La ansiedad se manifestaba en el cuerpo antes que en los pensamientos.
El corazón golpeaba tan fuerte que le dolía el pecho. Le faltaba el aire. Tragaba saliva una y otra vez, como si su garganta se estuviera cerrando lentamente. Tenía la sensación constante de que algo iba a suceder… algo terrible… algo inevitable.
Nadie hablaba.
Algunos soldados miraban al vacío. Otros se persignaban una y otra vez, no por fe, sino por desesperación. Un chico más joven que él temblaba sin control, los dientes castañeándole incluso bajo el abrigo.
Quiso decir algo.
No pudo.
Entonces lo escuchó.
No fue un disparo.
Fue un sonido lejano, profundo, como un trueno deformado. Después otro. Y otro más. El suelo vibró levemente. Las ratas huyeron. Los cuerpos se tensaron.
—Ya empezó —susurró alguien.
<3