La Tercera Esposa del Árabe

CAPÍTULO 1: Yo no nací para obedecer

🕌 Ishaen 🕌

El calor del día apenas entraba a través de las enormes ventanas de vidrio. Las oficinas de Al-Masri Group estaban ubicadas en el corazón de la ciudad, rodeadas de concreto, ruido de autos, y promesas vacías de clientes como el que tenía al frente.

—¡Esto no es lo que pedimos, Ramírez! —repetí, apoyando las manos en el escritorio con fuerza.

El proveedor se encogía de hombros como si yo hablara de colores de pintura y no de piezas defectuosas que podían arruinarnos un contrato millonario.

—Ustedes quieren calidad premium pagando precios locales, señorita Ishain.

Respiré hondo.

—Y tú quieres seguir trabajando en esta ciudad con esa actitud de mierda —dije, marcando cada palabra.

Mi padre odiaba que yo me involucrara en los asuntos fuertes de la empresa, pero si él no estaba dispuesto a levantar la voz, yo sí. Y esta empresa también era mía. Aunque llevará su apellido. Aunque me recordaran a diario que mi sangre no era "del todo latina".

En realidad, yo era una mezcla rara: hija de un hombre árabe que había desafiado a su familia por amor a mi madre Panameña. Una latina que no tenía nada que ver con su tradición, ni cultura, pero su amor triunfó y sigue triunfando.

—Ya veremos si puedes cumplir el próximo pedido —cerré la conversación—. Y te sugiero que traigas lo pactado, no lo que te conviene.

Salí de la sala de reuniones mascando rabia, con las carpetas apretadas contra el pecho. Di la vuelta por el pasillo largo hacia recepción... y choqué contra alguien.

Fue como chocar contra un muro. Pero uno elegante. Fragante. Silencioso.

—¿Estás bien? —preguntó una voz grave, con un acento extranjero imposible de ignorar.

Ni siquiera lo miré al principio. Solo asentí, me reacomodé el cabello y murmuré un “sí, disculpa” rápido.

Pero cuando alcé la vista, lo vi.

Y por un instante, todo en mí se tensó.

Traje tradicional blanco, figura imponente, piel dorada, mandíbula tensa, cejas gruesas, ojos oscuros como petróleo… y una expresión neutral. No amable. No desagradable. Solo... serena y distante.

Un hombre que claramente no estaba acostumbrado a pedir disculpas ni a recibirlas.

—Deberías tener más cuidado —dije sin pensar, solo porque algo en su mirada me hizo sentir desnuda.

Él no respondió. Solo me observó durante un segundo más y se alejó sin decir nada. Sin mirar atrás.

Como si ya me hubiera analizado. Y clasificado.

Y eso, me enfureció aún más que el proveedor.

Horas después, seguía pensando en él sin querer. ¿Quién era ese tipo? ¿Un inversionista? ¿Un nuevo socio? ¿Un ególatra con mucho dinero? ¿Un modelo de pasarela árabe venido a inspeccionar empresas panameñas?

No importaba. No lo volvería a ver. Y mejor así.

Y sin embargo, su presencia me siguió todo el día. Como perfume caro que se pega sin permiso.

—Mamá, si ese tipo viene otra vez sin anunciarse, juro que lo hago sacar —dije por la noche, mientras ayudaba a poner la mesa en casa.

—¿Quién? —preguntó ella, sirviendo arroz con coco, su especialidad panameña—. ¿El proveedor que siempre llega tarde?

—No. Uno nuevo. Vestido todo de blanco, alto, con cara de que nunca ha dicho “por favor” en su vida.

Mi madre sonrió con esa calma que solo ella sabía tener.

—Seguramente un árabe. Te olvidas que esa sangre también corre por tus venas.

—Por eso me enoja más —resoplé—. Siempre tan... fríos. Controladores. “Hombres de negocios”. Con cuántas esposas se les pegue la gana. Lo mismo de siempre.

—Tu padre es árabe —me recordó.

—Mi padre es una excepción —repliqué rápido.

Y lo era. Papá era mi ejemplo, mi roca. El único que siempre me había defendido, incluso de las reglas viejas de su familia.

Dos días después, mientras organizaba papeles para una reunión interna, mi padre entró a la oficina. Su sonrisa era un poco forzada.

—Hija, esta noche cenaremos con un invitado especial. Un heredero árabe. Su nombre es Zayed Al-Karim.

Me congelé. Zayed.

—¿Zayed? —pregunté, como si no supiera.

—Sí. El hijo del jeque Karim. Nuestro antiguo socio. Vino a revisar personalmente los acuerdos comerciales…




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