La Teoría de Tenerte

Capítulo 113

Habían pasado ya algunos días.

Por fin volvía a casa… y de Mason no había noticias, aunque, siendo honesta conmigo misma, ya no sabía si quería tenerlas.

—Bienvenida de vuelta —anunció Kate cuando abrió la puerta.

Thor intentó lanzarse sobre mí, pero ella logró sujetarlo justo a tiempo para que no me tirara al suelo.

—Yo también te extrañé mucho —murmuré, abrazándolo con cuidado.

Mi perro pareció entenderlo. Contuvo su fuerza, apoyó su cabeza en mi pecho y suspiró como si también hubiese estado esperando ese momento.

—¿Dónde están Ned y Ethan? —pregunté, buscando con la mirada—. Es raro que no vinieran.

—Fueron a resolver lo de sus boletos de avión. La aplicación falló —respondió—. Voy a...

El timbre interrumpió la frase. Kate frunció el ceño antes de ir a abrir.

Yo avancé despacio por la sala.

Sentía que llevaba años sin estar ahí. Como si el tiempo hubiera pasado en un segundo. Tenía ganas de tocar cada pared, cada mueble, asegurarme de que todo seguía siendo real.

—Mason no...

Me giré al escuchar su nombre.

Me quedé inmóvil. Ahí estaba.

Sus manos apretadas, el cuerpo rígido, la mirada fija en algún punto que no era yo. No era la mirada que conocía. Aquella serenidad que fingía calma… ya no estaba. Solo quedaba algo opaco, cansado. Juré ver una chispa en sus ojos que se apagó antes de siquiera distinguirla.

—¿Podemos hablar? —rompió el silencio.

Miré a Kate. Parecía debatirse entre intervenir o desaparecer. Yo solo asentí.

—Voy a mi cuarto —avisó, antes de dejarnos solos.

—¿Cómo estás? —preguntó Mason, suavizando la voz mientras daba un paso hacia mí.

Levanté la mano. Lo detuve.

—Quiero darte tu momento —dije—. Muchas veces te lo he negado… y fue un error. Ahora lo tienes.

Lo miré de frente.

—Quiero tu jodida explicación. Ya.

Mi voz resonó tan fuerte que incluso Thor se esfumó de la sala.

Silencio.

—Jade… solo quiero saber cómo estás —respondió casi en un susurro, sin mirarme—. No vine a dar explicaciones.

Sentí el golpe directo al pecho. La noche del accidente volvió como un relámpago.

—¿Entonces ya lo decidiste? —pregunté, luchando por mantener la voz firme.

Asintió.

—¡Háblame! —exigí.

—Es una decisión tomada, Jade.

Mis piernas cedieron. Me dejé caer en el sillón.

Un quejido escapó de mí, lo suficiente para que se acercara. Yo me moví de inmediato.

—No —aparté sus manos—. Si eso es todo… quiero que te vayas.

La lágrima cayó antes de que pudiera detenerla. Al levantar la vista, vi su rostro de nuevo. Lucía cansado, derrotado. Y no lo entendía.

¿Por qué venir solo a “ver cómo estaba” si nada había cambiado?

¿Qué más daño necesitaba causar?

—Ya escuchaste. Vete —dijo Ethan desde la puerta.

Mason giró con el ceño fruncido.

—Tú no me puedes echar de aquí.

—Pero yo sí —intervine, poniéndome de pie—. Vete.

Me miró. Había decepción en sus ojos.

—Pero escúchame bien —continué—. Te di tu momento de hablar y no lo aprovechaste.

Mi garganta ardía.

—No quiero que vuelvas. Tienes lo que querías, ya terminé toda relación que tenga que ver contigo… y con la banda.

Se lo había dicho a Christian en el hospital. No volvería a la disquera.

También hablé con los chicos. Me ayudaron a sacar todo sin que Mason lo supiera.

Todo… excepto ese cuadro. Eso ya no era mío, no lo quería

—No quiero saber más de ti.

Escupí cada palabra.

Vi cómo una lágrima rodaba por su rostro. Yo hice todo lo posible por no correr hacia él y abrazarlo. Por no romperme.

Asintió, miró a su alrededor por última vez y caminó despacio hacia la puerta.

Ethan la cerró en cuanto Mason estuvo afuera.

El sonido fue definitivo.

Me dejé caer en el sillón. Lloré más de lo que creí posible.

Ethan no dijo nada. Solo acarició mi espalda hasta que el llanto se agotó.

—¿Los tienes? —pregunté al fin.

—Aquí están —me mostró los pequeños boletos de avión—. Te ayudaré a guardar todo. Lo llevaremos en partes a Arizona.

Asentí.

Todo estaba decidido. En el hospital tuve demasiado tiempo para pensar. Con ayuda de Jacob, cerrar el trato con la revista fue más fácil de lo que imaginé.

Ahora solo quedaba irme, miré la casa una última vez. Antes, llegué aquí buscando algo nuevo. Ahora me iba dejando atrás recuerdos que dolían… pero lista para crear otros

Y esta vez... no iba a equivocarme de nuevo




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