El tiempo se volvió viscoso. Cada segundo pesaba toneladas. Su mente gritaba haz algo, mientras su cuerpo se negaba a obedecer. Las manos le temblaban. Las piernas no respondían.
El soldado en tierra de nadie empezó a llorar.
No gritaba ya.
Lloraba.
Como un niño.
Y entonces ocurrió lo inevitable.
Un disparo seco.
Uno solo.
El cuerpo se sacudió una vez…
y quedó inmóvil.
El silencio que siguió fue peor que los gritos.
Nadie habló.
Nadie comentó nada.
Simplemente… siguieron respirando.
Algo murió dentro de él en ese instante.
No el miedo.
No la esperanza.
<3