La teoría del invierno (completa)

Una nueva oportunidad.

Emma.

—No me digas que aún sigues leyendo esa porquería —le dije a Rachel.

Rachel era adicta a leer "Secretos bien guardados", una revista local de cotilleos que se compraba religiosamente, cada martes.

—Aunque no te lo parezca, puedes aprender bastantes cosas de la ciudad.

—Como quien se acuesta con quien —rió Anna.

—Entre otras cosas.

—¿Cómo te encuentras? —pregunté.

—Cada día mejor, aunque la doctora me ha dejado claro, que aún me quedan unas tres semanas de recuperación.

—Debes tener paciencia —comentó Anna.

—Estas navidades han sido una mierda sin vosotras.

—Te hemos echado de menos —exclamé.

La puerta de la habitación de Rachel se abrió de par en par. Justin, estaba apoyado en el marco de la puerta con unas gafas de sol y con una sonrisa amplia.

—¿Estabais haciendo un aquelarre sin mí, brujas? —rió.

—Nos faltaba el muñeco vodoo —exclamó Anna con ironía.

—Ya sé que lo tuyo es hacer amarres, pero dame un poco de tregua.

—Imbécil —exclamó Anna.

—Estos dos, siempre andan igual —rió Rachel.

—No hay nada que podamos hacer —exclamé.

—Lo que si puedes hacer Garello, es contarnos, cómo es que terminaste en brazos del rarito en la competición —dijo Justin, alzando las cejas.

—¿Qué?, ¿por qué nadie me lo había contado? —preguntó Rachel, con incredulidad.

—Le correspondía a ella —respondió Anna.

—Ya estamos otra vez... —me quejé.

Justin se acercó hasta mí y me pasó el brazo por el hombro, después, se bajó las gafas hasta el puente de la nariz.

—Doy por hecho, que nuestra charla de hombre a hombre funcionó.

—¿Qué charla? —pregunté.

—Justin, ¿por qué no cierras el pico? —sugirió Anna.

—Deja de intentar llamar mi atención, Anna.

Esta le ignoró.

—Por lo visto, Justin creyó que era buena idea darle consejos a Adam, sobre cómo conquistarte.

—¿Hiciste eso? —le pregunté, sin poder contener la risa.

Justin volvió a subirse las gafas.

—Tal vez.

Había extrañado nuestras charlas. Me sentía en casa, me sentía completamente feliz, aunque extrañaba a Adam. Cogí el teléfono y le envié un mensaje.

Espero que me estés echando de menos, un poquito.

A los cinco minutos, mi teléfono vibró.

No echo de menos tus ronquidos en la madrugada... y respondiendo a tu pregunta, por supuesto que te echo de menos.

¿Qué? Yo no ronco...

Sigue pensando eso.

Sonreí. Ese idiota...

—Miradla, tiene carita de estar enamorada —exclamó Rachel, lanzándome un cojín.

— No digas estupideces —dije, lanzándoselo de vuelta.

—¿Tenéis pensado volver a veros? —preguntó Anna.

—Si, aunque voy a matricularme en la escuela de arte, no sé cómo vamos a hacerlo.

—¡Enhorabuena! —gritó Anna, dándome un abrazo. —Sé las ganas que tenías de entrar.

—Estoy muy feliz, lo que me recuerda, que tenemos que hablar.

Mis amigos me miraron confusos.

—¿Vas a romper con nosotros? —preguntó Justin divertido.

—Quiero compartir mi parte del premio, con vosotros y papá.

—Emma, no es necesario —respondió Anna —no puedo aceptarlo. Justin y Rachel asintieron, dando la razón a mi mejor amiga, yo les insistí.

—No me importa, quiero hacerlo. Sois mi familia, la familia que yo he elegido, y os merecéis lo mejor.

—Gracias —respondió Justin. Anna y Rachel sonrieron, a punto de conmoverse.

Eran las personas más importantes del mundo para mí, claro que iba a compartirlo con ellos, su felicidad, también era la mía.

Horas más tarde, me dirigí a casa de papá un tanto nerviosa. Llevaba seis meses sin hablar con él, tampoco le había visto desde lo que sucedió, y ni siquiera sabía si querría verme.

Aparqué cerca de la puerta, con los nervios a flor de piel. Estaba anocheciendo, la perrita del vecino comenzó a ladrar al verme atravesar la calle. Respiré hondo, antes de llamar.

Golpeé la puerta varias veces y esperé.

La puerta se abrió y el hombre que vi al otro lado, había ganado peso y estaba bien afeitado, nada que ver con la última vez que le vi.

—Te esperaba —exclamó, haciéndose a un lado, para que pasara.

—¿Me esperabas?

—Tenemos visita.

Caminé confusa hacia el salón mientras papá cerraba la puerta principal. Adam, se encontraba sentado en el sofá de papá.

—Hola —sonrió.

—Adam —exclamé abrazándolo —¿qué haces aquí?

—Quería que fuera una sorpresa—respondió. —Desconocía la dirección de tu apartamento y no tenía el número de Anna. Busqué a todos los Garello de la ciudad, hasta dar con la dirección de tu padre. Evidentemente, no podía preguntártelo a ti y ayer me contaste, que hoy vendrías a verle.

—Vaya —exclamé —estoy impresionada, señor Sherlock.

—Tu amigo Adam, me ha estado poniendo al día sobre la Senda del Yetghram —dijo papá.

—Papá, yo...

—Creo que iré a dar un paseo —exclamó Adam, levantándose y dejándonos a solas.

Papá me miró, esperando que hablase.

—Lo siento. Siento todo lo que pasó.

Me contuve para no llorar, pero fue en vano.

—Emma, estaba muy disgustado contigo y tenía miedo, de lo que ese chico pudiese llegar a hacerte. Nunca me escuchaste, te advertí que no era alguien confiable, pero te pareces tanto a tu madre... ella siempre era muy rebelde y obstinada.

Papá y yo, no solíamos hablar de mamá. desde que nos abandonó hacía ya más de diez años.

—Yo no soy como ella papá, yo no voy a abandonarte. Admito que me equivoqué con Roy, pero me parece injusto que me hagas pagar por lo que pasó, yo no tengo la culpa de que existan malas personas en el mundo.

—Pero si eres responsable de tus decisiones, hija, porque las decisiones que tomamos a veces implican a otros. Te pido perdón, fui muy duro contigo y créeme, que lo que menos deseo es apartarte de mi vida. Dale un abrazo a tu padre.

Me lancé a sus brazos y le abracé con fuerza.




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