Adam.
«Me ha besado»
No podía creerlo. Esa descarada... Miré a Emma, quien dormía profundamente con una sonrisa en sus labios. ¿Encima se atrevía a sonreír, mientras yo estaba aquí, comiéndome la cabeza por un beso mal dado?
Joder.
Rika me observaba desde su cama, con el ceño fruncido.
—Deja de darle vueltas humanito -—exclamó la gata.
—Deja de observarme y decirme lo que tengo que hacer —me quejé. —Estás empeorando las cosas.
—Yo diría que te las estoy facilitando.
— ¿Facilitármelo? —gruñí. Emma se movió ligeramente y murmuró algo ininteligible. -Sabes de sobra que salgo con alguien.
—¿Conoces bien a Lydia? —ronroneó.
—¿Cómo sabes su nombre?
Aquella gata daba auténtico miedo.
—Yo lo sé todo —dijo.
—Por supuesto que la conozco bien.
—Entonces a tu regreso, pregúntale acerca de Roy Chatterson —exclamó, y acto seguido, me dio la espalda para dormir.
—¿Qué quieres decir con eso? —susurré. La gata me ignoró. —¡Rika!
Nada. Ni caso.
El tiempo pasó, y finalmente logré dormir unas horas, antes del amanecer.
***
Cuando Emma se despertó con los primeros rayos del sol, me sentí ansioso. No sabía qué decir acerca de lo que había sucedido la noche anterior, tampoco sabía cómo iba a reaccionar ella.
—Buenos días —exclamó desperezándose.
—Hola —saludé.
La chica entró al baño como si nada. Minutos después salió y se preparó un café instantáneo.
—Joder, no vuelvo a beber esa mierda. —se quejó, mientras masajeaba su frente en círculos. —bastó sólo un trago, para hacerme perder casi la consciencia.
—Prácticamente, te bebiste media botella de un trago—dijo Rika, desde el sofá.
Observé el movimiento de sus dedos, mientras acariciaba su frente.
—¿Recuerdas algo de anoche? —pregunté. Se acabaron las excusas.
—¿Anoche? Lo cierto es que no.
Sus palabras cayeron sobre mí, como un jarro de agua fría. Estaba bromeando ¿no?
—Estás de broma, ¿verdad?
Ella hizo un gesto intentando recordar.
—No, lo lamento. ¿Por qué lo preguntas?.
Me había besado, y no se acordaba. Estaba a punto de romper algo de la frustración.
—Me besaste. —Solté, esperando su reacción.
Ella me miró fijamente y luego se rió.
—¿Qué te hace tanta gracia?
—No es cierto. Me acordaría de algo así.
—No me lo estoy inventando, ¿por qué lo haría de todos modos?
—Entonces no fue tan memorable —exclamó. Arrugué la servilleta de papel, con la mano.
—Tienes razón, no lo fue.
—¿Insinúas que no sé besar? —se quejó.
—Insinúo que ni siquiera te esforzaste.
—¿Querías que me esforzara? —preguntó con los ojos muy abiertos.
—Te dije que le gustabas —exclamó Rika, bostezando.
—Claro que no, me refería a ... da igual, me voy. —dije, saliendo a la calle.
Joder. Esto era increíble.
Emma me había dado un beso, uno bastante rápido y mediocre, y no se acordaba. Iba a asesinarla, tenía terreno de sobra para esconder el cadáver... iba...
—Adam.
—Es mejor que nos pongamos en marcha —exclamé, sin mirarla.
—Estás enfadado. —dijo. No era una pregunta.
—¿Por qué Emma? ¿Por qué iba a enfadarme? —exclamé con ironía —¿Sólo porque te echas encima mío cada vez que puedes, y logras que la situación se vuelva tensa e incómoda? ¿o quizás porque te advertí que no bebieras y no sólo no me hiciste caso, sino que me besaste y ahora dices no recordarlo? ¿Por cuál de todas estas cosas debería estar enfadado, Emma? Eres un auténtico desastre. Tienes tendencia a ser impredecible e impulsiva, por no hablar de que eres un peligro para ti misma y para los demás, con una tendencia casi irremediable de meterte en problemas.
Me arrepentí al instante, de haber hablado sin filtro. No pensaba que fuera un desastre, era una persona buena y noble, pero sus actitudes me tenían muy enfadado. No lograba comprender su mente y eso me atormentaba a diario.
Algo cruzó su semblante, algo que no supe identificar, del todo, una mezcla entre dolor y culpa.
—Lo lamento Adam, no volverá a suceder. Mantendré las distancias contigo, ni siquiera abriré la boca. Olvida lo que sucedió ayer.
—Emma, no quería decir que...
—Vamos, se nos va a echar la tarde encima -exclamó.
Rika me lanzó una mirada asesina, cuando caminó con pasos cortos y elegantes a mi lado, siguiendo a la chica.
—¿No crees que te has pasado? —me dijo.
Una parte de mí se sentía fatal por lo que le había dicho, sin embargo, mi parte más lógica y racional me aplaudía ruidosamente, ya que, después de lo que le había soltado, estaba casi convencido de que ese tipo de situaciones extrañas no volverían a repetirse.
A fin de cuentas, ¿no era eso lo que deseaba? Porque era eso lo que deseaba, ¿no?
Caminamos todo el día en silencio. Emma sólo interactuaba de vez en cuando con Rika, quien viajaba escondida en su abrigo, como de costumbre. Ambas hablaban casi en susurros, por lo que me era muy complicado escuchar lo que decían.
No es que quisiera hacerlo, de todos modos.
Ante nuestros ojos, un enorme hotel se desplegó. Tenía tres plantas, y parecía que alguien lo había cogido y lo había dejado ahí, extraño y atemporal en medio de ninguna parte.
El edificio era de un color blanco, con varias ventanas ovaladas y decoración navideña por todas partes. Un Santa Claus enorme, colgaba de la pared y varias luces de colores iluminaban de manera intermitente, la fachada. Llevábamos más de diez días de competición y quedaba apenas una semana para Navidad, justo, cuando esta tenía previsto finalizar, con o sin ganadores.
Emma y yo entramos en el hotel, que, para sorpresa de nadie, estaba repleto de gente.
—¿De dónde ha salido tanta gente? —preguntó Emma, mirando a nuestro alrededor.
Eran las primeras palabras que me dedicaba, en todo el día.
—No tengo ni idea. —Respondí.