Emma.
Eran cerca de las siete cuando desperté. Adam estaba mirándome, apoyado sobre su codo, con el ceño fruncido y cubierto por una sabana, que le cubría hasta la cintura.
— ¿Sabes que hablas en sueños?.
—Lo hago desde niña —respondí.
—Es síntoma de que no descansas bien, quizás por una desregulación del sueño, por apnea o por consumo de alcohol y sustancias, bueno, esto último queda descartado.
—Deja de darme lecciones desde tan temprano —respondí, cubriéndome con la sábana hasta la cabeza.
—¿No quieres saber lo que decías?.
Asomé la cabeza por la parte superior de la sábana, y cubriéndome me senté.
—¿Qué dije? ¿Admití que deseaba asesinarte en ocasiones? —reí.
—Hablaste de tu padre.
Aquello era malo. No había querido hablar del tema a profundidad, con Adam, desde que le conté lo que sucedió con Roy y el Yetghram.
—¿Tenéis una mala relación?.
—No siempre fue así —dije —la relación con mi padre empeoró, desde que comencé a salir con Roy. Mi padre tenía razón al pensar, que sólo era otro chico rico que manipulaba a los demás, para conseguir lo que quería.
—Bueno, es comprensible que no te dieras cuenta al inicio, desde cierto punto de vista, sentías algo por él.
—Sí, pero había pequeños detalles, pequeñas cosas que estaban mal. Lo veía a menudo, en la manera en la que trataba a los demás. Pero me autoconvencí de que, conmigo era diferente, porque a mí, nunca me trató mal.
—Es como la persona que apalea al perro de la calle, y tiene un gato de mascota —respondió Adam.
—Algo así.
—¿Tu padre te hace responsable de lo que pasó?.
Asentí.
—Me dijo cosas horribles en el hospital. Y me pidió que me marchara, desde entonces, no he vuelto a hablar con él.
—Lo lamento —dijo Adam.
—Si pudiera volver atrás, no saldría con Roy. No es el mejor de los tíos, ¿sabes?.
—Eso ya me quedó claro. Lo que me preocupa, es qué sucederá si salvamos al Yetghram.
—Tomará represalias contra nosotros, eso seguro —admití.
—No lo permitiré.
Me gustaba el optimismo de Adam, en mi caso personal no estaba muy convencida de que, pudiera librarme tan fácilmente, de Roy y su madre. Decidí apartar esos pensamientos y disfrutar de la relativa tranquilidad, hasta ese momento.
—¿Por qué te tapas tanto? — preguntó Adam con una sonrisa.
No me había percatado, de que sujetaba la sabana con fuerza.
—Estoy desnuda.
—Cómo si no te hubiese visto —exclamó Adam, enarcando una ceja.
—Soy una persona pudorosa. —Respondí. —¿Cómo es posible que un cerebrito como tú, sea tan pervertido?.
—¿Y cómo es posible, que una chica tan impulsiva y alocada como tú, tenga tanta vergüenza?
—Que te den —exclamé. —No tengo vergüenza de ti.
—Demuéstralo —me retó.
Me levanté, con la sábana envolviéndome, mientras Adam me sonreía divertido, tumbado, con las manos tras la cabeza.
—Quítate la sábana —dijo Adam.
Dudé y Adam sonrió, levantándose. Dejó caer la sábana que le cubría y se acercó a mi despacio.
—¿Te sientes insegura respecto a tu cuerpo? —preguntó, dando un paso hacia mí. Retrocedí.
—Tal vez —admití.
—Eres preciosa, con ropa y sin ella —dijo, dando otro paso. — Quítate la sábana, quiero verte.
Choqué con la pared y Adam me acorraló. Dejé caer la sábana al suelo y él me recorrió con la mirada de manera descarada, después me besó.
—No hay nada malo con tu cuerpo, y si ese imbécil de Roy Chatterson te hizo sentir así, alguna vez, le mataré.
—Mejor dejamos ese trauma para otro día —dije.
—Me parece que vamos a tener otra sesión de cardio, Garello. No tengo otra opción. —Exclamó bajando la mirada.
—Pervertido —susurré.
—Hasta el infinito y más allá.
Horas más tarde...
Rika nos esperaba tumbada en la rama más baja de un árbol, con expresión de aburrimiento.
—Baja de ahí —dije, estirando los brazos para que saltara.
La gata saltó directamente al suelo. Eso me dolió.
—He merodeado por la zona, mientras vosotros hacíais cochinadas. Tus amigos están a unos kilómetros de aquí —me dijo.
vVamos, quizás podamos alcanzarlos —exclamé con entusiasmo.
El final del trayecto sería más divertido con Anna y Justin. Deseaba de corazón, que hubiesen arreglado sus diferencias.
Siempre estaban igual. Había épocas donde parecía que un acercamiento entre ellos sería inevitable, para después joderse de nuevo y así, sucesivamente.
—¿En qué piensas? —me preguntó Adam —estás muy callada.
—Pensaba en mis amigos, y en cómo siempre acaban jodiendo las cosas.
—¿En qué sentido?
—Bueno, Rachel y yo sabemos de sobra que se gustan, y se gustan desde hace años. El problema, es que cuando alguno de los dos intenta acercarse al otro, todo se acaba enredando. He visto a Anna llorar por Justin, y a él, hacer tonterías por ella, pero es como si en el fondo, no estuviesen destinados a ser.
—Yo tenía ese tipo de pensamientos.
Le miré confusa.
—¿A qué te refieres?.
—Pensar que siempre tenía el control sobre lo que sentía y sobre quién.
—Te refieres a Lydia —afirmé.
—Sí. Pensaba que era la persona idónea para mí, ya que compartíamos un estilo de vida, gustos y una forma de pensamiento muy similar. Mis padres la adoran. Incluso hubo un tiempo, que dejé de comunicarme con ella, de verla incluso, había algo que, en mi interior, no acababa de conectar. Y me sentía culpable, porque no deseaba hacerla daño. Supongo que era más sencillo autoengañarse.
—Te entiendo, me pasó algo similar con Roy. Al inicio, cuando nos conocimos, era el niño rico que rompía las normas de su madre, y eso me gustó, porque yo también he roto muchas reglas a lo largo de mi vida. Hubo un tiempo, en el que me di cuenta, que Roy era una persona cruel, sin un ápice de empatía y de respeto por los demás. Y entonces, me vi incapaz de romper la relación, por miedo. Después, pasó lo del Yetghram y lo de papá, y Roy comenzó a obsesionarse conmigo, se niega a dejarme ir. Es una mala persona Adam y es capaz de cualquier cosa, para conseguir lo que desea.