No porque quisiera mirar, sino porque su mente se negaba a aceptar lo que veía. Aquello no parecía una persona. Parecía… restos. Carne sin nombre. Algo que alguna vez habló, rió, pensó.
Algo que ahora solo era materia.
Sintió arcadas. Se dobló sobre sí mismo, pero no vomitó. No había nada que expulsar. El estómago llevaba días vacío de comida… y ahora empezaba a vaciarse de humanidad.
—Era artillero —dijo alguien con voz neutra—. Ayer estaba bromeando.
Ayer.
Esa palabra le atravesó el pecho.
Ayer ese hombre existía.
Hoy era un objeto que había que retirar.
Vio cómo otros soldados se acercaban, no con cuidado, sino con prisa. Lo agarraron como se agarra un saco. No hubo respeto. No hubo ceremonia. El cuerpo se arrastró dejando un rastro oscuro en la tierra.
La guerra no tenía tiempo para el duelo.
Algo se rompió dentro de él en ese momento.
<3