La teoría del invierno (completa)

Complicando las cosas.

Adam.

No recordaba haber bebido alcohol, más de tres o cuatro veces en toda mi vida. Sabía que beber no iba a solucionar lo mío con Lydia, pero aliviaba el dolor. Lydia había sido una de las personas más importantes de mi vida, pero no estaba dispuesto a cumplir sus deseos, como si fuera una adolescente caprichosa. Estaba harto, de que intentaran manipularme.

Emma me lanzaba miradas de soslayo mientras charlaba con Amber. Siendo honesto, la chica no me interesaba en absoluto, pero no podía evitar sentir cierto placer, en ver a Emma con esa expresión.

Comencé a sentirme un poco mareado, por lo que tuve que apoyarme en la pared. La chica rió escandalosamente, no tenía ni la menor idea de por qué, pero sonreí igual. ¿Cuánto había bebido, tres, cuatro copas?, había perdido la cuenta.

Emma hablaba con Daniel, que se había acercado a ella más, de lo estrictamente necesario.

«Imbécil»

-¿Quieres que demos un paseo? -me preguntó Amber.

-Eh... -logré decir. Aquella era una mala idea. -lo lamento, pero creo que me iré a dormir temprano. Mañana nos espera un día largo.

-No te gusto, lo comprendo -dijo la chica.

-Eres una chica muy guapa...

- Pero quien te gusta es ella -exclamó señalando a Emma con la cabeza. -No le quitas los ojos de encima.

-¿Por qué todo el mundo se empeña en lo mismo?

-Quizás porque, es muy evidente -rio. -Deberías decírselo, antes de que mi hermano se lance, como un tigre a por su presa. Te aseguro, que tiene intención de hacerlo.

-Somos...demasiado diferentes. -susurré. Amber me miró y sonrió.

-Los polos opuestos se atraen, ¿no?.

-No siempre -exclamé, soltando asqueado mi copa sobre la mesa. Si bebía un trago más de esa basura, iba a vomitar.

Daniel agarró a Emma por la cintura. Noté la expresión de la chica, quien intentaba alejarse de manera educada. Me tambaleé hasta ellos y empujé suavemente a Daniel, hacia un lado.

-Deberíamos irnos -dije, mirando a Emma. Mientras a mí me costaba casi hablar con claridad, a Emma parecía no afectarle el alcohol en absoluto.

-No tengo prisa -exclamó.

-Yo la acompañaré a su habitación, vete tranquilo -dijo Daniel, con una sonrisa.

-Dormimos en la misma habitación -exclamé con una sonrisa. Daniel hizo una mueca.

-Tú duermes con Justin, yo dormiré con Anna.

-No pienso dormir con Justin, no le conozco de nada. Dormiré contigo.

Me tambaleé hacia delante y Emma me sujetó del brazo para que no me estampara contra el suelo.

-¿Por qué a ti parece no afectarte el alcohol?

-Porque no estoy bebiendo alcohol -dijo ofreciéndome su vaso. Lo olfateé con cuidado.

-Zumo de frutas.

Ella sonrió.

-No todas las bebidas de la mesa eran bebidas alcohólicas.

No había caído en ese detalle. Había sido un estúpido.

-Tú y yo vamos a irnos a dormir -exclamó Justin, arrastrándome en dirección al ascensor.

Intenté zafarme. Miré a Emma quien negaba con la cabeza divertida. No deseaba que se quedara sola con ese imbécil.

-Voy a quedarme con ella.

-Mira tío, no vas a dormir en la misma habitación que ella, en tu estado.

-Jamás le pondría una mano encima estando borracho -hipé. -¿Prefieres que se quede con él?

-No va a quedarse con él.

-¿Ah no?

Justin comenzó a agitar los brazos de manera cómica, colocándose entre ellos. Anna se rió.

-¡Todo el mundo a la cama! -gritó.

-Vale "papá" -bromeó Anna.

-¿Eso es lo que vas a decirme cuando estemos a solas?

Anna le pellizco en el brazo, con fuerza.

-¡Auch!

-Deja de decir tonterías.

«Y este tío, pretende darme consejos»

***

Unas horas después...

Llevaba bastante tiempo mirando al techo, con la manta cubriéndome hasta el cuello, y Justin, roncando sonoramente a mi lado.

Joder.

Me levanté al baño, con un dolor de cabeza insoportable. Evité encender la luz para que mi acompañante nocturno, no se despertara. Otro de sus ronquidos, me confirmó que eso sería complicado.

Salí de la habitación con cuidado, y paseé por el largo pasillo hasta llegar a una terraza enorme, en la parte frontal del edificio. No muy lejos, se podía apreciar Cima Gris. Pequeñas nubes de vapor se elevaban de mi boca, desapareciendo en la profundidad de la noche. No había cogido mi abrigo, pero no tenía demasiado frío, estaba acostumbrado. En la quietud, unos pasos suaves sonaron tras de mí. Me giré extrañado y me encontré a Emma, mordiendo una chocolatina, totalmente inmóvil, al ser descubierta.

-¿A estas horas? -pregunté.

-Tenía hambre -respondió. -¿Qué haces aquí?

Emma salió a la terraza y se abrazó a sí misma.

-Será mejor que entremos -dije. La chica negó.

-No, se está bien aquí.

Intenté ignorar que el frío marcaba ciertas partes de su cuerpo, a través de la tela de su pijama. Un pijama que claramente, le había prestado Anna. Ella se dio cuenta, y se cruzó de brazos a la altura de su pecho. Sonreí.

-¿Necesitas hablar de lo de Lydia? -preguntó.

-No hay mucho que contar. Intentaba que me marchara con ella de Aelston, es gracioso, porque jamás he tenido la sensación, de tener control total sobre mi vida. Todos parecen saber qué es lo mejor para mí, sin tener en cuenta mi opinión, Lydia incluida.

-Debe haber una razón, Adam -exclamó.

-La hay.

Emma me miró confusa. Miré a las montañas lejanas y suspiré.

-Estoy enfermo. Los médicos me han detectado una rara enfermedad, cuya cura es experimental, si no consigo cincuenta mil dólares, moriré.

Emma se acercó a mí y puso con cuidado su mano en mi espalda.

-Adam, lo siento mucho. ¿Por qué no me lo dijiste?

-Te advierto que no soporto la compasión. Y, además, el decírtelo no cambia el hecho, de que me estoy muriendo Emma.

Ella se secó una lágrima con la manga, intentando disimular.




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