No fue un grito.
No fue un llanto.
Fue un silencio interno. Una desconexión. Como si su mente dijera esto es demasiado y apagara algo para sobrevivir.
Empezó a temblar sin control.
Esta vez no pudo ocultarlo.
Las manos le vibraban como si ya no le pertenecieran. El corazón golpeaba con una violencia que le dolía. Sentía que iba a desmayarse, que el mundo se cerraba, que el aire no era suficiente.
—Respira —le dijeron—. Mírame. Respira.
No sabía cómo.
Su cuerpo estaba convencido de que ese sería su final. No mañana. No en una semana. Ahora. Cada sonido lo hacía saltar. Cada sombra parecía una amenaza.
Por primera vez pensó algo que lo horrorizó más que la muerte:
Tal vez sería mejor morir rápido.
Se asustó de sí mismo.
Esa tarde le tocó vigilar.
<3