Emma
—No puedes hablar en serio Emma —exclamó Anna con incredulidad, mientras paseaba por nuestra sala de estar —no le conoces de nada, y ¿pretendes pasar semanas a solas con él?.
—Parece inofensivo —dije, dando un sorbo a mi té con canela.
Después de lo que sucedió con Rachel, Anna y yo habíamos regresado a nuestro piso de alquiler y esperábamos a Justin. Al parecer, los padres y la hermana pequeña de Rachel ya estaban de camino y llegarían en un par de horas.
—¡Ni siquiera tiene un teléfono móvil con internet! ¿Qué clase de tío en pleno siglo veintiuno tiene una antigüedad para comunicarse? —Anna me miraba con total desaprobación.
Por mucho que me doliese, no podía explicar las razones de el por qué me la estaba jugando tanto, sin exponer a mis amigos. Era cierto que Adam, parecía inofensivo, pero ya había visto demasiados documentales en la cadena nacional, para saber que los peores psicópatas lo parecían. No era tan ingenua.
—Bueno, tal vez es un "poco rarito".
Mi mejor amiga puso los ojos en blanco.
—De verdad, no creo que esto sea una buena idea...
La puerta sonó con varios golpes secos. Me levanté como una exhalación.
—Ya voy yo... —dije, sin escuchar lo que me decía Anna, mientras me dirigía a la puerta.
Cuando abrí, me encontré con la mirada de Adam. Iba vestido con un jersey grueso de color negro y unos jeans. Joder, no recordaba que fuese tan guapo.
Carraspeó.
—¿Puedo pasar? Aquí fuera hace frío.
—Sí, claro —exclamé, haciéndome a un lado para que pasara.
—¿Le has dicho dónde vivimos? —preguntó Anna tras nosotros frunciendo el ceño.
—¿Cómo pretendías que hablásemos de la competición, con su teléfono de pago del siglo tres?
—De acuerdo, si algún día no apareces y encuentran tu cuerpo sin vida entre la nieve, no seré yo quien se lo diga a tu padre -exclamó enfadada, levantando las manos.
Después se marchó a su habitación, dejándonos solos.
—Tu amiga tiene mucho carácter.
—Es sólo apariencia, es un pedacito de cielo.
—¿Sabes que el carácter fuerte, puede ser debido a herencia genética pero también puede deberse a la socialización?
—¿Qué quieres decir con la socialización? ¿Qué yo tengo parte de culpa?
—Así es.
Puse los ojos en blanco y me crucé de brazos. Adam continuó.
—La forma en la que el entorno de una persona con mal carácter influye sobre esa persona, es fundamental, sus padres o figuras de autoridad, sus amistades...
—Vale, ya te pillo — le corté.
Indiqué a Adam que se sentara con un gesto, y este obedeció. El chico analizó nuestra pequeña sala de estar con el ceño fruncido.
—¿Tienes algún comentario mordaz que hacer acerca de la decoración?
Él pareció sopesarlo.
—Tengo varios, pero entiendo que no comenzaríamos con muy buen pie.
—No hemos comenzado con buen pie.
—Tienes razón.
Adam me miró fijamente durante varios segundos. Tenía la sensación de que me estaba analizando, traumas infantiles, deseos ocultos, mentiras... joder, ese tío era muy creepy.
—Bueno, si vamos a participar como pareja...
—¿Pareja? —me interrumpió —prefiero que uses el término compañeros, si no te importa.
—Está bien —exclamé entre dientes —compañeros. Si vamos a ser compañeros hay ciertas normas que hay que poner sobre la mesa, y ciertas cosas, que debemos conocer el uno del otro.
—Me parece bien, pregunta lo que quieras.
—Bueno para empezar, ¿eres un psicópata? ¿un asesino en serie? ¿tienes antecedentes penales? Es para que mi mejor amiga se quede tranquila.
—¡Gracias! —gritó Anna desde su habitación.
Adam me observaba boquiabierto.
—¿De veras crees, que, si fuera algo de lo que has mencionado, iba a admitirlo de forma abierta? Es una táctica bastante mala... pero responderé a tus preguntas de manera simple y comprensible para ti, no. Dile a tu mejor amiga, que se quede tranquila.
—¿Me estás llamando tonta? —pregunté molesta —estoy segura de que lo ha escuchado.
—¡Lo he escuchado! —gritó Anna de nuevo.
No pude contener la risa, Adam enarcó una ceja.
—Te lo dije, y no has respondido a mi pregunta.
—Te estoy llamando, poco prudente. Me toca, ¿tienes alguna fobia extraña, alguna alergia alimentaria, miedo a las alturas?
—¿Miedo a las alturas?.
—Supongo que, como tienes intención de participar en la senda del Yetghram., te habrás tomado la molestia de investigar la altura y los pormenores que podrías encontrarte.
Sopesé la pregunta. Lo cierto era que no. Ni siquiera sabía a qué altura estaba Cima Gris, el lugar al que teníamos que llegar.
—No.
Adam suspiró con frustración.
—Nada bueno puede salir de esto —exclamó entre dientes.
—Oye, te agradezco que quieras participar conmigo, pero ¿puedes dejar de ser tan quisquilloso?.
—¿Quisquilloso o precavido?.
—Como sea... —aquel chico era bastante peculiar. Compartir varias semanas con él, iba a ser toda una proeza. Sin embargo, no cabía la menor duda de que era un cerebrito, eso me vendría bien.
—De acuerdo, probemos con otra cosa, te daré la información que necesitas conocer antes de participar. Como podrás suponer, la senda del Yetghram, no sigue un patrón definido cada año. El premio es el mayor hasta la historia, porque en veinte años, nadie ha conseguido llegar a Cima Gris y conseguir lo que su organizador, Endel Harst, les pide a los participantes. Como deducirás, "eso que les pide", también cambia cada año.
—En otras palabras, ganar será jodido.
Adam asintió.
—Hay una alta probabilidad de que fracasemos, eso seguro. No obstante, el verdadero reto, es encontrar las pistas que su creador nos dejará por el camino, para poder encontrar la única ruta que llega a Cima Gris.
—Parece sencillo.
—En absoluto. Hay rutas falsas para despistar, nadie ha conseguido encontrar la que lleva al premio. Además, hay que tener en cuenta que, podemos morir de una hipotermia o cayendo al vacío, si no andamos con cuidado. La nieve puede jugarnos una mala pasada.