La teoría del invierno (completa)

Epílogo.

—¿Estás seguro de que este es el camino? —pregunté. Adam me dedicó una mirada asesina.

—No sé por qué, tengo la sensación de haber vivido esto —exclamó.

Adam y yo, habíamos decidido visitar a Rika y a Aether, en primavera. Ya que el paso al valle era más accesible, por una de las entradas mejor ocultas de la Senda del Yetghram.

—No quiero acabar presa.

—No vas a acabar presa, a no ser que alces la voz.

Adam había memorizado todas las posibles vías de acceso al Valle, ya que la mayor parte de ellas, habían sido cerradas. Había encontrado una vieja ruta, que casi nadie conocía, en uno de los periódicos del archivo local.

Caminamos un par de horas, hasta adentrarnos en el valle. Aquel lugar me traía muchos recuerdos agradables.

—¿Crees que si la llamo me escuchará?

—¿No se jactaba esa bola de pelo de saberlo todo? Debería saber que estamos en su valle—exclamó Adam.

—¡Rika! —grité.

Adam y yo, esperamos unos minutos.

—Igual se ha fundido con el éter —exclamé divertida.

—No creo que tengamos tanta suerte.

—Sigues siendo el humano más tonto, con el que jamás me crucé.

Rika estaba sentada frente a nosotros, mirando mal a Adam.

—Y tú sigues siendo insoportable —exclamó Adam, con una sonrisa.

La gata se lanzó a mis brazos y ronroneó.

—Te he echado tanto de menos —dije abrazándola.

—Yo también a ti.

Entonces ocurrió. Rika miró a Adam y sonrió, mostrando sus pequeños colmillos.

—No te atrevas —dijo Adam, retrocediendo.

El animal saltó de mis brazos al suelo, y comenzó a caminar hacia Adam, quien retrocedía cada vez más.

—Siempre estáis igual.

Adam, se giró y se lanzó a la carrera para alejarse de ella, y la gata lo siguió.

—Tienen una relación extraña —exclamó, una voz a mi lado.

El zorro me observaba con atención.

—Aether, ¿cómo estás?

—Nunca he estado mejor —sonrió, mostrándome los dientes.

No tenía muy claro si esa era una sonrisa amigable, imaginaba que sí.

A lo lejos, Adam seguía huyendo de Rika, quien, en el último momento, se lanzó sobre su espalda haciéndolo caer.

—La teoría de los polos opuestos, parece afectarles también —reí.

—Y la teoría del invierno, cuenta que aquellos que entran en el valle, siempre encuentran un motivo para volver a él.

—Eso es cierto —dije.

La Senda del Yetghram me había cambiado la vida, en muchos sentidos. Había logrado arreglar las cosas con papá, me había librado de una buena con Vanessa y Roy Chatterson, y, sobre todo, había conocido a una persona maravillosa, que, a pesar de ser diferente a mí, me complementaba.

La vida podía ser maravillosa, si te dabas una oportunidad de ser feliz.




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