La teoría del invierno (completa)

Vuelta a la realidad.

Adam.

El Yetghram hembra, nos condujo hasta un lugar alejado y recóndito. Un maletín oscuro y desgastado estaba escondido dentro de una pequeña abertura, entre las rocas. Después, se habían marchado, no sin antes hacernos un extraño asentimiento de cabeza, supongo que en agradecimiento.

Emma y yo nos acercamos al maletín.

—Ábrelo —exclamé —quiero ver si lo del millón de dólares es real o era un farol.

Emma levantó con cuidado la tapa y casi me caigo de la sorpresa. El desgraciado no mentía.

Un montón de billetes estaban resguardados en un plástico, jamás había visto tanto dinero junto.

—No me lo puedo creer —exclamó.

Metí la mano en la mochila para sacar la bengala, pero Emma me detuvo.

—Quiero despedirme de Rika.

Asentí. Emma cerró el maletín y nos dirigimos hacia la colina, ya que, en ese punto, los espíritus del Valle podrían materializarse.

—¡Rika! — gritó. Esperamos en silencio unos minutos. —¿Crees que nos habrá escuchado?.

En ese momento la gata apareció de la nada, saltando a los brazos de Emma. Aether, la acompañaba y nos observaba agitando su cola a escasos metros de distancia.

—El Yetghram está herido —le dije a Rika.

—No te preocupes, la saliva de su madre es curativa, vivirá —respondió el pequeño zorro.

Rika ronroneaba y se restregaba contra Emma. Esta le daba besos en la cabeza, mirándome, sabía que no lo soportaba.

—Te voy a echar de menos —sollozó.

—Yo también a ti —exclamó la gata, luego me miró —y puede que a él también, solo un poco.

—¿Al final me has cogido cariño? —dije, enarcando una ceja. La gata saltó de los brazos de Emma al suelo y se acercó a mí, con pasos elegantes y medidos.

—No te acerques —exclamé, extendiendo las manos a modo de defensa. La gata me ignoró y sin previo aviso, saltó sobre mí, haciéndome caer hacia atrás, luego, comenzó a lamer mi cara con su lengua rasposa. —¡Qué asco!

—Para que te acuerdes de mí, humano idiota —exclamó con una sonrisa felina.

—Me acordaré.

Si que la echaría de menos, también a Aether, quien se restregó contra mi pierna.

—Buen viaje de regreso humanos —exclamó el zorro —y gracias. Emma se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano.

—Venid a visitarnos alguna vez —exclamó Rika.

—Cuenta con ello —dijo.

Rika y Aether, se giraron y echaron a correr hacia el valle, convirtiéndose dos luces blancas y despareciendo ante nuestros ojos.

—Vendremos a verlos —le dije. Sabía que se había encariñado con la gata.

—¿Juntos? — preguntó. La miré confuso.

— ¿Ya deseas echarme de tu vida?.

—No es eso, es que...tengo que solucionar todo el asunto con Vanessa Chatterson, sé de lo que es capaz Adam.

—E intentas apartarme.

—Intento que no te suceda lo que a mi padre, intento protegerte.

—Lo que hemos vivido juntos, ¿ha significado algo para ti?, prefiero que seas honesta.

Me daba miedo su respuesta, pero no deseaba hacerme falsas ilusiones con ella. Si esto había sido algo pasajero, prefería saberlo ahora.

—Claro que si, es solo...

—Entonces no me apartes.

Me acerqué a ella y la abracé. Ella me sonrió y se inclinó para besarme.

***

Dos días después...

Emma y yo habíamos regresado a Aelston, cuando un helicóptero había pasado a recogernos en el Valle. Emma se había alojado en mi apartamento, hasta ese momento, y se había puesto sumamente feliz, cuando le conté cómo un espíritu en forma de ciervo me había curado de mi enfermedad.

Endel Harst nos habia citado en su despacho un par de días después.

—¿Crees que querrá solo darnos la enhorabuena? —preguntó, mientras caminábamos en dirección a su despacho.

—Lo dudo.

El despacho de Harst era enorme, como imaginaba, todo lujo y opulencia. El hombre de mediana edad esperaba sentado con impaciencia, en una silla giratoria de cuero negro, al otro lado de una mesa de roble enorme, y cubierta de documentos pulcramente ordenados.

—Llegáis tarde —exclamó.

—Es usted quien quería vernos, no teníamos ninguna prisa en llegar —respondió Emma.

El hombre le dedicó una mirada aterradora.

—Bueno, antes que nada, mi enhorabuena a los dos —dijo —esta competición ha resultado ser...interesante.

—Si con interesante quiere decir, imprevista para usted, así es. —exclamó Emma.

—No tienes modales, niña. Considero que Adam ha elegido bastante mal.

—No mencione asuntos personales, que no son de su incumbencia, y díganos qué quiere, me estoy perdiendo mis clases de cardio.

Emma rió, y yo le dediqué una sonrisa.

—Iré directo al grano. Vanessa Chatterson está que echa humo, con todo lo sucedido con el Yetghram y con la muerte de Roy, de la que imagino, no sabréis nada...

—¿Y qué? —preguntó Emma.

—Pues que eso, me perjudica de forma directa, y no puedo permitirlo...

Un hombre entró en el despacho sin llamar. Era alto y corpulento y llevaba un arma en el cinturón. Adam y yo, nos miramos.

—Lamento mucho que esto termine así, pero como comprenderéis si esto sale a la luz, no puedo dejar que salpique mi nombre.

—Demasiado tarde —exclamó Emma, mirando sus uñas con indiferencia.

—No sólo eres maleducada, sino estúpida —dijo Harst, levantándose de la silla.

La puerta del despacho se abrió de nuevo, y varios policías entraron, apuntando con sus armas al guardaespaldas de Harst y al propio hombre.

—Levanten las manos —exclamó uno de ellos. Endel obedeció y también lo hizo su guardaespaldas.

Emma y yo, habíamos acudido a la policía con el teléfono de Roy, en donde la chica había grabado todo lo que había sucedido; desde su intento de asesinato, hasta la aparición del Yetghram y mi pelea con el mismo.

Las autoridades, nos habían pedido que firmásemos una cláusula de silencio, ya que el hecho de sacar a la luz pública la veracidad de la existencia del Yetghram, podía causar caos, en la población. En cuanto a Vanessa Chatterson, estaba siendo investigada y era muy probable, que terminara en prisión.




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