Adam.
Salí a buscar a Emma pasadas las tres. Fuera de la cueva, estaba oscuro, y sólo el leve titilar de las estrellas me acompañaba, a través de la oscuridad.
Enfoqué con la linterna, hacia un pequeño grupo de árboles no muy lejos de donde nos encontrábamos. Había un hueco enorme en el centro. La tierra estaba revuelta, y parecía que algo o alguien, se había arrastrado por el lugar.
—Esto pinta mal —exclamó Rika, saltando a mi lado.
—Me has asustado —me quejé.
—¿Ves ese hueco de ahí?
Asentí, acercándome y enfocando mejor, con la linterna.
—Es el hueco de un Medik del Valle.
—¿Qué es un Medik del Valle?
—Un espíritu centenario que adquiere forma de árbol y que sólo se mueve cuando lo riegan.
—Eso no tiene ningún sentido.
—¿Ah no? ¿Entonces cómo explicas que se haya llevado a la chica?.
—Si alguien se la ha llevado, dudo que sea un árbol centenario.
—Si no vas a confiar en mi palabra, puedes quedarte en la cueva. —exclamó Rika, caminando hacia donde las marcas en el suelo se dirigían.
Seguí a la gata de mala gana, mientras enfocaba el rastro por el sendero.
—En el caso de que lo que dices fuera cierto...
—Lo es —respondió Rika.
—En el caso, de que sea cierto, ¿por qué iba un espíritu centenario en forma de árbol, a querer llevarse a Emma?.
—Porque lo ha regado. Esos idiotas se lo toman como una invitación.
—¿Y con qué lo ha regado? Esto es una tontería, Rika.
—Con lágrimas —afirmó.
Me detuve en seco, ¿Emma había estado llorando? Aquello no hizo más que empeorar, mi nudo en el estómago. Ya me sentía lo bastante mal con nuestra discusión, como para ser consciente de que, la había hecho daño.
Y la verdad, la puta verdad, era que me gustaba mucho y que, aunque quise darle una lección, me moría de ganas de besarla y no sólo de besarla. Pensaba en ella de maneras muy sucias.
Me sentía la peor persona del mundo.
Era incapaz de poner en palabras lo que sentía, muy en el fondo, por miedo a su rechazo. Y ahora, Emma había desaparecido, y la quería de vuelta.
—Vamos humano, o ese estúpido árbol, se la llevará aún más lejos y jamás podremos encontrarla.
Caminamos cerca de una hora, hasta que algo me llamó la atención. En mitad de la nada, un imponente árbol se elevaba con sus ramas y hojas, hacia las estrellas. Sus raíces, se movían con suavidad, emitiendo un leve crujido por el movimiento.
Pegada al tronco, Emma, permanecía inmóvil, mientras esa cosa la tenía sujeta de pies y manos, rodeándola con las ramas. Emma se sacudió a duras penas al vernos.
—Necesito un hacha.
—No será tan sencillo —dijo Rika —el Medik del Valle, cree que ella le pertenece.
—Y una mierda —solté.
—Hay una opción.
—Lo que sea —exclamé.
—Convencerle de que la suelte, con palabras de cariño genuino.
Enarqué una ceja, confuso.
—¿Dialogando?.
—Ajá. Aunque no lo parezca, ese grandullón es muy emocional. Son parientes de los sauces llorones.
—No puedo creer esto —me quejé.— No pienso hacerlo.
Aquello era estúpido, ¿Cómo se suponía que iba a convencer a un árbol, de soltar a Emma?
Emma se revolvió de nuevo. Su mirada era una súplica silenciosa.
—¡No puedes llevártela! —gritó Rika.
El árbol se detuvo y se giró dejando a Emma de cara a nosotros.
—¿Quién lo dice? —preguntó una voz grave.
—¿Cómo es posible que hable, si no tiene boca? —le pregunté a Rika en susurros.
—Te estoy escuchando humano —respondió.
—Ahora no sólo tiene boca, sino que tiene oídos...
—Cierra el pico idiota, estás empeorándolo —se quejó Rika.
Puse los ojos en blanco. A estas alturas de la competición, aún cuestionaba mi cordura, quizás, después de todo, se tratase de una estratagema de Endel Harst.
—No puedes llevarte a la chica —repitió Rika ronroneando. —Él tiene algo que decirle.
Emma enarcó una ceja.
—Si, eh...lo siento. —Exclamé.
El árbol que, hasta ese momento permanecía quieto, comenzó a arrastrar sus enormes raíces, alejándose.
—No te estás esforzando lo suficiente, y lo sabe.
Joder.
—Espera —dije. Inspiré hondo y miré a Emma. Estaba convencido de que, iba a arrepentirme de esto —lamento haberte hecho daño.
—No estás siendo sincero —exclamó el árbol, con su voz profunda.
—Está bien —exclamé. La chica me observaba expectante. —Me gustas mucho, Emma, y no sé cómo demostrarte que no te estoy utilizando, para olvidarme de Lydia. No soy demasiado bueno con las palabras, ni con las emociones. Fue por ti, por lo que decidí terminar con ella, no estaba siendo justo. Las cosas no iban bien, entre nosotros, y no puedes fingir seguir queriendo a alguien, si tu mente está en otra persona.
Emma estaba boquiabierta. Se hizo un silencio incómodo y respiré con fuerza. Necesitaba que alguien dijese algo, lo que fuera.
De pronto, el gigantesco árbol comenzó a llorar. Se agitaba con violencia, mientras pequeñas gotas que resbalaban de sus hojas empaparon a Emma. Las ramas se retiraron de su cuerpo y la chica cayó al suelo.
—Qué confesión de amor más hermosa —lloraba el Medik. —Sólo tenías que decirme que te gustaba, y te la habría devuelto. Sólo deseaba consolarla.
—¿Qué? —pregunté mirando a Rika. La gata me sonrió.
—Quizás exageré un poco —confesó, con total tranquilidad.
«Maldita gata del infierno»
El Medik del Valle, continuó llorando mientras nos alejábamos hacia la cueva. Emma caminaba abrazada así misma, totalmente empapada.
Ninguno de los dos, dijo nada. Rika corrió tras un pequeño insecto volador, perdiéndose entre la vegetación.
Cuando llegamos a la cueva, Emma se sentó junto al fuego, escurriendo su cabello, totalmente mojado. Necesitaba que dijera algo, acababa de confesar lo que sentía, no podía creerme que fuera tan fría.
—Emma...
—Yo...