La teoría del invierno (completa)

Hay cosas que es mejor ignorar.

Emma.

Adam había desaparecido con Lydia hacía ya, más de tres horas. Las mismas en las que había mirado el reloj digital de Mike. Anna me observaba con el ceño fruncido.

—¿Te encuentras bien? — preguntó. —No paras de mirar ese reloj.

—Sí, es que no me acostumbro a estar sin el teléfono.

—Claro... —respondió, dando un sorbo a su batido de chocolate. Había cenado en la habitación de Justin y Anna, o, mejor dicho, la mía y la de Anna, pues Justin se había empeñado en que él dormiría con Adam, en el caso de que volviera.

—¿Cuánta resistencia crees que tenga ese tío? —exclamó Anna. —¿Piensas que lleva tres horas...?

—¡Anna! Joder, ahora voy a estar pensando en eso —reí. Ella también se rió.

—En serio, parece que esa chica le absorbe.

—Pienso igual, parece que Adam siempre está en tensión cuando ella está cerca, da un poco de mal rollo—exclamé.

Era maravilloso estar con mis amigos, con ellos sentía que podía ser yo misma, sin que me juzgaran. Me aceptaban tal y como era.

—Ahora dime la verdad, ¿te gusta?

Lo sopesé durante demasiado tiempo.

—No, y aunque así fuera, él piensa cosas horribles sobre mí.

—¿Qué cosas?

—Bueno, me dijo que era un peligro para otras personas y para mí misma, y que soy un desastre.

Anna resopló molesta.

—Ese tío no te conoce en absoluto.

—No me importa, en serio. Cuando termine la competición, volveré a casa y no volveremos a vernos. Y supongo, que en parte estaba molesto...

—¿Qué hiciste? —rió.

—¿Por qué das por sentado que tuve que hacer algo?

Anna negó con la cabeza conteniendo la risa, sin mucho éxito.

—Porque te conozco demasiado bien. Dispara.

—Le besé estando ebria, y después lo olvidé.

—Si tú llevas años sin beber, ¿y cómo sabes entonces que le besaste?

—Él me lo dijo.

Anna rompió a reír a carcajadas, su risa era tan contagiosa, que al final yo terminé por reír también.

—Joder Emma, eres imposible.

En ese momento Justin entró en la habitación con dos pedazos de tarta de chocolate.

—Os he traído esto —exclamó, colocando la bandeja sobre la mesilla de noche de Anna.

—¿Has bajado a la cafetería? —pregunté.

—Sí y adivinad quienes estaban abajo —exclamó Justin mirándome con preocupación.

—No me jodas —exclamé.

—Roy y Jordan —suspiró Anna.

Justin asintió.

—Roy me ha preguntado si tú y el rarito habíais llegado. Le he mentido.

—Gracias Justin, aunque se enterará tarde o temprano.

—Ten cuidado con él, trama algo, ¿por qué querría alguien como Roy Chatterson competir por un millón de dólares? Su madre tiene dinero de sobra para limpiarse el trasero. —exclamó Justin.

—Sí, es raro. —respondió Anna.

—Bueno, me voy a dormir a tu habitación. Estoy muerto del sueño.

—Puedes quedarte aquí si lo prefieres, no creo que Adam regrese.

—No, gracias —exclamó Anna.

—Prefiero dormir allí. Buenas noches.

—Oye ¿qué ha pasado entre...?

—Ni lo menciones. Te lo contaré todo cuando termine la competición, no quiero ni pensarlo —exclamó Anna.

—De acuerdo, pero sabes que me encanta escuchar —sonreí.

Anna me dio un abrazo y sonrió.

—Lo sé, ¡a dormir!

Rika había estado dormida durante horas, fruto del cansancio. La gata estaba echa un ovillo, a los pies de la cama. No había hablado ni una sola vez, quizás porque sólo Adam y yo podíamos escucharla, o tal vez porque no deseaba hacerlo delante de otros seres humanos.

Estuve tentada de preguntarle a Anna que clase de criatura les había enviado Rika para ayudares, pero estaba tan cansada que me dormí en seguida, dejando atrás ese pensamiento.

***

A la mañana siguiente, Anna, Justin y yo, bajamos a desayunar. Justin me había comentado que Adam, no había aparecido durante toda la noche, cosa que no me sorprendió.

Nos sentamos en una mesa alejada del pasillo central y de la multitud. Anna y yo nos habíamos pedido las tortitas de chocolate, mientras que Justin, había preferido que le echasen nata.

Mis amigos se dedicaban miradas de soslayo, lo que significaba que estaban enfadados por algo. Ninguno de los dos, me había contado por qué, y yo tampoco había insistido sobre el tema, ya que me gustaba respetar el espacio de los demás.

Anna me había prestado un vestido de lana ajustado de color blanco, a conjunto con unas medias de lacitos, y unas botas del mismo tono del vestido, preciosas. Yo sabía que eran sus favoritas. Cuando aquellos dos imbéciles nos habían robado las mochilas, había perdido las pocas prendas de ropa, que me había traído a la competición.

Anna también me había peinado con un moño desenfadado, que me daba un "aire más elegante", según ella.

Entonces le vi entrar. Adam llevaba una sudadera oscura y tenía el cabello mojado, como si acabara de salir de la ducha. Estaba muy guapo, sin ese jersey azul, que comenzaba a detestar profundamente. A su lado, Lydia llevaba un vestido rojo y unos tacones que daban vértigo. Su cabello le caía en hermosas ondas desenfadadas e iba, impecablemente maquillada.

Nuestras miradas se cruzaron.

—¿No crees que el rojo no la favorece? —me dijo Anna al oído. —Parece que el chico esté secuestrado.

Negué con la cabeza y Anna sonrió. Justin saludó a Adam con la mano, y este le devolvió el saludo. Tras unos segundos de duda, Adam le dijo algo al oído a Lydia y se acercó a paso rápido a donde nos encontrábamos.

El corazón comenzó a latirme con fuerza. ¿En qué momento había comenzado a molestarme verle con otra?

—Hola —saludó.

—¡Qué hay tío! —exclamó Justin, chocando el puño con él. Adam enarcó una ceja, pero le saludó de la misma manera. —Te esperé anoche y no viniste a calentarme la cama.

—Estaba...ocupado.

—Ya veo —rio Justin.

—Hola —exclamó Anna con sequedad.

Adam, la sonrió y después, me analizó de arriba a abajo, intentando parecer lo más discreto posible, cosa que no consiguió. Nuestras miradas se encontraron.




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