Mía Lennox
Acomodo mis cosas dentro de la pequeña maleta que traje, intentando que todo entre aunque claramente no lo hace como cuando llegué. La ropa ya no está doblada con cuidado, el vestido azul asoma entre las prendas como si también estuviera cansado del viaje, y mi boina termina aplastada entre todo sin ninguna consideración.
Nora me avisó hace apenas unos minutos que nos vamos en media hora, y ahora anda corriendo de un lado a otro como si el tiempo de repente se hubiera vuelto en su contra. Se le escucha desde aquí, abriendo y cerrando cajones, murmurando cosas que no alcanzo a entender.
Toby levanta la cabeza desde la almohada, siguiéndome con la mirada como si estuviera supervisando mi trabajo.
—No me mires así —murmuro—. Estoy haciendo lo mejor que puedo.
Un par de golpes suaves en la puerta hacen que ambos volteemos.
—¿Quién es? —pregunto, sin muchas ganas de moverme.
—Nora —responde al otro lado—. ¿Puedo pasar?
—Sí.
La puerta se abre despacio y aparece con el cabello desordenado y esa expresión que deja claro que la noche de ayer no fue precisamente una buena decisión. Entra sin pedir permiso otra vez —como siempre— y se deja caer en la cama, quedando medio colgada, como si su cuerpo ya no quisiera cooperar.
—Milagro que tocas la puerta —comento, mirándola de reojo mientras sigo acomodando mi maleta—. Nunca lo haces.
—Me estoy muriendo —dice, llevándose una mano a la frente—. No vuelvo a tomar en mi vida.
—Eso lo dices siempre.
—Y siempre lo digo en serio.
Suelto una risa baja.
—¿Entonces?
—Me llegó un correo del instituto —murmura, girando la cabeza hacia mí—. Sobre prácticas.
Hago una pausa, dejando una blusa a medio doblar.
—¿Tan rápido?
—Más de lo que me gustaría —responde—. Y creo que nos van a tocar profesores estrictos.
Genial.
Exactamente lo que necesitaba escuchar después de una noche que apenas recuerdo.
Cierro la maleta con un poco más de fuerza de la necesaria y dejo salir el aire lentamente.
—Me niego a ser responsable otra vez.
—Lástima —dice Nora—. Estudias medicina. Tu destino es sufrir.
No puedo evitar reír un poco.
—Gracias por el apoyo emocional.
—Para eso estoy.
Toby se estira entre las sábanas, completamente ajeno al caos humano, y por un segundo lo envidio. Él no tiene clases, ni responsabilidades, ni decisiones complicadas.
Solo duerme.
Y come.
Y juzga.
El silencio se queda un momento más, tranquilo… cómodo.
Y eso se siente raro, porque sé que en cuanto salgamos de aquí, todo vuelve a ser como antes.
Cierro la cremallera y me levanto.
—Bueno… hora de volver a la realidad.
🌀🌀🌀
—Déjame poner mi música, engendro del mal —reclama Nora a su hermano mientras se deja caer otra vez en el asiento trasero.
En realidad, volvemos exactamente como llegamos.
Nada cambia.
O eso parece.
—Tu culo espantoso está en el asiento de mi auto —responde Alan con calma—, así que no puedes, hermanita.
—Te odio —dice ella sin dudar—. No hubieras vuelto. Ya ni me acordaba de ti.
—Lástima que no se te haya cumplido tu deseo —contesta, mirándola por el retrovisor apenas un segundo.
Los hermanos Wood no dejan de decirse cosas, como si fuera un deporte.
Y yo…
yo solo quiero dormir.
Y comer.
Sí. Definitivamente comer.
Apoyo la cabeza contra la ventana, mirando el paisaje pasar sin prestarle demasiada atención, mientras ellos siguen discutiendo sobre algo que ya ni entiendo.
—Ok, ni tú ni yo —dice Nora de pronto—. Mía, vas, nena. Pon tus gustos musicales.
Parpadeo.
¿Yo?
¿En qué momento me metieron en esto?
—Eh… yo no quiero nada —me encojo de hombros.
—No seas aburrida.
—La aburrida eres tú —interviene Alan sin levantar la voz—. Mejor acuéstate y duérmete. Ya fastidiaste suficiente por hoy.
Nora hace un sonido de indignación, pero no responde de inmediato.
Y por un segundo…
el auto se queda en silencio.
No completamente.
Pero lo suficiente.
🌀🌀🌀
Al llegar a la casa Wood, todo se siente normal. O eso siento yo.
Salgo del coche, al igual que los hermanitos.