; del otro, terminaban de arreglar a Alessa.

—Hey —Mason se acercó—. ¿Es acaso la chica más bella del lugar?

No pude evitar reír.

—A ella la están terminando de alistar —respondí, intentando sonar más animada.

—Pues no, porque la que estoy viendo no necesita tener a veinte personas detrás para lucir hermosa —sonrió, y yo le devolví el gesto—. Todo bien, ¿verdad?

—Todo bien —asentí, y eso pareció relajarlo un poco—. Creo que te buscan —señalé hacia atrás, donde Christian hablaba con el resto—. Ve, yo comenzaré a trabajar.

Se acercó y me dio un beso corto en la frente antes de desaparecer.

Un hombre se colocó en medio del lugar, pidiendo silencio. Indicó las escenas: Mason comenzaría sentado en la banca y, después, aparecería Alessa.

La canción empezó a sonar y traté de tomar las mejores fotos desde detrás de los camarógrafos. Las palabras de Mason me tranquilizaban y, aunque no habíamos oficializado nada, confiaba en él.

Si era sincera, la historia planteada era muy buena. Todo el giro se desarrollaba con facilidad: una narrativa clara, de principio a fin, que daba inicio a todo lo que ya se rumoraba sobre Mason y Alessa.

No me hacía feliz ver al chico que movía todo dentro de mí abrazando a otra persona. Sin embargo, incluso a la distancia, podía notar que no la miraba como me miraba a mí, que ni siquiera se acercaba de verdad.

—Mason, pareces una pared, cambia eso —ordenó el director—. Mira cómo lo hace Alessa.

La señaló.

Mason soltó un suspiro audible y lanzó una mirada fugaz hacia mí. Me limité a asentir, como si me pidiera permiso.

Las escenas continuaron. Solo faltaba una: la última, y al parecer la más importante. Habían esperado a que cayera la noche para grabarla, tal como yo lo había hecho cuando tomé la fotografía original. Era en un café, con una pequeña terraza adornada por focos diminutos en las esquinas, que bañaban el lugar con una luz tenue.

Por alguna extraña razón, sabía que no quería estar ahí. El lugar era hermoso, pero sentía el estómago encogido al anticipar la escena romántica que venía.

Los chicos vestían trajes. Mason llevaba una flor blanca en la mano mientras esperaba de pie a que Alessa apareciera.

—Podrás tomar muy buenas fotos desde allí —recomendó el director, señalando una pequeña escalera en la esquina—. Puedes ponerte ahí si quieres.

Sonrió, y se lo agradecí.

Tenía razón. Era el ángulo perfecto. Aunque no había pensado en cómo el destino se burlaba de mí, permitiéndome tener el mejor puesto justo en la escena donde menos quería estar.

La música volvió a sonar. Coloqué la cámara frente a mis ojos y continué trabajando. Ellos bailaban al ritmo de la canción, acercaron sus cuerpos y la enorme sonrisa de Alessa lo llenó todo. Entonces escuché el último grito del director. El click salió casi por sí solo, mientras yo observaba lo que sucedía.

Alessa tomó del cuello a Mason y lo besó. Mason mantuvo los ojos abiertos, sorprendido. Y aunque cualquiera podría pensar que la escena era actuada, no lo era. Ninguna de esas reacciones lo era. Y lo que se apoderaba de mí, mucho menos. ¿Por qué lo hizo? Ni siquiera el director lo vio venir, pero... para sorpresa de nadie, le encanto eso.

Cuando finalmente el director gritó el final y todos aplaudieron, acercándose a ellos, el rodaje terminó.

Bajé de la escalera intentando disimular que, en ese momento, quería sentarme a llorar como una niña pequeña.

—¿Quieres hablar? —dijo Martin, extendiéndome la mano para ayudarme a bajar.

—La verdad es que no —respondí en un tono que solo él pudiera escuchar.

—No lo tomes contra él, Jade, no lo sabía —dijo con preocupación.

—No lo hago… es solo que… —miré mi cámara—. Yo soy esto.

Le mostré el dispositivo—. Y él es todo esto.

Señalé el lugar.

—¿Y desde cuándo te ha importado algo así? —replicó—. Y déjame aclararte que eres mucho más. —me defendió, y no pude evitar sonreír con timidez—. Ven, vamos a…

—Es mejor que ya me vaya —lo interrumpí—. Ahora mismo he perdido todas las ganas de cualquier cosa — aseguré—. Mañana tendré mucho que hacer, así que mejor me voy.

Me acerqué y le di un abrazo corto.

Di un vistazo rápido a todo… o más bien, a Mason. No logré verlo. No era el momento de hablar. Apreté el pequeño bolso que cargaba y fui en busca de mi auto.

Me sentía abrumada, y lo peor... es que me sentía molesta, y ni siquiera contra Mason, Alessa o hasta Melina. Tal vez una molestia conmigo misma, por sentirme insuficiente, por cargar tantas inseguridades que creí realmente haber superado antes.

—¿En verdad pensabas irte así? —dijo una voz detrás de mí, logrando que me detuviera en seco.

—Bueno, ya es noche —respondí, intentando ocultar cualquier indicio de cómo me sentía.

—Tal vez no me expliqué bien —se acercó—. ¿Pensaste que te iba a dejar ir así, sin más? —una sonrisa tímida comenzó a asomarse en sus labios—. Perdón, pero necesito que la chica que tengo enfrente se entere de que no tengo ojos para nadie más.

Su sonrisa se ensanchó aún más.

—Lo siento, pero esto no…

No pude terminar. Me besó, llevando una mano a mi cintura, atrapándome de nuevo. Dejé que mis brazos rodearan su cuello, jugando con su cabello. Con la otra mano acarició mi mejilla, que comenzó a arder bajo su tacto.

—Me vas a romper el corazón —susurré, mientras uníamos nuestras frentes.

—Primero deja de latir el mío antes de que eso suceda —me envolvió en un abrazo que correspondí, dejándome cubrir por completo.




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