El crujido del barro bajo un pie ajeno. El roce de una manga. Una respiración irregular. El leve chillido de las ratas peleando por restos invisibles. Cada sonido era interpretado por su mente como una amenaza inmediata.
Su cuerpo estaba en el frente.
Su mente, en una huida constante.
En algún punto de la madrugada, comenzó a temblar. No de frío. De agotamiento. De miedo acumulado. Apretó los dientes con fuerza para evitar que castañearan. No quería que los demás notaran su debilidad, aunque sabía que todos estaban igual. La guerra no distinguía entre fuertes y frágiles. Solo entre vivos y muertos.
Pensó que iba a morir ahí mismo.
No por una bala.
Sino porque el cuerpo no resistía tanta tensión.
Cuando el cielo empezó a aclarar, no sintió alivio.
El amanecer no traía esperanza; solo revelaba lo que la noche ocultaba. La trinchera era un pozo de cuerpos encorvados, rostros pálidos, miradas vacías. Nadie parecía haber dormido. Algunos tenían los ojos enrojecidos, otros la mirada perdida, como si ya no estuvieran del todo ahí.
<3