Emma.
Roy había construido una especie de refugio para protegernos del frío, con ramas que había ido encontrando, durante la madrugada. Él comía distraído una manzana, mientras yo analizaba mi entorno y todas las posibles vías de escape.
Rika había aprovechado para escaparse en busca de ayuda, en un momento de distracción de Roy, ya que, al parecer, los espíritus del Valle no podían entrar en este territorio, lo que significaba muy a mi pesar, que estaría sola con este imbécil.
—Volveré a buscarte —me prometió —no puedo caminar más allá de estos árboles o moriré.
La gatita había echado a correr de manera sobrenatural, perdiéndose en la lejanía. Me había sentido sola sin ella, y en ese momento, la imagen de Adam vino a mi mente y tuve ganas de llorar.
—¿Estás segura de que no quieres comer nada? —me preguntó.
—No.
—Mañana nos espera un día duro. Llegaremos a Cima Gris al atardecer.
—Dime la verdad Roy, ¿para qué quieres llegar a Cima Gris, si en realidad quieres capturar al Yetghram?.
El chico dejó de masticar y me observó con desconfianza.
—¿Y tú cómo sabes eso?.
—No importa cómo lo sé. Roy debes detenerte, esto no está bien...
—No me digas lo que tengo que hacer, Emma —exclamó, poniéndose en pie y tirando el resto de la manzana fuera de nuestro refugio improvisado. —ganarás el premio, pagarás a mi madre y yo capturaré a esa cosa, es sencillo.
—Nada es sencillo, cuando hay personas como tú complicándolo todo. Además, ¿cómo voy a justificar la desaparición de mi compañero?.
Me dolió decir aquellas palabras en voz alta, echaba mucho de menos a Adam. Roy sonrió, como si me hubiese leído la mente.
—A Endel Harst no le importa, te lo aseguro.
—¿Endel Harst? ¿sabe a qué habéis venido?.
—Por supuesto que lo sabe tonta, es el mayor accionista de mi madre. Sacará una buena tajada de los beneficios de capturar al Yetghram. Sólo te permitirá ganar el premio, porque sabe que se lo debes a mi madre y que, a la larga, él se verá beneficiado.
No podía creerlo. Aquello era peor de lo que imaginaba.
—Además, tiene una nieta muy guapa.
Lydia. Hijo de puta.
—No me mires con esa cara, pajarito ¿o es que acaso estás celosa?.
—Me da igual a quién te folles Roy.
—Me he buscado un entretenimiento, mientras te das cuenta de que dejarme, nunca ha sido una opción. Porque no es una opción Emma, eres mía.
—Vete a la mierda.
Roy se rió.
—Pídeme lo que quieras, y será tuyo. Eso es lo que te ofrezco, una vida sin complicaciones. ¿Aún quieres estudiar en esa estúpida escuela de arte? Pídemelo, y lo tendrás. Lo único que deseo, es que regreses a mí.
—Antes muerta.
—Te pongo el puto mundo a tus pies, ¿y lo rechazas? —Roy se levantó, lleno de ira — veo que no lo entiendes, si no vuelves conmigo, no podré protegerte de mi madre. Sabes demasiado.
—¿Me estás amenazando?.
—Tienes hasta mañana para pensarlo, pajarito. Ahora duerme.
Roy se tumbó, apagando la luz de su linterna y dejándonos a oscuras. Me abracé a mí misma, conteniendo mis ganas de llorar, esto era una pesadilla. El frío era terrible y no ayudaba demasiado.
Pensé en escaparme mientras dormía, pero eso solo empeoraría las cosas, con Vanessa Chatterson. La mejor opción era ganar ese premio y que me dejase en paz. Sin embargo, las palabras de Roy me daban vueltas en la cabeza y quizás, todo esto no había servido para nada. El cansancio llamó a mi puerta, y finalmente me quedé dormida.
A la mañana siguiente Roy me despertó zarandeándome con brusquedad, y me instó a recoger mis cosas, para marcharnos.
Hoy era Navidad, una Navidad bastante triste, siendo honesta. Me preguntaba si Anna estaría decorando el árbol con ayuda de Justin, como solíamos hacer todos los años, después, nos sentábamos a ver películas de temática navideña y a beber chocolate caliente. Daría cualquier cosa por estar ahí.
Caminamos durante varias horas sin hablar, mientras ascendíamos Cima Gris.
Observé un leve movimiento por el rabillo del ojo. Roy miró el dispositivo de rastreamiento y sonrió.
—Tenemos compañía —exclamó, sacando un arma del interior de su abrigo.
—Roy ¿qué estás haciendo?.
—¡Silencio! —me ordenó.
Retrocedí unos pasos, mirando a mi alrededor.
«Por favor, no te acerques a nosotros. Va armado»
Sabía que el Yetghram era telépata, y deseaba con todas mis fuerzas que mis palabras, hubiesen llegado hasta él.
Roy disparó el arma en dos ocasiones. Escuché un quejido cerca de donde nos encontrábamos.
—¡Le he dado! —gritó, eufórico.
No podía permitirlo. Le seguí, mientras corría en dirección al sonido lastimero. El Yetghram, se encontraba herido en el suelo, la sangre le manchaba el pelaje blanco. Levantó la mirada y su pequeño ojo parpadeó.
«Ayúdame»
Miré a Roy que caminaba con cautela hasta la criatura, apuntándole con el arma directamente, a la cabeza. Me acerqué despacio hasta él, dispuesta a intentar arrebatarle la pistola, ya que, a simple vista, no encontré nada con lo que defenderme.
— Tú te vienes conmigo amigo —exclamó, sacando de su bolsillo un teléfono móvil.
Estaba claro, que él y Jordan, estaban saltándose las normas con el beneplácito de Endel Harst.
Encontré una rama a mi derecha. Era ahora o nunca. Me agaché con rapidez a por ella, pero justo cuando iba a levantarme, Roy se había girado, y me apuntaba con el arma.
—Luego te llamo —exclamó a alguien, al otro lado del teléfono. Roy lo lanzó a un lado y sujetó la pistola con ambas manos, acercándose un par de pasos a mí.
—¿Vas a matarme?.
—Así son las cosas Emma —exclamó. —¿Has pensado en lo que te dije?.
—Si.
—¿Y bien?.
—Que te den.
Roy cerró los ojos con fuerza, y se rascó la cabeza con la pistola. Después suspiró.
—Es una lástima —dijo, acercándose hacia mí. Retrocedí.