La Teoría de Tenerte

Capítulo 107

—Si sigues trabajando así, en cualquier momento se te va a salir una vena o algo —se burló Christian al entrar a mi oficina.

—Sí, buenos días —negué, mirándolo, y él respondió con un saludo usando su taza de café—. Ya casi termino, solo me falta una foto —aseguré.

Y no cualquier foto. La última. La que, según Christian, haría que se me reventara una vena: el beso robado a Mason.

Solo tenía que bajar un poco el brillo y ajustarla, pero me estaba costando demasiado. Y empezaba considerar la idea de eliminarla y fingir que nunca había pasado, aunque no era tan sencillo como eso.

Por lo poco que conocía a Melina, sabía que sería la única fotografía que realmente le interesaría.

—Te noto muy perdida —habló al fin Christian.

—Es por esto, solo quiero terminar ya —le resté importancia.

—No, no es eso —me miró, frunciendo el ceño—. ¿Qué estás evitando contar?

Dejé de editar.

—¿Crees que oculto algo? —pregunté.

—No lo creo, lo estoy viendo —alzó una ceja—. Llevas unos días así y necesito saber por qué.

Dio un sorbo a su taza.

Miré la puerta entreabierta y luego a él.

—Me gustaría un consejo —hablé más bajo; no quería que nadie más se enterara.

—Soy todo oídos —se recargó en la silla.

—Prométeme que nada saldrá de aquí —asintió—. Hablé con Jacob, mi exjefe —expliqué—. La revista se está expandiendo a más ciudades… una de ellas, Arizona.

—¿Te vas a ir? —preguntó, alzando la voz.

El silencio que se formó hizo que su pregunta resonara aún más. Obligándome a rogar que nadie lo hubiera escuchado.

—Jacob me ha propuesto encargarme del nuevo lugar, pero… —dejé la frase en el aire.

—¿Y quieres mi opinión? —preguntó Christian.

Asentí. Él suspiró.

—Vaya, me da muchísimo gusto por ti —sonrió—. El día que llegaste aquí no podía dejar de preguntarme por qué te habían dejado ir. Tu talento es indiscutible —señaló el cuadro detrás de mí—. Sabía que o te recuperaban ellos o alguien más vendría a robarte. —sonrió de nuevo—. Ni yo ni nadie puede amarrarte a un puesto. Si es lo que quieres, hazlo y dalo todo.

—No sé si lo quiero —admití, dudosa—. Aquí he hecho una vida que no sé si quiero dejar… y estoy con Mason

Si Melina lo había notado, Christian debió estar en primera fila.

—Digo, no es oficial, pero lo estamos intentando —sonreí, y él me imitó—. Después de tanto tiempo aquí, ahora me siento en casa… pero también quiero… —suspire—. Quiero probar suerte

—¿Y crees que puedas hacer las dos cosas? —preguntó—. Jade, ambos trabajos son una responsabilidad enorme, y el ir y venir no va a ser nada fácil —dejó su taza a un lado—. Vas a tener que decidir. —sentenció—. ¿Mason ya lo sabe?

Negué sin mirarlo.

Querer irme y quedarme no eran tan opuestos.

Había deseado ese salto muchas veces, incluso antes de Mason. Soñé con eso cuando aún no tenía nada que me sujetara aquí. Y aun cuando tuve la oportunidad de irme con Parker, aun así, me quedé… porque quise.

Pero ahora todo era distinto. Tenía un hogar, tenía personas, tenía a Mason. Y eso no anulaba el deseo de irme, solo lo volvía más difícil de hacer.

No quería que nadie pensara que él era la razón por la que dudaba. Ni siquiera yo, pero soy incapaz de imaginarme lejos.

—Siento que ya tomé una decisión, no voy a dejar nada de esto —dije con seguridad—. Tengo la vida y a la gente que quiero conmigo ahora —miré la computadora; la imagen seguía ahí. La guardé en la memoria—. No podría abandonar esto ahora.

—Eso me alegra más de lo que imaginas —asintió, pero luego negó—. Pero... aunque me pese decirlo, debes pensarlo mejor. No quiero que después mires lo que pudo ser… porque eso ya no tendría solución.

—Eso lo entiendo pero…

—Supongo que ya terminaste, ¿no? Mucha plática por aquí —interrumpió Melina al entrar.

Me sobresalté con su presencia. Solo esperaba que no hubiera escuchado nada de lo que acababa de decirle a Christian. No era precisamente una de las personas que quería que se enteraran.

—Ya he terminado —retiré la memoria de la computadora mientras me levantaba—. Ahí están todas las fotos, listas para subirse.

—Al menos eres rápida —soltó, y luego miró a Christian—. Necesito hablar contigo. Hoy mismo quiero a tus chicos listos para una entrevista que ya programé.

Christian se levantó del asiento.

—No me has dicho nada de eso —frunció el ceño—. Normalmente se los hago saber al menos un día antes.

—Pues hoy no. Lo siento, pero así trabajo yo —respondió con seguridad—. Mejor acompáñame a ver dónde estarán —me miró—. Tú ya eres libre por hoy.

Christian salió de la oficina con una mueca, y yo no dejaba de pensar en si Melina había escuchado algo.

¿Cómo iba a hablar de todo esto con Mason?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.