Mason
Nunca en mi vida me había sentido tan destruido, tan insuficiente.
Y como dijo Kate… tan idiota.
Yo llevé a Jade hasta aquí.
¿Por qué insistí?
¿Por qué fui tan egoísta?
Querer despedirme así fue lo más cobarde que he hecho.
Dejarla sola… lo más estúpido.
Intentaba mantener la calma, pero las palabras del doctor no dejaban de repetirse en mi cabeza. ¿Qué doctor empieza disculpándose? Uno que sabe que ya no puede hacer más.
—Puedes verla —dijo Kate acercándose.
Levanté la vista. Notaba el rencor en su rostro, mezclado entre cansancio y dolor.
—El doctor permitió que pase uno.
Asentí. No tenía derecho a reclamarle su actitud. Mucho menos ahora que podía entrar.
Crucé a grandes pasos la puerta de urgencias. Busqué entre cada camilla hasta encontrar a mi chica. Mi Jade.
Me detuve en seco.
Un tubo salía de su boca. Cables rodeaban su cuerpo como si intentaran mantenerla aquí. Me acerqué despacio, con miedo de que incluso respirar fuerte fuera demasiado.
—Hey… —susurré, tratando de desatar el nudo en mi garganta—. Tienes que despertar, ¿sí? Necesito que me odies… que me digas todo lo que no pudiste.
Acerqué una silla y tomé su mano. Estaba fría. Su piel tan pálida la hacía parecer una muñeca de porcelana… hermosa, pero apagada.
—Hay tantas cosas que no sabes… y que necesito decirte.
Dejé mi mano sobre la suya.
—Eres justamente eso que tanto temía encontrar, porque te volviste mi debilidad, mi prioridad y... joder Jade, eso me aterra como no tienes una idea. Porque era inevitable enamorarme de ti.
Una lágrima se escapó. La limpié rápido, como si ella pudiera verme.
—Desde que te vi supe que no podía dejarte pasar sin más —sonreí apenas—. Con ese carácter tan fuerte y terco que no le pide permiso a nadie.
Besé sus dedos.
—¿Recuerdas el vestido? —murmuré—. No pude evitar obligarte a que me dejaras pagarlo.
Cerré los ojos, respirando hondo.
—En la tienda, había un hombre y su esposa. Ella le modelaba su ropa, y él la miraba como si no existiera nadie más. Cuando me vio sentado ahí después de que fuiste a probarte otro vestido, me dijo algo tan simple… tan absurdo… —mi voz tembló—. “Tu chica es bella, pero no por el vestido. Lo es por cómo la miras”.
Tragué saliva.
—Ese día entendí que ya no podía sacarte de mí. Nunca pude. Siempre estuviste aquí. Y mi forma absurda de demostrártelo, era que lucieras hermosa en ese vestido con mi intento de aporte.
Una enfermera entró, revisó sus signos y volvió a salir sin decir nada.
—No necesitas a nadie… pero yo te necesito a ti —confesé—. Estas horas solo he pensado en todo lo que vivimos. En cuánto me odié por no besarte cuantas veces más pude... y por no decirte toda la verdad.
Sonreí con dolor.
—Cuando llegaste a la banda, todas las letras que intentaba escribir, tomaron sentido cuando te veía, todo eso que por cobardía no dije cuando debía, lo convertí en música, grabé cada canción pensando en ti
Mi voz se quebró.
—Soporté verte con Parker cuando lo único que quería era tenerte conmigo. Fui tan feliz cuando me elegiste… y ahora soy un imbécil por perderte.
Me incliné y besé su frente. Aún conservaba su aroma. Me aferré a él como si pudiera guardarlo para siempre.
—Mi mayor acto de amor por ti será dejarte cumplir tus sueños —susurré—. Porque vas a levantarte de esta cama.
Señalé la puerta.
—Y vas a demostrarle al mundo… y a esa revista… quién es Jade Steele.
Las lágrimas volvieron a caer.
—No voy a ser yo quien detenga tus sueños, ¿me oyes? Aunque me odies… yo te voy a amar igual. Me encargaré de que lo sepas siempre.
Apreté su mano una última vez.
—Te amo, Jade.
Me levanté y salí de la habitación antes de romperme por completo.
Le prometí que no le rompería el corazón. Pero fui honesto con ella desde el inicio.
Antes de que eso sucediera… el mío dejaría de latir.
Editado: 31.01.2026