La Teoría de Tenerte

Capítulo 112

Jade

Las luces de colores a mi alrededor comenzaron a molestarme, obligándome a abrir los ojos.

Estaba sentada, balanceándome suavemente, mientras afuera escuchaba voces discutir.

—¿Mamá? —pregunté, lanzándome a sus brazos.

Ella me rodeó con cuidado, acariciándome el cabello como solía hacerlo cuando todo iba mal.

Otro cuerpo se acercó, cubriéndome también, y una calma inmediata me envolvió.

—Tranquila, mi niña —sonrió mi papá—. Ya lo estamos solucionando.

Revolvió mi cabello y sonreí, segura, protegida.

—Ya podrás ir a casa con Thor, ¿no? —dijo mi mamá, sobándome la espalda.

Cerré los ojos… y algo no encajó.

¿Por qué todo se sentía tan lejano? ¿Por qué sus voces sonaban como un eco?

—Mírame —pidió mi papá—. Siéntate. Cuando sea el momento, te abrazaré aún más fuerte. Te amamos, hija.

Mi vista comenzó a girar. Sus rostros se volvieron borrosos, distantes… hasta que todo se convirtió en un ruido metálico, constante.

Máquinas.

Abrí los ojos de golpe.

Paredes blancas, un pitido rítmico.

Mi pecho subiendo y bajando con dificultad.

—Ya despertó —escuché decir a alguien mientras una enfermera corría hacia mí junto a un doctor.

—¿Sabes tu nombre? —preguntó él, pasando una pequeña luz frente a mis ojos.

—Soy Jade —respondí con la voz áspera—. Jade Steele.

Asintió, hizo más preguntas que apenas procesé.

—Tuviste un accidente. Han pasado tres días —confesó.

Mis ojos se abrieron más de lo que dolían.

—Afortunadamente no hay secuelas visibles, pero haremos más estudios —continuó—. ¿Está bien?

Asentí sin entender del todo.

—Te dejaré con tus amigos —sonrió—. Llevan días sin moverse de aquí.

Cuando salieron, cerré los ojos. El recuerdo llegó sin aviso.

Un golpe. Luces. Yo llorando dentro de un taxi.

Un peso cálido me rodeó de pronto.

—Casi me da algo —dijo una voz conocida—. Nunca más, Jade. Nunca más.

Sonreí débilmente.

—También te quiero, Kate.

La miré. Detrás de ella estaban Olivia y Austin. Ned un poco más atrás. Ethan en una esquina, con esa enorme sonrisa de siempre.

—Todos estábamos preocupados por ti —sonrió Austin—. Medio hospital está aquí por ti.

Intenté incorporarme y el dolor me obligó a quejarme.

—Calma —dijo Ethan acercándose—. Aún no puedes hacer esfuerzo.

Acomodó la almohada con cuidado.

—Yerba mala nunca muere —bromeó Ned.

Rodé los ojos, sonriendo.

Pero entonces… mi pecho se apretó.

Mason.

No estaba.

No recordaba haber hablado con él. No recordaba nada después del accidente, solo una sensación rara… como si lo hubiera sentido cerca y lejos al mismo tiempo.

Las visitas siguieron llegando, mi familia, los chicos, Christian, Jacob... gente de la revista.

Todos.

Menos él.

Mi esperanza bajaba con cada minuto. Tal vez no quería verlo. Tal vez sí. Tal vez estaba con Alessa. Tal vez simplemente había decidido no estar.

—No pienses tanto —dijo Ethan al volver—. No es bueno después de estar días dormida.

—¿Qué tan mal estuvo? —pregunté.

—Tres días sin reaccionar es grave —admitió—. Pero Ned tiene razón —bromeo, rodee los ojos —Pero sabía que saldrías de esta

Me sonrió.

—Gracias por quedarte.

Un golpe suave en la puerta nos interrumpió.

—Permiso... Mi nombre es Max, del seguro —dijo un hombre—. Necesito que la señorita Steele firme esto. —se encogió de hombros— Es simple protocolo

Miré el papel, confundida, y luego a Ethan.

—¿Puedo leerlo? —preguntó.

Asentí.

—Mucho gusto Max, soy Ethan, abogado de la señorita Steele —dijo, estrechándole la mano.

El color desapareció del rostro del hombre.

—Sabe que no se puede aprovechar de la situación, ¿no? Mi clienta no firmará ninguna renuncia a sus derechos —sentenció—. Ella no tuvo responsabilidad alguna y ustedes deberán responder.

—Lo veré con el seguro... —recupero la hoja— Sera difícil ya que...

—Lo difícil no es verlo —sonrió Ethan—. Es pagarlo.

El hombre salió casi huyendo.

—Conocía la versión stripper, esta no —bromeé.

—Horario laboral, señorita —respondió—. Servicios limitados.

Reí suavemente.

Y por un momento, entre risas pequeñas y gente que me quería, el dolor fue más pasajero.

Pero el hueco seguía ahí.

Esperándome.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.