Terminé de maquillarme. Ya estaba lista.
Llevaba un vestido negro, poco arriba de la rodilla que dejaba mis hombros al descubierto. Elegí unos zapatos bajos y dejé mi cabello suelto, con ondas suaves que caían sin esfuerzo.
—¿Estás emocionada? —preguntó Kate desde la puerta.
—¿Por qué? —respondí mirándome en el espejo.
—No me digas que no sospechas —sonrió, casi saltando—. Seguro va a pedirte que lo hagan oficial. Por eso estuvo tan raro ayer.
—¿Tú crees? —una sonrisa tonta se me escapó, aflojando un poco el nudo en el pecho.
—Solo una cosa —añadió, burlona—. Si deciden volver a casa más tarde, cierren bien la puerta del cuarto.
Rodé los ojos.
—Todo va a salir bien —dijo después, más tranquila.
El timbre sonó, ambas salimos del cuarto
—Yo también tengo que salir —añadió—. Iré al evento del despacho. Tal vez vuelva de madrugada, pero prometo no hacer ruido.
Guiñó un ojo antes de desaparecer.
Al abrir la puerta, entro, Mason estaba vestido completamente de negro. Al verme, una media sonrisa se dibujó en sus labios.
—Luces hermosa.
Se inclinó para darme un beso corto, suave.
Cerré la puerta detrás de mí y subimos a su auto. Dejó que la música sonara. Yo miré por la ventana, intentando calmar la ansiedad que me subía por la garganta de los nervios por esta noche.
Solo quería llegar. Solo quería que hablara, y me dijera todo lo que tuviera que decir.
Se detuvo frente a un restaurante que no conocía. Era un jardín iluminado por pequeñas luces que brillaban más en la noche, parecía que estuviera diseñado para esas cenas que buscan privacidad.
Nos sentamos. Y entonces empezó.
—Haces todo muy difícil —susurró.
Sonreí, nerviosa.
—¿Qué es lo difícil?
—Tú —respondió.
No sonrió, algo dentro de mí se tensó.
El mesero llegó. Ordenamos. En menos de diez minutos la comida estaba frente a nosotros.
No pude más.
—Mason —dije después del primer bocado—. Necesito que hables ya.
Me miró. Su cuerpo se endureció.
—Tal vez deberíamos cenar primero…
—Mason, por favor.
Suspiró.
—Esto no está funcionando.
—Sé que expresarte no es fácil —intenté suavizarlo—. Para mí tampoco lo es, pero te he visto extraño estos días y...
—No me entiendes, a eso me refiero, Jade —dijo sin mirarme—. Esto ya no funciona.
Dejé de respirar.
—Lo que sea que estábamos intentando… no va a ir más lejos.
La música seguía sonando. La gente hablaba. Pero yo solo escuchaba su respiración… y el ruido seco de algo rompiéndose dentro de mí.
—No juegues así —susurré—. Sabes que…
—No es un juego —me interrumpió al mirarme—. O bueno, ya no más.
Sus ojos brillaban. Pero no había ninguna emoción en ellos.
—Me confundí, ¿Bien? —negó—. Pero descubrí que no siento nada más que amistad por ti.
El estómago se me revolvió.
—¿Hice algo mal? —pregunté, casi sin voz.
—Estoy sintiendo algo por Alessa. Es justo que lo sepas.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—No es verdad —negue—. Me estás mintiendo, y quiero saber por qué. Dime la verdad, Mason.
La voz se me quebró.
—Dime la jodida verdad.
La forma en que hable, hizo que mi garganta ardiera, como si en un segundo, hubiera quedado seca.
—Jade, no quiero hacerte más daño, tenías que saber la verdad y así evitar…
—Me besaste hace minutos como si todo estuviera bien entre nosotros —lo interrumpí—. ¿Qué mierda te pasa?
—Solo quería darte un momento —respondió—. Como una despedida.
No supe qué decir, no entendía.
Estaba ahí, sentada, siendo humillada, despedida, e increíblemente no caía en cuenta de lo que pasaba.
—Disculpa, ¿Puedo tomarme una foto contigo? —preguntó una chica, acercándose a él.
Mason me miró antes de levantarse.
Al verlo de pie, fue como la señal de varias personas que lo rodearon para pedirle fotografías. Mi mano temblaba.
Entonces me levanté.
Caminé fuera del restaurante sin mirar atrás, aunque escuché su voz llamándome. Crucé la calle y empecé a correr. Agradecí llevar zapatos bajos; de otra forma no habría podido ni sostenerme.
Solo quería llegar a casa. Dormir. Fingir que esto no estaba pasando.
No era un sueño, era una pesadilla.
Vi un taxi a lo lejos. Justo cuando Mason venía corriendo hacia mí. No dudé. Lo detuve y subí.
El auto arrancó apenas le di la dirección, y en ese momento, las lágrimas empezaron a caer sin control.
Llamé a Kate. No respondió. Recordé su evento y escribí:
“No fue nada de lo que pensé. Ya voy a casa.”
Me dejé caer contra el asiento. Había perdido, y de la peor forma.
Le di todo: mi confianza, pero también mis dudas, mis miedos. Y todo eso, lo usó en mi contra.
Cuando más creí que estaría para mí, que no habría nada capaz de alejarme de él, me dejo.
Y aun así… una parte de mí quería creer que era una broma. Si, una horrible broma.
Miré al frente. Las luces me marearon. Bajé la mirada… y entonces levanté la vista de nuevo.
—¡Cuidado! —grité.
Una luz se acercó demasiado rápido, mientras el claxon sonó tan fuerte que no alcancé a procesar. El aire me abandonó los pulmones y el impacto llegó, seco.
Y esa luz… fue lo último que vi antes de que todo se apagara.
Editado: 31.01.2026